Los Turatti.

  En frente a casa, sobre Pereyra, y también asediados por los médanos, vivían los Turatti, en amplio chalet de dos plantas.
Los chicos, mas o menos de mi edad, eran tres, y otro, Angioletto, mucho menor.
Era imposible que en la playa o en las lagunitas de las empalizadas no nos hubiéramos hecho amigos, por mas que a veces quedaban encerrados.
A ciertas horas, se oía desde la casa, la voz alta y destemplada de la señora que ordenaba a la gobernanta:
"María, pasador a la puerta y Angioletto y los demas chicos adentro!".
Era gente de posición económica.
Turatti, italiano de origen, tenía comercio de importación.
Tenían "gobernanta"!.
Pero, además, los chicos mayores eran dueños de algo que despertaba francamente nuestra envidia infantil: un estupendo petizo overo, con montura inglesa, que los hacia dueños de la playa.
Sobre la arena dura de la orilla, sobre la arena muerta cercana a los médanos, el petizo, que era manso pero voluntario, carrereaba a toda rienda.
Pero nos teníamos que conformar con mirarlo, pues el petizo no se prestaba.
Los muchachos Turatti tenían sin duda instrucciones del padre en ese sentido.
Cuando caía la tarde o bien temprano por la mañana, cuando no había gente "acampada" debajo de "Villa Bambolla" , Alfredo Turatti que era el mas audáz de los tres, ponía el petizo a "toda rienda" hasta el "gallinero" y pasaba a toda velocidad, apenas agachándose como los jockeys, por debajo de la gran casilla.
Pero una noche hubo crecida del mar que trajo arena a la playa, aunque la marea volvió a bajar al día siguiente.
Al atardecer, Alfredo largo, como siempre, su flete a toda carrera, sin darse cuenta que el nivel de la arena no era el mismo.
Se abrió muy seriamente la cabeza contra el filo de uno de los tirantes horizontales.
Aquel doloroso episodio nos produjo a todos una gran impresión.
Estuvo gravísimo.
Felizmente se salvó, aunque le quedó en el craneo una hendidura que todos tocábamos.
Pero no hubo mas petizo, pues el padre de los Turatti lo liquidó.
Y poco tiempo después se demolia también la "Villa Bambolla".

1909. De "Pueblo de los Pocitos" de Guillermo García Moyano.


Crónicas Montevideanas de Sansón Carrasco

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