EL TRANVÍA No. 35
  En una crónica anterior mencionaba la gran transformación que han sufrido nuestras playas, desde Carrasco hasta Pocitos. Hoy quiero recordar en esta nueva nota como se ha poblado la zona de Trouville, Villa Biarritz y Punta Carretas.
En el año 1913, desde la Quinta en Ellauri y Jaime Zudáñez (antes 6 de Abril) hasta la *Curva Ellauri* como se denominaba la esquina de Ellauri y 21 de Setiembre, en la acera de nuestra quinta, todo era campo y en la otra acera había algunas pocas quintas y una de las cuadras tenía un solitario rancho con su clásico ombú.
En la curva, gran manzana comprendida por las Calles Ellauri, 21 de Setiembre, Coronel Mora y Gregorio Suárez, era al principio un gran campo, que mas tarde se transformó en quinta de verduras. Hace unos pocos años cuando se vendió la esquina donde hoy está la Sucursal de un Banco y varios apartamentos - en este mismo predio antes citado - se pagó por el metro cuadrado un precio récord, que nadie hubiera sospechado años antes.
La parte de Villa Biarritz, donde hoy está el parque Dr. Juan Zorrilla de San Martín, era una Colonia para Niños, dependencia del Ministerio de Salud Pública, y de ahí hasta la Cárcel Penitenciaria el resto eran campos, donde otrora hubo una cancha de polo. Recuerdo que cuando se colocó la piedra fundamental de la Iglesia, actual Parroquia de Punta Carretas, pronunció un elocuente discurso el Dr. Juan Zorrilla de San Martín y tuvo palabras verdaderamente proféticas al referirse que "a la sombra de esa iglesia se levantaría un pueblo y así los dos grandes brazos de la cruz, con igual amor y su infinita caridad, ampararía a los nuevos pobladores del barrio que se levantaría y a la humanidad sufriente que está purgando sus penas en la cárcel".
El único medio de locomoción en aquella época era el tranvía No. 35 que iba desde la Aduana hasta Punta Carretas.Las personas que viajaban en él, se conocían, y cabe destacar la sencillez y familiaridad que reinaba entre los habituales pasajeros, y justo es mencionar al doctor Zorrilla de San Martín, figura consular, querida y respetada por todos, hombre que dotado de una gran simpatía y don de gentes, sabía mantener una amena conversación rica en oportunas anécdotas.
Puede decirse sin caer en exageración que los amigos y admiradores del famoso *vate*, formaban legión. Su quinta de Punta Carretas, hoy conservada como Museo, es un recuerdo de aquellos lejanos tiempos.
Si teníamos el privilegio de conversar con el Poeta de la Patria, también nos era dable mantener interesantes conversaciones con el músico Don Tomás Giribaldi, autor de la ópera "Parisina", que tenía su ranchito en Ellauri a media cuadra de 21 de Setiembre, casa que quedaba oculta por la doble hilera de sauces llorones, que le permitían disfrutar de tranquilo y necesario retiro para su inspiración artística.
También solía viajar el conocido escultor Don José Belloni, autor del monumento a "La Carreta" y tantos otros que adornan nuestros parques, siendo aún hoy uno de los mas altos exponentes uruguayos del arte de Fidias.
Como puede verse, las bellas artes estaban dignamente representadas entre los pasajeros mencionados.
Dinámico, enérgico, lleno de vida, muy caballero, irradiando simpatía y dotado de una facilidad de palabra que lo convertía en un agradable compañero de viaje, era Don Nicolás Revello, Profesor de Esgrima, que vivía y tenía su Academia en 21 de Setiembre casi la rambla.
El Gral. José Luciano Martínez, abogado e historiador, era también uno de los diarios pasajeros que gozaba de gran prestigio y había conquistado infinidad de amigos, aún entre aquellos que ideológica y políticamente discrepábamos con él.
Hoy nonagenario vive retirado.
Cabría mencionar muchos otros pasajeros que se destacaban en diversas actividades, como el Arquitecto Juan M. Aubriot, uno de los proyectistas del edificio de la Universidad de la República, en nuestra Av. 18 de Julio; al Ingeniero Don Luis P. Ponce, al Dr. César Miranda, Diputado y Presidente de la Cámara de Representantes, en la lejana época en que no era indispensable viajar en esos "colachatas" que al decir del viejo y sagáz poeta don Angel Falco, "tienen un metro de comodidad y cinco de vanidad".
Numerosos comerciantes, profesionales, empleados, algunos obreros, las familias y legión de estudiantes completaban el pasaje de este tranvía. Muchos otros nombres vienen a mi memoria; pero daría una extensión muy larga a esta nota.
Los campos y terrenos baldíos fueron lentamente desapareciendo para dar paso a la construcción de nuevas casas con sus alegres jardines, llenos de flores, que desgraciadamente están ahora desapareciendo para levantar en esos mismos solares infinidad de casas de *apartamientos*, perdiendo la fisonomía del barrio-jardín.
El aumento de población trajo como lógica consecuencia el crecimiento de los comercios, y también el primer cine de esa zona, hoy convertido ese local en un garage o taller mecánico. Este cine, "21 de Setiembre", estaba situado en la calle del mismo nombre casi esquina Luis de la Torre.
Hacía algunos meses que se había abierto, cuando viniendo con un antiguo vecino, un inglés que a su casa le había puesto el popular nombre de "Tipperary", el tranvía se detiene frente al cine. Mi amigo miró enseguida los anuncios del día. Entonces le pregunté si conocía el cine, a lo que me respondió afirmativamente. Como yo no había ido le interrogué:
- Qué tal es?
Su gráfica contestación fue:
- Es un 35 grande.

Evocaciones Montevideanas - Montevideo 1911.

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