Un teatro entero se pone de pie.
  No debemos imaginar que transcurrió sin sobresaltos para el ocupante portugués su dominación sobre nuestra provincia derrotada.
Desde temprano pudieron advertirse síntomas de descontento entre los orientales - al lado de tantas claudicaciones -, y hasta se formalizaron conatos de resistencia tanto en Montevideo como en la Campaña.
Muchos patriotas sinceros simulaban aceptar el estado de cosas imperante, a la espera de circunstancias mas favorables; y no eran pocos los que, desde la sombra, ayudaban a gestarlas con acciones secretas.
A medida que el tiempo transcurrió, esos sentimientos afloraban con mayor frecuencia, y al fin se tradujeron en actos ostensibles y riesgosos.

Así, dos años antes del levantamiento de 1825, Montevideo fue testigo de un episodio audáz, muy expresivo del descontento de nuestra gente con la ocupación.
En la noche del 30 de agosto de 1823, se realizaba una función teatral en la Casa de Comedias.
En esa ocasión se interpretó una Marcha Cívica, que al parecer databa de la época de Artigas.
Un oriental tuvo la osadía de ponerse de pie y entonarla a viva voz, con visible fervor.
Al instante lo acompaño todo el teatro.
Relata un cronista:
"La presteza con que a la voz de un solo ciudadano se levantaron de sus asientos todos los espectadores, y el contento que brillaba en sus semblantes, ha sido una señal inequívoca de los patrióticos sentimientos de que se encuentran todos animados".

Pena es que no haya consignado el nombre del ciudadano que tuvo, el primero, el coraje de levantarse a manifestar, a pesar de que se en contraban en la sala los mas altos personajes del régimen ocupante.
Pero ya se vió que no fue un sentimiento aislado, sino la expresión de un estado de ánimo colectivo que ese ciudadano no hizo sino recoger y encauzar.

Este episodio de la Casa de Comedias no tuvo derivaciones inmediatas.
Pero se sumó a muchos otros, indicativos de que se preparaba un vuelco libertador.
Habrá que aguardar todavía dos largos años para que la independencia madure y tome cuerpo, y encuentre en Juan Antonio Lavalleja a su conductor incomparable.


"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(En el triste Montevideo Cisplatino 1817-1828)
Anécdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.
envíenos sus
críticas por