José Artigas

Un Retrato escrito de José Artigas por el Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga
de su Viaje de Montevideo a Paysandú (1815)

"(...) Durante el invierno de 1815, en los primeros días de junio, un intelectual nacido y criado en Montevideo, cruza el país en un carruaje tirado por mulas y a lo largo de dos semanas de marcha ininterrumpida, llega a Paysandú, un pueblo de indios, cuya población total no pasa de veinticinco vecinos. En ese momento Paysandú era, sin embargo, la capital de un extraño país en vías de formación, cuyo inmenso territorio abarcaba el Uruguay actual, las Misiones Orientales -que ahora son parte del Brasil- y las provincias argentinas de Entre Ríos, Santa Fe,Córdoba, Corrientes y Misiones."

"El escritor que viaja para entrevistarse con el jefe de la Liga de los Pueblos Libres, es un hombre de poco más de cuarenta años y su nombre Dámaso Antonio Larrañaga. Bajo la forma de un diario, Larrañaga compone una excelente narración con el material de su travesía y así describe un país casi salvaje y extraño (...)"

"(...) retrata por fin, como nadie lo ha hecho, al propio jefe de los Orientales y de la Liga Federal, José Artigas, a quien coloca en el centro del "tren y boato" que se usaba en su casa de gobierno, donde la austeridad alcanzaba extremos realmente increibles.(...)"

"Queriéndolo o no, Larrañaga hace crecer, con mesurada progresión, una vivencia, hasta culminarla en el momento final: el encuentro con Artigas."

"(...) sucede que el informante del lector, si bien procura y logra ser imparcial y objetivo, no puede desmentir su propia condición, que actúa sin que él se lo proponga como un permanente punto de referencia; y Larrañaga es un habitante de la ciudad, es un estudioso, un lector y asiduo concurrente a tertulias literarias, un sacerdote de la capital, un empleado público en Buenos Aires, un hombre de temperamento conciliador y pacífico, gustador de los refinamientos de la cultura y del buen vivir; Larrañaga es un cura más bien obeso, que pasó muchas horas leyendo y cuya sencibilidad rechaza la violencia y más en general toda acción física extremada y toda penuria. (...) "

"Las penurias, a lo largo del trayecto, son crecientes a medida que el narrador se aleja de Montevideo, pero al fin llega a la capital de la Gran Liga Federal donde está el Protector de los Pueblos Libres; es el alivio, la vuelta a la civilización; pero se sabe entonces que la ciudad de Paysandú es un caserío de veinticinco vecinos y que el modo de vida de Artigas es de tal dureza, que ofrecióle todo lo suyo,incluso la cama y lo mejor que pudo conseguir prestado, los viajeros se ven peor atendidos que a lo largo de las postas y los ranchos en los cuales pidieron posada."

"(...) Se "vive" la austeridad, el espíritu rabiosamente sacrificado de la revolución oriental; se palpa la fuerza de esa desesperación con una verdad que ningún otro texto ha podido trasmitir. No se han escrito hasta el presente obras científicas o de ficción capaces de exaltar hasta ese grado uno de los más altos valores de la revolución de este país: la miseria material a la que se sometieron voluntariamente sus jefes. Puestos al frente de un pueblo en harapos, se impusieron el mismo rigor a sí mismos. Los orientales habían nacido como nación con la pérdida de todo, sometidos a la invasión extranjera, debiendo emigrar en masa (el éxodo o redota), en plena derrota, y eso los marcó. Esta diferencia esencial con Buenos Aires, no se toma en cuenta muchas veces."

"Pero la pobreza que muestra Larrañaga -y esto también actúa como efecto literario- no corresponde al momento del Exodo,cuando todo se había perdido;corresponde al apogeo de Artigas. Nunca el Jefe de los Orientales fue más poderoso ni pudo ser más rico que en ese año 1815,cuando prevalecía sobre Buenos Aires(...)"

Diario de Larrañaga:

“Junio 12 de 1815. (...) (Paysandú) es un pueblo de indios que está sobre la costa oriental del Uruguay (...) Se puede regular su población de veinticinco vecinos, la mayor parte de Indios cristianizados; sus casas, a excepción de cinco o seis, todas son de paja. La Iglesia no se distingue de los demás ranchos, sino por ser mayor (...) que está colocada una efigie de María Santísima que me parecía obra de los Indios de Misiones, y en cuyas facciones se dejaba traslucir bastante el caracter de esta nación. (...)”

“La Iglesia es sumamente pobre y en el día está en la mayor indigencia, falta de todo (...)”

“(...) aunque es un pueblo tan infeliz, tiene el honor de ser interinamente la Capital de los orientales, por hallarse en ella su Jefe y toda la plana mayor, con los Diputados de los demás pueblos.”

“Nuestro alojamiento fue la habitación del General (Artigas). Esta se componía de dos piezas de azotea, con otro rancho contíguo que servía de cocina. Sus muebles se reducían a una petaca de cuero y unos catres sin colchón que servían de cama y de sofá al mismo tiempo. En cada una de las piezas había una mesa ordinaria como las que se estilan en el campo, una para escribir y otra para comer; me parece que había también un banco y unas tres sillas muy pobres. Todo daba indicio de un verdadero espartanismo. (...) Fuimos recibidos por D.Miguel Manuel Francisco Barreiro, jóven de veinticinco años, pariente y Secretario del General, y que ha participado de todos sus trabajos y privaciones: es menudo y débil de complexión, tiene un talento extraordinario, es afluente en su conversación y su semblante es cogitabundo, carácter que no desmienten sus escritos en las largas contestaciones, principalmente con el gobierno de Buenos Aires, como es bien notorio.” (Barreiro nació en 1770 y murió en 1847. Acompañó a Artigas en el Exodo y en el sitio de Montevideo. Sustituyó a Otorgués como Gobernador de Montevideo el 29 de agosto de 1815)

“A las cuatro de la tarde llegó el General, el Sr.D.José Artigas, acompañado de un Ayudante y una pequeña escolta. Nos recibió sin la menor etiqueta. En nada parecía un general: su traje era de paisano, y muy sencillo: pantalón y chaqueta azul sin vivos ni vueltas, zapato y media blanca de algodón; sombrero redondo con forro blanco, y un capote de bayetón eran todas sus galas, y aun todo esto pobre y viejo. Es un hombre de una estatura regular y robusta, de color bastante blanco, de muy buenas facciones, con la nariz aguileña; pelo negro y con pocas canas; aparenta tener unos cuarenta y ocho años. (Artigas nació el 19 de junio de 1764, tenía 51 años) Su conversación tiene atractivo, habla quedo y pausado; no es fácil sorprenderlo con largos razonamientos, pues reduce la dificultad a pocas palabras, y lleno de mucha experiencia tiene una previsión y un tino extraordinario. Conoce mucho el corazón humano, principalmente el de nuestros paisanos,y así no hay quien le gane en el arte de manejarlos. Todos le rodean y todos le siguen con amor, no obstante viven desnudos y llenos de miserias a su lado, no por falta de recursos sino por no oprimir a los pueblos con contribuciones, prefiriendo dejar el mando al ver que no se cumplían sus disposiciones en esta parte y que ha sido uno de los principales motivos de nuestra misión.”

“Nuestras sesiones duraron hasta la hora de la cena. Esta fue al tren y boato de nuestro General: un poco de asado de vaca, caldo, un guiso de carne, pan ordinario y vino, servido en una taza por falta de vasos de vidrio; cuatro cucharas de hierro estañado, sin tenedores ni cuchillos, sino los que cada uno traía, dos o tres platos de loza, una fuente de peltre cuyos bordes estaban despegados; por asiento tres sillas y la petaca, quedando los demás a pie.Véase aquí en lo que consistió el servicio de nuestra mesa cubieta de unos manteles de algodón de Misiones pero sin servilletas, y aún según supe, mucho de esto era prestado. Acabada la cena nos fuimos a dormir y me cede el General, no solo su catre de cuero sino también su cuarto, y se retiró a un rancho. No oyó mis excusas, desatendió mi resistencia, y no hubo forma de hacerlo ceder en este punto. Yo como no estaba aún bien acostumbrado, no obstante el que ya nos habíamos ensayado un poco en el viaje, hice tender mi colchón y descansamos bastante bien.”

/“Junio 13 de 1815. Muy temprano, así que vino el día, tuvimos en la casa al General que nos pilló en la cama: nos levantamos inmediatamente, dije misa y se trató del desayuno; pero este no fue ni de té ni de café, ni leche, ni huevos, porque no los había, ni menos el servicio correspondiente: tampoco se sirvió mate, sino un gloriado, que era una especie de punche muy caliente con dos huevos batidos, que con mucho trabajo encontraron. Se hizo un gran jarro, y por medio de una bombilla iba pasando de mano en mano, y no hubo otro recurso que acomodarnos a este espartanismo, a pesar del gran apetito por cosas más sólidas que tenía nuestro vientre, originado de unas aguas tan aperitivass y delicadas, no sirviendo nuestro desayuno sino para avivarlo más.”

“Yo estaba impaciente por concluir nuestra comisión, para bajar al puerto y registrar la costa del río, lo que no pude conseguir hasta después de la comida que fue enteramente parecida a la cena, con sólo haberle agregado unos bagres amarillos que se pescaron en el (río) Uruguay. Bajamos todos juntos al río. (...)”

“En el puerto había unos ranchos que servían de cuerpo de guardia, y en uno de ellos estaban los Jefes de los cuerpos de Buenos Aires, que sostenían a Alvear, y después de su caída fueron remitidos con una barra de grillos ala disposición de nuestro General, que los tenía en custodia con ánimo de devolverlos, como después se ha verificado; conducta que ha sido con justicia sumamente aplaudida por los buenos americanos, y que ha acabado de desengañarlos que nuestro Héroe no es una fiera ni un fasineroso, como lo habían pintado con negros colores sus émulos o envidiosos de su gloria.” (Esta fue la ocación en que el prócer pronunció las célebres palabras: “Artigas no es verdugo”)

“Junio 14 de 1815. En este día bajaron a tierra los Diputados de Buenos Aires, Pico y Dr.Rivarola, que nada pudieron tratar hasta no haberse concluido nuestra comisión. Por la tarde llegó un Indio de Misiones, capitán de aquellas milicias, con pliegos en que avisaba la retirada de los Paraguayos hasta Candelaria: pedían municiones y armas,que se les dieron (...)”

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