Sistema monetario "orista" - (1865 - 1868)

Los comerciantes montevideanos gozaron de otro privilegio al desarrollar su actividad en el Estado Oriental: la fortaleza de su sistema monetario.

Nuestros gobiernos nunca habían querido - o podido - eliminar sus deficits presupuestales mediante la emisión del papel moneda, como se hacía en Argentina y Brasil. Las monedas circulantes eran de oro y plata, la libra esterlina de oro la mas corriente. Los bancos emisores, como hemos observado, debían convertir su papel a pedido de cualquier poseedor del billete.

La seguridad de cobrar en buen oro las mercaderías remitidas a Montevideo era muy tenida en cuenta por el exportador inglés, francés o alemán. Por ello los comerciantes montevideanos, se esforzaron para que nuestro sistema monetario no variase. Eran, en esencia, importadores. Tenían que abonar en oro lo que compraban en Europa y para ello querían que el oro fuese la moneda del país.

De haber predominado la actividad exportadora, la política monetaria que les hubiera interesado mantener hubiese sido la contraria: recibir el pago de sus embarques hacia Europa en oro, y abonarían sus gastos en papel depreciado. Ademas, la posesión del oro les otorgó a los comerciantes el monopolio del crédito en la República.

Sus deudores debían pagar en la misma moneda que habían recibido el préstamo. Por estas razones el papel emitido sin respaldo metálico era para los ricos comerciantes montevideanos una herejía que jamás tolerarían. Ella les significaba cobrar en papel desvalorizado lo que sus deudores le debían en oro, y tener que canjear ese papel por oro para poder abonar a los exportadores europeos las mercaderías que habían recibido. Perderían a dos puntas si el papel moneda sin respaldo llegaba a implantarse en el Uruguay.

¿ Cuál fué, observada esta situación, el interés político de los comerciantes del Uruguay, en su mayoría fuertes firmas propiedad de inmigrantes ingleses, franceses, alemanes y españoles ?

La pacificación del país fué considerada un requisito indispensable para mantener la prosperidad. En primer lugar, porque la guerra civil alteraba el comercio, rompía los vínculos entre la campaña y la ciudad, entre los estancieros y los barraqueros, entre la población rural necesitada de artículos europeos y los importadores capitalinos. Se arruinaba a la campaña, las dificultades para pagar las deudas se volvían insuperables. Tal vez otro efecto no desdeñable se produciría. El gobierno, obligado por los tremendos gastos causados por la lucha, podía tentarse y emitir papel moneda, o respaldar a los bancos que habiéndolo sostenido con sus empréstitos, hubieran emitido más de lo que su tenencia de oro permitía.

El fantasma de un decreto que sancionara la inconversión de la moneda papel - es decir, que no fuera obligatorio el canjearla por oro - obsesionaba a los comerciantes, acreedores de medio Uruguay, y deudores de la Europa orista.

Sólo la paz sostenida por un gobierno fuerte y "honesto", que defendiera la moneda con el mismo calor que defendía el orden, era una garantía política para este grupo social que había emergido como el más poderoso en el Estado Oriental de 1868.

Apogeo y crisis del Uruguay pastoril y caudillesco
José Pedro Barrán

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