El filosofo "Puchito"
  La Pasiva de la Plaza Independencia era el paradero habitual del filosofo "Puchito".
Posiblemente entre los tipos populares, junto tal vez a algun otro, uno de los de mas recia personalidad.
Era una enciclopedia viviente, con una memoria de oso, y bastaba una sonrisa sobradora con algo de humillación de parte de uno, para que "Puchito" cortara su amistad de ipso-facto.
Cuando le preguntaban donde había nacido, el contestaba: -"Y eso para qué"- Sabía una enormidad de historia, y le gustaba aplicar y atribuirle frases de personajes griegos o romanos, a los politicos criollos.

En realidad "Puchito", vivía de sus tareas de limpieza en la casa Biere de la calle Liniers y en el cambio Maggio, en la esquina de Juncal y Buenos Aires, amén de otras cosas.
Cuando le querian dar "algo" para rebuscarse, perfumes o marfil de contrabando, "Puchito" rechazaba indignado la oferta, y sostenía que "él, pobre, pero honesto, podía enseñar y dirigir a los demás, pero no ser su esclavo".
A veces se paraba frente al Teatro Solis y ahí empezaba su perorata, diciendo que "el Uruguay era una verguenza con tanto abogado y escribano" porque el había andado "por campaña, y en todos los pueblitos que el había recorrido, eran puras chapas de abogado y escribano, y casi ninguna de médico".

Tenía cierto parecido con el "caballero de la triste figura", magro, alto, escuálido.
Parecía salir de las ropas a dar un paseo, y cuando hablaba solía apretarse las solapas con las manos, como esos caudillos de barrio cuando dictan a su secretario la tarjeta de recomendación.
Un día se paró el escritor Horacio Maldonado en el grupo de los que le escuchaban, y le preguntó a "Puchito" cuanto tiempo había ido a la escuela, a lo que rapidamente "Puchito" contestó: -"Lo suficiente, para saber que usted escribe con falta de sintaxis y sintesis".
Esta frase de "Puchito" se hizo famosa, ya que en cierta ocasión, al llevarle un autor novel un tango a Carlitos Warren, el músico frunciendo el gesto, desaprobó la letra del tango argumentando, que "como dijera "Puchito", le faltaba a la letra, sintesis y sintaxis.

Entraba al "Británico" restregándose las manos para tomar su bebida favorita, un café, y hasta allí lo seguían sus admiradores para pagárselo, pero "Puchito" todo orgulloso rechazaba los convites diciendo que "tenía la satisfacción de enseñar sin cobrar".

El Dr. Carlos Ma. Prando, brillante orador, que lo escuchó disertar en La Pasiva sobre el "descubrimiento de América", le propuso emplearlo en algo mas digno y en consonancia con su capacidad, a lo que "Puchito" indignado con la proposición, le contestó al Dr. Prando, que haciendo limpiezas era mas libre, y eso era mas independiente que tener un empleo decente (como decía el doctor) y que además se permitía el lujo de polemizar por la calle con cuanto analfabeto le salía al paso.

Todas estas contestaciones, rayanas un poco en la agresividad de su carácter, formaban parte de una recia personalidad, porque "Puchito" no aceptaba dinero alguno.
Era de esos tipos que la sociedad burguesa los quiere humillantes y sumisos para arrojarles las pitanzas de sus misericordias.
Pero "Puchito" sabía de todas las mentiras y los convencionalismos de los de arriba, y porque algo le funcionaba mal, hacía esa vida pequeña y corta de limpiador, y larga y holgada de sus ropas de polemista ... Porque la única vez que salió de su serenidad habitual, fue un día que a la arena de las discusiones en la famosa pasiva, se acercó una dama de "nuestra sociedad" con una alcancía para los pobres, y "Puchito" dirigiéndose al público insto a que nadie colaborara "con esas damas aburridas que colectan para los pobres mientras en las fábricas sus maridos explotan a los obreros", y acto seguido le arrancó la alcancía de las manos y la arrojó al medio de la calle.

Al otro día cuando salió "Puchito" de la comisaria, le decia a la gente:
-"Si todos tiraramos la alcancía a la calle, adios tes danzantes de viejas ociosas y aburridas, a "beneficio" de los pobres y entró restregándose las manos en el "Británico", para tomarse un cafecito de su propio peculio, sin aceptar convites ...

Estampas Montevideanas
de Luis Alberto Varela.

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