VILLA DEL CERRO

 
COSMOPOLIS, luego oficialmente se llamó VILLA DEL CERRO
En su tiempo, fue considerado fundador don Damián Montero. Era el propietario de vastísima extensión de campo en la llanura que rodea el Cerro. Lo grandioso del espectáculo, sé disfruta, desde un avión o mirando largamente desde la Fortaleza hacia los cuatro puntos cardinales. Uno hacia el anchuroso río. Otro, observando la Bahía con la ciudad de fondo. Haciéndolo hacia el Norte, la vista se pierde en la lejanía de Colón, Melilla, La Paz. Para el este, está el Pantanoso, La Teja, El Prado, Sayago, el Cerrito de la Victoria. Alguna vez nos referimos a los tres primeros "vecinos" del Cerro. Primero una farola -el primer faro del Río de la Plata- más tarde los señaleros con banderas y, finalmente, la Fortaleza. Don Damián Montero pensaba agricolizar aquellos campos. Buena parte, al salir del dominio fiscal, pasaron a ser propiedad de Montero. Yendo desde la ciudad, las últimas viviendas estaban en el Pantanoso. Después del arroyo, una pulpería y adelante un desierto. Montero, con el deseo sin duda de valorizar sus campos y con plausible ímpetu progresista, había concebido la idea de fundar en el Cerro una población. A poco de nacido el Estado Oriental, el propietario inicia gestiones acogidas fríamente. El expediente, donde constan detalles de interés, queda para informe en el Ministerio de Hacienda. El proponente ejerce presiones pero la resolución no llega. Montero proponía la división de campos, eligiendo las áreas para dedicarlas a agricultura. El problema de mano de obra, lo solucionaba buscando formas de inmigración, no pensando todavía en agricultores europeos como eso se canalizó más tarde, sino sugiriendo traer negros africanos. Estaba en su apogeo, el mercado humano de la esclavitud...

La primera revolución que soportó la nueva República detuvo el andamiento de la iniciativa. De eso se quejaba con amargura Montero, en cartas enviadas a personajes de su relación. Vuelto el país a la calma, el empresario insiste. Y en los primeros días de diciembre de 1834 el Ministerio se expide, aconsejando la fundación de una Villa en El Cerro. La propuesta había sido minuciosa. Y para estimular la decisión gubernamental, también generosa. Se donaban terrenos para trazar calles, para edificar edificios públicos y para levantar un templo. Pero lo más curioso era la forma de encarar la manera de poblar la localidad.
Se proponía la importación de "colonos del Africa", textual, los que al llegar serían enviados directamente al pasaje señalado en la propuesta, alojados en locales a construir, se les enseñaría el laboreo agrícola que se supone ignoraban y se los pondría a trabajar en aquellos campos. El "poblado" quedaba sobre la Bahía, siendo la base administrativa de todo el complejo, como se diría ahora, de la extensa explotación agrícola. El negro y su drama, estaban presentes, signo de la época, dentro de los planes. Lo de "colonos" era un perverso eufemismo para señalar la esclavitud. En cuanto al nombre, decía el expediente: "Es razonable llamarle Cosmópolis a la nueva población a crear en el Cerro, los llanos al mismo y en la costa de la Bahía en aquél paraje. Y el 30 de diciembre de 1834, se dictó él decreto, disponiendo la creación de Villa Cosmópolis.
Muy temprano en la mañana del 2 de enero de 1835 -a tres días de firmado el Decreto el ciudadano Carlos Anaya, Presidente del Senado en ejercicio del Poder Ejecutivo por ausencia de la Capital del Presidente de la República, acompañado de unas veinte personas, en carruajes con una escolta de cuatro jinetes, salieron de la ciudad, siguieron el camino de La Aguada y, por la costa, llegaron al Cerro. Don Damián había invitado a autoridades y algún amigo, a visitar el solitario y alejado paraje. La guarnición de La Fortaleza estaba avisada del viaje y visita. Cuando los vehículos llegaron a la pulpería de la costa del Pantanoso, allí esperaba en una sopanda don Damián. Reunidos todos, siguieron viaje. El Paso del Arroyo, se hizo sin dificultades como correspondía a esa época del año y al llegar al inicio del camino a la Fortaleza, esperaban el Comandante de la misma y sus oficiales, que dieron la bienvenida al Presidente interino.
Entraron todos a la Fortaleza y después de ofrecérseles refrescos, recorrieron la misma y se asomaron sobre los muros, admirando el paraje y conversando sobre los campos circundantes y se comentaron proyectos sobre la futura Villa.
A las doce, se le ofreció al gobernante y sus acompañantes, algunos de ellos legisladores, un almuerzo. Los brindis estuvieron a cargo del Jefe de la pequeña Guarnición y el Sr.Montero, agradeciendo las atenciones el Presidente en ejercicio.
El grupo caminó entre riscos y hondonadas, guiados por un grupo de soldados experimentados. Se discutió buen rato sobre la ubicación de construcciones; los soldados hicieron rápidas mediciones, un experto pergeñó breves planos.
Se ubicaba en el lugar de la Plaza, el de la Casa de la Justicia, el templo.
Se avanzó un poco, a campo traviesa, por las cercanías, con frecuentes detenciones, siempre bajo el sol implacable en aquel día veraniego.
Después de descansar en la costa, se contempló con ayuda de catalejos, la ciudad lejana a través de la Bahía donde estaban al ancla numerosos veleros. Se tenía en cuenta la duración del viaje para emprender el retorno de manera de entrar en la ciudad antes del ocaso. El Presidente en ejercicio y su comitiva, previo un brindis, se despidió. A la misma, se agregaba el carruaje de don Damián Montero, que se reintegraba a la ciudad. El propósito de esta crónica, es recordar la iniciativa que con justicia se le atribuye a don Damián Montero y, especialmente, aquel acto oficial registrado en las soledades de El Cerro, realizando una especie de pre fundación de Villa Cosmópolis. La que luego fue Villa del Cerro, con una trayectoria muy singular, teniendo etapas muy interesantes en su historia, donde tuvo notoriedad sobresaliente no tanto en agricultura como se imaginó pero sin el aspecto industrial, con los saladeros primero, los grandes frigoríficas más tarde, con épocas fabriles en ocupación de mano de obra, era quizá la principal zona montevideana. Tuvo, asimismo, el famoso Astillero y otros varios emporios y fábricas.
En cuanto a la Villa del Cerro en sí, creció, especialmente en sus primeras décadas, bastante aceleradamente su área central que tiene unas 250 manzanas, barrios satélites, surgiendo con el tiempo, ya en épocas cercanas, zonas habitacionales modestísimas.
Algo que se debe evocar. La comunicación marítima entre el muelle montevideano y el Cerro. Era el antaño "vaporcito al Cerro", que hacia durante el día el cruce de la Bahía transportando a los trabajadores que laborando en El Cerro -especialmente en la industria frigorífica que por muchos años fue importantísima- y residían en la ciudad. Pero antes del vaporcito, el Cerro estuvo unido a la ciudad desde 1871 por el histórico "tram-way" a tracción animal que hacía el recorrido a lo largo de la entonces Calle de la Aguada hasta Grecia y por ésta, hasta el final del poblado. Vino luego, en la primera década de este siglo, el recordado tranvía eléctrico en su línea Nº 16...
Hace muchos años, reclamamos la inclusión en el nomenclátor cerrense, del nombre del Dr. Víctor Constante, el único médico que por 1868 tenía la Villa. A caballo iba a visitar a sus enfermos. D. Jaime Cibils, el gran empresario, creó y sostuvo un pequeño Hospital donde el Dr. Víctor Constante cumplía abnegadamente su labor. La epidemia de aquel año, el cólera, se llevó a muchos vecinos. Y un triste día, también al único facultativo. Y desapareció el Hospitalito …. Reiteramos el reclamo del nombre del médico-mártir en el nomenclátor lugareño. Y, ¿por qué no, también el del creador de la Villa, D. Damián Montero?

por JUAN CARLOS PEDEMONTE
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