Las incomodidades no existían cuando se tenía once años y había que ir a ver a jugar a "José".
Mi madre estuvo vacilante, pero al final accedió.
Iban varios de los muchachos amigos y Pedrito Lombardi era una garantía.
La financiación era muy simple: dos reales para pagar el carro, un real para la entrada y otro real que me permitiría comprar dos "exquisitos" pasteles al negro Navarro, dos "cangrejos" confeccionados de acuerdo a "la formula del Dr. Navarro" (el médico de mas fama en aquel entonces.
Como se ve, con cuarenta centésimos se podía hacer todo aquello.
El domingo fue tibio, de sol luminoso.
Antes de las once, en la puerta de la casa de los Lombardi, en la calle Barreiro, el grupo viajero había casi llenado la capacidad del carro.
Bien pronto se arrancó, hacia Buceo, para tomar luego al trotecito, el camino Propios hasta Peñarol.
El viaje era una fiesta y una alegría general.
Cómo jugó Peñarol y que bien jugó "José" aquella tarde!
Apenas era noche y ya estabamos de vuelta en nuestro pueblo.

1908. De "Pueblo de los Pocitos" de Guillermo Garcia Moyano

Crónicas Montevideanas de Sansón Carrasco

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