PLAZA DE TOROS

  La primera plaza de toros en nuestro país se construyó en el año 1776, en Montevideo, en un terreno existente en la manzana delimitada por las calles Santo Tomás, San Carlos, San José y San Diego ( actuales Maciel, Sarandí, Guaraní y Washington ), con frente a la última de las referidas vías de circulación. Se realizaron corridas con una considerable concurrencia de público durante unos cuatro años, algunas de ellas a beneficio del Hospital de San José y la Caridad - que aún carecía de su capilla y sede definitiva - y para el mejoramiento de las calles, carentes de pavimento.
En el año 1790, al plantearse la necesidad de fondos para la construcción de una nueva sede para la Iglesia Matriz, el Cabildo resolvió restablecer las corridas de toros con dicha finalidad. Habiendo desaparecido la precaria infraestructura original, se construyó una nueva plaza, obra de mínima envergadura pero de gran éxito que funcionó durante cuatro años.
Durante la dominación portuguesa, en el año 1823 se reanudaron los espectáculos taurinos. La propia Plaza Matriz, acondicionada a tales efectos, sirvió de ámbito físico, instalándose las autoridades en el piso superior del Cabildo y Reales Cárceles a fin de presenciar apropiadamente la acción.

Finalizado el dominio español subsiste el interés de un sector de la población por este tipo de atracción, estableciéndose en el año 1835 una plaza en el lugar actualmente ocupado por el Mercado de la Abundancia calles San José y Yaguarón ) - aún sin urbanizar - a cargo de la empresa Sierra y Anaya. El establecimiento funcionó hasta el año 1842.

LA PLAZA DE LA UNION

El estadio taurino más grande con que contó la capital - y nuestro país - se inició en el año 1852, una vez normalizada la vida institucional a partir de la Paz de Octubre, establecida el año anterior. Denominado " La Unión ", estuvo ubicado en el lugar delimitado por las calles Purificación, Odense, Trípoli y Pamplona. Fue un intento de contrarrestar la decadencia de la ex Villa Restauración, que tanto auge había tenido durante el desrrollo del conflicto bélico como centro político, administrativo, religioso y cultural de las fuerzas sitiadoras.
Fue proyectada por el arquitecto Francisco Xavier de Garmendia, más conocido por su adaptación de los planos originales del arquitecto Carlos Zucchi para el Teatro Solís, así como su participación en la dirección de las obras del mismo.
Arquitectónicamente presentaba una planta de forma circular, de unos cien metros de diámetro, con una serie de gradas concéntricas con capacidad para unos 12.000 espectadores.
Desde mediados del siglo pasado empiezan a ser cada vez más frecuentes los alegatos contrarios a este sangriento espectáculo, relativamente de poco arraigo en la masa popular, al contrario de lo que ocurría en otro países hispanoamericanos como México y Perú.
Juan Carlos Gómez, director de " El Nacional ", ante el grave accidente sufrido en 1857 por un torero a causa de una cogida escribió el 8 de junio: " El sacrificio en las astas de un toro es un suicidio ... Las corridas de toros habían dejado ya de estar en nuestras costumbres. El pueblo las había olvidado y buscaba los placeres en los teatros, de los circos y otros pasatiempos educadores e inocentes ".

EL REAL DE SAN CARLOS (COLONIA)

No obstante el paulatino rechazo de la opinión pública, que significara el cese de la Plaza de la Unión a fines del siglo XIX, el " Sindicato del Real de San Carlos " inicia a principios de este siglo un importante complejo turístico, el que incluía un estadio taurino. La Plaza de Toros del Real de San Carlos, con capacidad para 8.000 espectadores, se inició en el año 1908, inaugurándose el 9 de enero de 1910. Fue realizado por el arquitecto José Marcovich, residente en Buenos Aires, en donde realizó obra arquitectónica en sociedad con los arquitectos Dupuy y Dobranik.
Presenta una planta circular y una envolvente cuyo dispositivo formal recuerda, con sus arcos de herradura en forma de circunferencia de más de 180º con su centro más arriba de la línea de arranque, a la arquitectura mudéjar, modalidad ibérica resultante de la confluencia de manifestaciones musulmanes con expresiones occidentales propias de la tradición española. La idea de la construcción de un complejo turístico,correspondió al millonario argentino Nicolás Miaonovich quién mandó construir a cuatro kilómetros de la ciudad el mismo, compuesto, además, por un hotel, un frontón de pelota vasca, un muelle y otros servicios complementarios. Este complejo estuvo ligado a la captación de visitantes de la otra orilla del Plata, para lo cual el estadio taurino se constituyó en un importante polo de atracción, máxime cuando el gobierno argentino había adoptado una posición contraria al desarrollo de este tipo de espectáculos.
Pero la plaza sólo llegó a funcionar durante dos años, realizándose la última corrida en febrero de 1912. Durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordoñez se sancionó una ley por la que se prohibieron este tipo de espectáculos en todo el país.
Cada fin de semana la fiesta taurina atraía a 8.000 porteños y montevideanos que bajaban del barco a apenas 5 cuadras de la plaza.
Una vez clausurado el estadio taurino, el frontón , el Hotel Casino, el muelle y el balneario continuaron funcionando durante algunos años más; el hotel durante 25 años para luego cerrar definitivamente.
Desde la prohibición definitiva de las corridas de toros, la plaza, de una magnitud impresionante, - máxime si se tiene en consideración que en el momento de la inauguración podía instalar a prácticamente toda la población de Colonia - ha quedado abandonada.
Mihanovich había adquirido las 80 manzanas de terreno que conformaban el complejo turístico a 450 pesos a principios de siglo.
La Intendencia de Colonia cedió la totalidad del viejo complejo Mihanovich a la Universidad del Cono Sur - hija adoptiva de la prestigiosa Universidad de Valencia, con la condición de reciclar esta importante zona.

El 6 de enero de 1900 debutó el plantel itinerante de la Asociación de Niñas Toreras, con sede en España, retornando a mediados de marzo a España luego de fracasar rotundamente, comprobando el público que de niñas ya no tenían nada, y menos aún de toreras. Actuaron en la Plaza del Campo Eúskaro, a los fondos del Arroyo Miguelete.

PLAZA DE TOROS EN EL CERRO

Una plaza de toros que tuvo su cuarto de hora fue la que mandó construir Don Ramón Tabárez en sus dominios cerrenses. Sus inicios son imprecisos, pero pueden situarse a comienzos de siglo desarrollándose actividad hasta febrero de 1927.
Ubicada en la manzana comprendida por las calles Japón, EE.UU, Patagonia y Filipinas.
Lució el sevillano José Gómez Ortega ( " Gallito " ) el 29/ 2/ 1920.
El carpintero andaluz don Manuel Cortada y Curiel construyó la plaza de tablones provista de los indispensables requisitos, incluído palco oficial y garderías capaces de contener centenares de asistentes.
Tenemos referencias de la solicitud presentada a la Junta Económica de la ciudad de Salto por la Compañía de Toreros que capeaba en Concordia, para establecer en esa ciudad su plaza de Toros, haciéndose las corridas con toros embolados y suprimiéndose los picadores a caballo.
Desconocemos si se realizaron o no dichas actividades.
Recogemos una anécdota referida por Juan Carlos Urta Melián en su columna " El Desvan " en el Suplemento de los domingos de " El País " del 7 de setiembre del presente año:
La situación es la siguiente: ante la faena de un gran torero los aficionados deliran en frenéticos " olés ", cuando de pronto el matador resulta enganchado por el toro, transformándose la fiesta en un tance de angustiosa expectativa. Es entonces cuando, destacándose en el silencio que ha invadido la Plaza, se oye un " Olé ", aislado pero vibrante, y al ser increpado el supuesto irresponsable por su actitud, éste, serenemante, contesta con una lógica contundente: " señores, ustedes son partidarios del torero, ¿ no es cierto ? ... pues yo soy partidario del toro ".

EL SOLIS...

Culminamos con lo acontecido en la Plaza de Toros del ... escenario del Teatro Solís: En efecto el 28 de diciembre de 1934 debuta en nuestro más importante teatro la Compañía de Revistas Españolas " La Revista Taurina ". La Compañía llegaba avalada por una larga permanencia en Buenos Aires de casi medio año.
En el escenario se confeccionó un ruedo que tenía por fondo una débil estructura de madera a modo de balcones. El toro era de porte y no el becerro que muchos imaginaron. El instante de mayor riesgo era el de la aparición del toro: venía de la oscuridad, y de golpe le abrían la puerta del cajón donde aguardaba para penetrar en un ambiente de luz plena. Es obvio advertir que el ruedo carecía del ancho necesario como para permitir una carrera del animal. Superando cualquier inconveniente se salvó el debut. Con el pasar de los días, el empresario tuvo la ocurrencia de incorporar un picador; esto suponía agregar además, un caballo. Hasta tanto no se llegó. El caballo fue hecho de papel maché; y al verlo, el torero se lanzó sobre él y lo derribó con un par de cornadas.
Hubo, entonces, auténticas corridas ... pero entre el público. Gracias a los buenos oficios de los actores se redujo la tensión y el toro pudo ser dominado.

La temporada se alargó hasta el 10 de febrero de 1935. Como siempre hay un buen pretexto para que crezca la recaudación de la taquilla en una función de despedida, se dispuso que ese día se rindiera homenaje a los Campeones Sudamericanos de Santa Beatriz, que en final con Argentina vencieron por 3 a 0, el 27 de enero de 1935.

Charla emitida el día 7 de diciembre de 1997 en el programa
"Deportísimo Siglo XXI " por CX 42 Emisora Ciudad de Montevideo.

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