Villa Muñoz

  El pintoresco barrio de Villa Muñoz, donde el Dr. Emilio Reus construyó el conjunto edilicio y habitacional que todavía existe y lleva su nombre, es uno de los lugares mas testimoniales de Montevideo. Lugar testimonial por excelencia, podría decirse, incorporado como tal a la memoria colectiva y que merece la protección de la ciudad por integrar de pleno derecho su identidad histórica.

Otro pequeño barrio de similares características, existió en el Sur, entre Palermo y la Playa Ramírez, pero la piqueta se lo llevó despiadadamente, en un acto de verdadera insanía permitido por gobernantes nacionales y municipales de algún oscuro tiempo que más vale no recordar.

Cuando hoy decimos barrio Reus, desgraciadamente solo podemos referirnos al Reus del Norte, porque del otro solo han quedado algunos esqueletos de viviendas y nada más. Como fantasmas sombríos a la espera de que una mano piadosa se acuerde de ellos, los restos de las casas de la calle Ansina, entre San Salvador e Isla de Flores, son sólo eso: restos donde entre el musgo y el olvido florecen memorias de un tiempo que ya pasó.

La historia de Emilio Reus, que llegó a ser entre nosotros, a fines del siglo pasado, un verdadero monarca de las finanzas, es la historia de uno de los fracasos más estrepitosos de que aquí se tenga memoria.

Reus había nacido en Madrid en 1858, y a los 21 años se había doctorado en Derecho y Filosofía. Hombre impetuoso, de grandes iniciativas, comenzo en su patria una ascendente carrea de jurista, escritor, político y hombre de empresa. Pero su carrera se vio truncada de golpe por un mal negocio bursátil que lo llevó a la ruina.

Fue entonces que decidió radicarse en Buenos Aires, donde en poco tiempo otro mal negocio lo llevó a su segunda bancarrota. Pero el doctor Reus, un joven de casi 30 años, inteligente y laborioso, y por sobre todo de una audacia sin límites, no se acobardó.

A raiz de su desastre en la capital porteña, el siguiente capítulo de su azarosa historia habría de tener por escenario la plaza financiera de Montevideo. El siguiente capítulo y su triste epílogo, como enseguida veremos. Cuando el doctor Reus desembarcó en el puerto de Montevideo, el gobierno de Máximo Tajes estaba pidiendo un proyecto para constituír un banco estatal. Reus lo redactó rápidamente y como era hombre de entusiasmo contagioso y palabra convincente obtuvo de inmediato que el gobierno se lo aprobara.

El Banco Nacional, que así se llamó la institución, reunió un abultado grupo de capitalistas y tuvo a Emilio Reus como gerente entre agosto de 1887 y julio de 1888. Pero Reus, cuya ambición no conocía límites, abandonó el banco a mediados de 1888 para ponerse al frente de la Compañía Nacional de Crédito y Obras Públicas, la mas grande empresa en su género creada aquí hasta ese momento, con un capital de 20 millones de pesos oro, distribuídos en 200.000 acciones.

Para una plaza de capacidad económica tan reducida como lo era la "city" montevideana de entonces, la intrépida propuesta de Reus fué el primer "meganegocio" uruguayo. A 100 pesos oro cada acción, suma que no era prohibitiba para las clases medias acomodadas, ni menos aún para las mas altas, las acciones le fueron sacadas de las manos en muy poco tiempo, pues nadie quería quedarse sin por lo menos una. Con ese capital, el banquero español erigió el imperio mercantil mas gigantesco que haya conocido la República, y extendió sus negocios al Brasil y a la Argentina siendo verdaderamente uno de los precursores del Mercosur.

Con la colaboración del teniente coronel Marcelino Santurio proyectó un balneario en el muelle de Guruyú y los dos barrios de viviendas económicas, aptas para alojar a familias de trabajadores, con todas las comodidades que el decoro podía elegir. Una antigua chacra que perteneciera a la familia Echeverría, de 68 hectáreas de superficie, próxima a las vías del Ferrocarril Noroeste, en las inmediaciones del camino de La Figurita (hoy Garibaldi) y el bulevar de circunvalación general Artigas, fue el territorio donde la compañia inmobiliaria delineó calles y deslindó solares. 531 viviendas en 18 manzanas.

Las obras del barrio Reus al Norte se iniciaron en marzo de 1888 y dieron trabajo a mas de 2.000 obreros, amén del movimiento que significó para los proveedores de ladrillos, cal, arena, maderas y otros materiales de construcción. Reus llevó dos líneas de tranvías al barrio, que estaba ubicado en una zona alta, aireada y soleada. Las obras se llevaron adelante a un ritomo febril, pero el año 1889 se inicío con muy malos presagios. La gigantesca compañía se estaba empezando a resquebrajar, y en un manotón de ahogado, su director busco créditos y comenzó la venta de las casas aún no terminadas.

Fue don Francisco Piria quién sacó a remate los primeros solares, y el primero en hacer una compra fue el propio presidente Máximo Tajes. Pero el público no siguió el ejemplo del gobernante. La crisis de 1890 ya estaba instalada y arrastró despiadadamente el negocio de Reus. La sociedad quebrada pasó a integrar el capital del Banco Hipotecario, creado en 1890 en base a la Sección Hipotecaria del Banco Nacional, que terminó las obras y vendió finalmente las viviendas.

Fue el Banco Hipotecario quien puso al barrio el nombre de don José María Muñoz, jurista y político que fuera presidente del Banco Nacional y luego primer presidente del Banco de la República en 1896. Aunque las manzanas cuya construcción inició emilio Reus, siguen siendo conocidas hasta hoy por el nombre de su fundador.

En 1891, a la temprana edad de 32 años, el empresario español que fuera uno de los baluartes económicos del gobierno de Tajes y que fundara el imperio financiero más colosal conocido hasta entonces en el país, falleció en Montevideo a consecuencia de un mal cardíaco. Vivió aceleradamente y del mismo modo murió. Rodeado solo por los dos o tres amigos fieles que no huyeron cuando se produjo su desgracia. Uno de ellos, torero de profesión, se hizo cargo de la repatriación a España de la viuda y también de la pequeña hija de Reus.

Dolorosa paradoja del destino. El hombre que supo conquistar la plaza financiera de Montevideo, no logró reunir alrededor de se féretro ni media docena de dolientes.

"Los barrios de Montevideo"
Ricardo Goldaracena
Ediciones Arca - Montevideo

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