PUEBLO DE LOS POCITOS
  En los primeros años del siglo, Pocitos no era un barrio de Montevideo.
Era un pueblo, un pequeño pueblo, separado de la ciudad, el pueblo de los Pocitos.
Sus fundadores habían sido lavanderos italianos.
Un Diccionario Geográfico de la época lo explica asi:
"Hace treinta y tantos años que allá, en los arrabales de las quintas de Montevideo, en un sitio desierto y abandonado, se trazó un plano de barrio que se denominó 'de los Pocitos', destinándolo para el servicio de las lavanderas que no encontraban sitio en los lavaderos de Acuña y Sauces, hoy ciudad, vendiéndose los terrenos a vil precio".
Las escrituras y actas notariales se encabezaban:
"En el Pueblo de los Pocitos...".
Los documentos del orden judicial, parroquial, municipal y administrativo, que se extendían en el lugar, también comenzaban :
"En el Pueblo de los Pocitos el día...".
Era un pequeño pueblo, de veinte o treinta manzanas, aldea de buenas gentes, de costumbres simples, tranvía de caballo y faroles a querosene, cuando, muy niño aún, me hice su pueblerino, allá por 1904.
El recuerdo de los diez primeros años de mi vida en el pueblito, se mantuvo muy vivo en mí.
En el tiempo que vino después, he temido que se desdibujará o se esfumará de mi memoria.
Finalmente, sacudiendo mi indolencia, he escrito estos recuerdos.
Por lo menos en esos diez años que corren de 1904 a 1914, el pueblecito de lavanderas e italianos, mantuvo sus características, antes de ser el balneario, la localidad balnearia, el barrio residencial, lo que finalmente es hoy.
Enfocado el relato, hasta donde era posible, como un cuaderno de infancia, me propuse que no resultará un esbozo autobiográfico protagonizado por el niño pequeño-burgues que creció y se hizo hombre en "el pueblo".
El propósito ha sido, al escribir estos recuerdos de infancia, que el pequeño pueblo resultara el verdadero protagonista del relato.
Que lo haya conseguido es el problema.
Por lo menos el problema principal.
Respecto a este protagonista, me comprenden "las generales de la ley"; no puedo ser neutral a su respecto.
Porque le tuve al pueblito, al pueblecito, de mi niñez, demasiada simpatíóa, demasiado cariño.
Y esta carencia de objetividad tiene que aparecer, sin duda, en el recuerdo.
Puede ser un defecto y puede también no serlo.


Crónicas Montevideanas de Sansón Carrasco

Los nombres que espontáneamente la gente asigna a los parajes y barrios de la ciudad, suelen ser los más perdurables. Y también los mas pintorescos.
Es el caso de Pocitos. Actualmente, quizás solo los más eruditos y los más curiosos saben por qué ese extendido y tradicional barrio montevideano se llama así.
Se dice que en el siglo XIX, las lavanderas morenas que lavaban ropas en la zona, habían excavado cachimbas o pequeños pozos ("pocitos") en el lugar donde se producía la confluencia del arroyo precisamente llamado "de los Pocitos" con el Río de la Plata, a la altura de lo que hoy es la calle Buxareo y la rambla.
Estamos, pues, ante un nombre "testimonial". En ese lugar existe una curva de la rambla. Una curva muy notoria, hecho que no es casual. Cien años antes de diseñarse la rambla por los urbanistas, el arroyuelo de marras determinaba, como sucede ahora, el fin de la playa, y su barra, el comienzo de la zona rocosa.

De manera que los manantiales o "pocitos" que se abrierion a la vera del arroyo, de donde se extraía agua para el lavado de ropas y también para el consumo personal, dieron nombre, ya a comienzos del siglo XIX, a la playa y al paraje, según lo recordaba Orestes Araújo.
En las primeras décadas del siglo pasado, la zona hoy contigua a la playa (es decir, el ahora barrio de Pocitos), aproximadamente entre las calles 21 de Setiembre y Buxareo, era un inmenso terreno baldío. Como este baldío estaba más acá de la linea de los "propios" y más allá de la línea del "ejido", no era propiedad particular de nadie y, por tratarse de terrenos fiscales, el Estado podía disponer de ellos.
En virtud de lo cual, casi un año después de la Jura de la Constitución, en el mes de junio de 1831, estas tierras fueron denunciadas por el coronel don José María Reyes (el autor del plano de la "ciudad nueva" de Montevideo). Reyes obtuvo, en 1833, una resolución favorable del Poder Ejecutivo, y practicada la mensura, resultó que el fundo tenía una extensión de 21 hectáreas y 7.000 metros.

El terreno se tasó a razón de seis pesos la cuadra (pesos más fuertes que los de ahora, claro). El motivo de su en definitiva escaso valor, radicaba en que era "ocupado en su mayor parte por arenas voladoras" y distaba una legua de la ciudad, según se hizo constar en un expediente que revisó el historiador Aníbal Barrios Pintos.
Pero en 1833 los montevideanos estaban todavía muy distantes de imaginar que el paraje se transformaría, a finales del siglo XIX, en una importante estación balnearia, y a fines del siglo XX, en uno de los barrios mas densamente poblados de la capital. El pueblo que se llamó "Nuestra Señora de los Pocitos" fué inaugurado en 1886, medio siglo después del contrato de compra al Estado por parte del coronel Reyes.
En el interín, esos 50 años fueron pródigos en cantidad de sucesos. En 1841, el predio había sido vendido por Reyes al rico estanciero y saladerista José Ramírez Perez - quién también dió el nombre a la "playa Ramírez", en las proximidades del lugar donde estaba su saladero -, de quien lo heredó su hijo Juan Pedro, el padre de Gonzalo, Carlos María y José Pedro Ramírez, abuelo del doctor Juan Andrés Ramírez, director del diario "El Plata", y tatarabuelo del candidato presidencial herrerista en las elecciones de 1994.

Juan Pedro Ramírez fue el verdadero fundador de Pocitos, que inicialmente llevó el nombre de "Pueblo de Nuestra Señora de los Pocitos", cuyo amanzanamiento fue delineado por el agrimensor Demetrio Isola y luego, en 1886, corregido por los agrimensores Pedro Forte Gatto y Javier Alvarez Susviela.
Un viejísimo plano de fines del siglo pasado nos entera de cosas que hoy se reputarían insólitas. La única calle del barrio que todavía conserva su nombre primitivo es Pereira. La hoy avenida Brasil no tenía nombre por entonces. Se llamaba simplemente "Calle Pública". Y la vía de tránsito que hoy llamamos bulevar España, era designada "Camino Público", y no culminaba en la playa, sino que al llegar a la calle hoy Lázaro Gadea, torcía su rumbo para morir en la Calle Pública.
El tranvía que venía de Montevideo bajaba por Pereira y al llegar a la actual calle Alejandro Chucarro (llamada en aquel entonces "calle del Vesubio") doblaba en dirección al Oeste para dirigirse hasta "Colón" (ahora José Martí), donde volvía a doblar, esta vez hacia el Sur, para terminar su recorrido en la playa, que no tenía rambla como actualmente, sino una calle costanera que se llamaba "calle de la Masonería".
En la esquina de Colón y la calle de la Masonería el viejo mapa registra una terraza y un "Hotel Balneario", que solo conocemos por fotografías de la época, ya que fué demolido durante la presidencia de don Claudio Williman para dejar paso a otro hotel mas moderno, desaparecido definitivamente cuando se construyó la rambla.

Un dato curioso de aquel entonces: hacia el Oeste de la terraza estaban emplazados los "baños de señoras" y hacia el Este los "baños de hombres". Claro, eran épocas de hermética separación de sexos, y más en cuestiones tan íntimas y privadas como este asunto de tomar baños en una playa pública.
Eran las épocas en que el paraje que hoy llamamos Pocitos tenía preposición y artículo y, además, evocaba el nombre de la Virgen María. Era el pueblo de "Nuestra Señora de los Pocitos".

El arroyo de los Pocitos y el de la buena Moza

De las tantas corrientes montevideanas, desaparecidas por causa de las obras de saneamiento, podemos nombrar el tradicional "Arroyo de los Pocitos" y también el "de la buena Moza", que todavía aparecían nítidamente dibujados en los planos de nuestra ciudad del 900.

El de los Pocitos era el famoso arroyo de las lavanderas, que llegaban hasta él con sus atados de ropas sobre la cabeza, y los pocitos o cachimbas que se practicaron en sus orillas dieron nombre, primero al arroyo, y luego al "Pueblo de Nuestra Señora de los Pocitos", hoy "barrio de Pocitos".

Este arroyo nacía en un pequeño bañado o pantano ubicado en el Parque Batlle y Ordóñez (antiguamente Parque Pereira, y antes todavía "campo chivero"), aproximadamente entre los que son hoy el Velódromo Municipal y la Avenida Italia. En su tramo inicial corría de Oeste a Este y recibía las aguas de dos cañadas, una de ellas, claramente visible en los mapas, situada en el lugar donde desde 1930 se levanta el Estadio Centenario. Luego doblaba hacia el Sur y su curso seguía paralelo, aproximadamente, a las actuales calles Eduardo Mac Eachen y 14 de Julio.

Próximo a la hoy esquina de las calles Dr. Bado (ex Méndez Núñez) y 14 de Julio, recibía las aguas de otro arroyito que venía reptando sinuosamente desde el paraje de La Blanqueada y atravesaba la quinta de los Buxareo, que después se llamó "Villa Dolores" (Zoológico Municipal). Entonces, el curso del arroyo de los Pocitos, robustecido por tantos aportes, continuaba tratando de ganar el Río de la Plata.

Finalmente se desplomaba desde la hoy calle Francisco Muñoz por la pendiente de Buxareo hasta la rambla.

Un párrafo aparte merece el señalado arroyito que, después de atravesar el actual parque zoológico de Villa Dolores, se echaba en la orilla izquierda del arroyo de los Pocitos, a la altura de la hoy intersección de Dr. Bado y 14 de Julio. Era éste el arroyito de la Buena Moza, también folclórico y singular nombre perdido de Montevideo. Se perdió el arroyito y, como siempre sucede, se olvidó el nombre.

Debemos ubicar el nacimiento de esta modesta corriente en la actual plazuela que está delimitada por las calles Gilbert, Dr. Federico Susviela Guarch y Dr. Joaquin Secco Illa, un par de cuadras al Sur del Hospital Militar.
Atravesaba el terreno donde ahora se levanta el Hospital de Clínicas y luego de la hoy calle Ramón Anador se dirigía rumbo al Sur, para torcer hacia el Oeste desembocando en el arroyo de los Pocitos.

¿Quién fue la misteriosa - y seguramente hermosa - vecina de los extramuros de Montevideo, a quien sus contemporáneos dieron el curioso apodo de la "Buena Moza"? Las referencias acerca suyo, que deben remontarse a mediados del siglo pasado, o antes, son borrosas. Se ha dicho que tenía una chacra en el distrito de la Aldea, probablemente en terrenos ubicados aproximadamente donde hoy está el Hospital Militar, y que allí mantenía una capilla y un cementerio, particular servicio piadoso que ella brindaba a su vecindario.

Los accidentes del terreno, desde el Estadio Centenario hasta Buxareo y la rambla, desde el Hospital de Clínicas hasta Villa Dolores, son conocidos de memoria por los montevideanos. Las calles se tuercen y se retuercen, siguen las sinuosidades del suelo, se enredan unas con otras arrastrándose entre eminencias y barrancos.

Muy pocos saben el porqué de tan escarpadas geografías. Sólo un puñado de montevideanos curiosos y avispados tienen conocimiento de que ellas están determinadas por el cauce de los arroyos perdidos y las cañadas suprimidas. Es uno de los tantos precios de la civilización, que Montevideo paga tal vez no tan gustoso.

Los barrios de Montevideo
Ricardo Goldaracena

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