Palermo y las brisas del Sur

  Hacia el lado de la rambla Sur se ubican dos barriadas de Montevideo que en general no diferenciamos con la debida exactitud.
Es común la confusión, la identificación sobre todo, de lo que es el barrio Sur propiamente dicho con Palermo.
Esto se explica por el común origen de ambas zonas, y mas que nada en su vinculación cultural a esa música que hace el mas auténtico folcklore de la ciudad: el candombe.

Pero Palermo tiene su personalidad propia, diferenciada del Sur.
Aunque ambos fueron perjudicados, allá por los años veinte, con la "piqueta fatal" que les comiera parte de sus calles, casas y además sus playas, para construir la rambla.
Hay todavía personas de bastante edad que recuerdan cómo era la costa en su niñez.

A esa altura se encontraba la playa Santa Ana, pequeña y encerrada entre dos puntas rocosas (que todavía existen en su parte final y son aprovechadas por los amigos del sol en el verano).
En aquellos lejanos tiempos sin rambla, la playa no estaba contaminada y era disfrutada plenamente por los vecinos.
La zona rocosa lucía mucho mas grande y variada, y hubo que cortar todo ese granito, que hoy seguimos viendo bajo la forma del murallón.

Nos contaba una testigo memoriosa que sobre las últimas casas vivían los pescadores, quienes diariamente se hacían a la mar desde allí nomás, vendiendo luego su mercadería en el mismo barrio.
Que había un hombre "de a caballo", encargado de recorrer la zona costera, de Ramírez al Centro, serpenteando entre los vericuetos que dejaban las grandes rocas.

Talvez la construcción de la rambla Sur haya sido el gran sacudón urbanístico que tuvo Palermo, tanto que las anécdotas acumuladas durante los años que duraron las obras siguen todavía circulando en la memoria colectiva.
Lo único que, aunque de carácter negativo e injustificado, se asimila a aquello - en cuanto a la transformación radical del barrio -, es la demolición de una de las manzanas del Reus y el abandono de la otra, so pretexto de peligro de posibles derrumbes.

Porque si bien la rambla arrasó con un perfil entrañable e irrecuperable del lugar, era necesaria para lograr una vía de tránsito que todavía hoy sigue significando un progreso objetivo e indudable, y que fuera uno de los grandes trabajos de ingeniería de una década rica como pocas en materia urbanística en Montevideo.
Por el contrario, la destrucción del Reus descalificó el área, generando un baldío y ruinas patéticas, y sobre todo expulsando a decenas y decenas de familias afincadas allí por generaciones.

Esos desalojados forzosos no han recibido aún una compensación acorde al daño habitacional, moral y cultural que tuvo el lugar al erradicarlos violentamente de ese entorno.
Si bien mas cerca en el tiempo se realizó un concurso de proyectos de "reciclaje- construcción" del Reus, inexplicablemente no se ha dado ningún paso concreto para comenzar las obras, mientras siguen desmoronándose poco a poco las contadas casas que todavía quedan, abandonadas (de aquellas con típicas buhardillas).

Fuera de estos dos cambios traumáticos, Palermo se mantiene empecinadamente fiel a si mismo.
Barriada de trabajadores, que se entremezclan con sectores de clase media (sobre todo ancianos), en tiempos de carnaval vibra el corazón de sus conventillos con el repiquetear de las lonjas.
Ya no se pueden finalizar las tradicionales Llamadas en la calle Ansina, pero igualmente culminan en Palermo, que esa noche extiende su fiesta colectiva hasta el amanecer.

Con casas mas bien bajas, a lo más de dos pisos, y construcciones en las que predomina el característico estilo popular con balcones a la calle y patios de claraboya, pero donde todavía se encuentran muchas casonas de patio abierto e incluso aljibe.

Solamente en sus límites - Sur y Norte - es decir por el lado de la Rambla y de la calle Maldonado, podemos encontrar edificios altos construídos en los últimos treinta o cuarenta años; el resto se remonta casi todo a los años veinte, a principios de siglo e incluso más atrás.

Por sus costados Palermo limita más o menos con el barrio Sur a la altura de Ejido, y con la zona del Parque Rodó, en Magallanes.
De cualquier manera sus fronteras son imprecisas, habiendo polémica en cuanto a si tal sector le pertenece o no.

Encierra en su seno algunos centros de enseñanza, que están acordes con el perfil trabajador que tiene su población: la vieja Escuela de Artes y Oficios (hoy Universidad del Trabajo) - ubicada en la calle Gonzalo Ramirez - y la actual Escuela de Artes Gráficas (donde hace muchos años había un cuartel, en la calle Durazno).

La peculiar calle Encina sale en diagonal desde Maldonado, baja empinada para morir dos cuadras después, en Durazno, a la altura de la plaza Juan Ramón Gómez, único espacio verde del interior del barrio.
La arteria es angosta y sin árboles, de casas de un sólo piso, haciendo recordar a tantas de las ciudades del interior.
Allá por mil novecientos sesenta y pico los estudiantes de Bellas Artes pasaron por allí pintando cada fachada de un color diferente; los vecinos tomaron la idea, y en Encina se encuentran, todavía hoy, casas que siguen testimoniando aquel espíritu de "sensibilisación visual" que anunciaba a los "anarco-líricos" de la ENBA.

En la esquina de Maldonado y Lorenzo Carnelli se ubica Anticuario, un restaurant de estilo 1920, más bien "pitucón" y frívolo.
Su historia es sin embargo interesante: quienes lo instalaron no tuvieron que hacer muchas reformas, salvo comprar algunas mesas y sillas antiguas para completar las que faltaban, cambiar de lugar el mostrador y quitar la mampara que separaba el almacén del bar.
Porque eso es lo que hubo en la esquina, desde fines de los veinte hasta casi el ochenta: un "almacén y bar" que regenteaban dos hermanos, el que se mantuvo tal cual hasta la muerte del mas longevo de ellos.

A su vez, en la esquina de Durazno y Carnelli se encuentra la farmacia El Cóndor, una pequeña joya conservada bastante bien en sus características originales (con partes del mostrador, estanterías y vidriera, aunque ya no con aquellos botellones de vieja botica).
Vale la pena verla, aunque no es la única farmacia antigua en Montevideo, ciudad donde por suerte tales comercios han corrido, en parte, mejor suerte que los cafés tradicionales.


"Rincones de Montevideo"
Alejandro Michelena


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