Un paraíso de frutas y verduras.

  Es lindo ver como a 40 años de fundado, en el año 1787, Montevideo y sus cercanías lucían como una huerta exhuberante, cargada de hortalizas tentadoras y frutas generosas. Al menos si nos atenemos a la descripción entusiasmada del padre Perez Castellano, en quien el espíritu religioso y la vocación científica no aparecían reñidos en modo alguno con el sano disfrute de las delicias de este mundo.

En su famosa "Carta sobre la situación de Montevideo y la Campaña", de entrada nomás el sacerdote se larga a entonar un himno exultante a las maravillas vegetales que encontraba por estos parajes: "Nada es comparable - estalla - a la abundancia de hortalizas que se cultivan todo el año, como son las coles, repollos mas grandes y de mejor gusto que las de Buenos Aires, las de Génova, las lombardas, las rizadas, las dengueadas y otras muchas, que aunque de accidentes distintos, solo se conocen aquí con el nombre general de coles".

Esta erudición en coles iba acompañada por un alarde parejo en otros renglones. "De lechugas se cultivan seis u ocho especies, todas excelentes, a saber: las flamenquillas, las capuchinas, las romanas, las holandesas, las blancas, las moradas, etc. Se cultivan tres especies de escarolas: las anchas, las endivias y las crespas; se cultivan coliflores de pella grande y brocolis de tanta como los coliflores, colinabos, nabos tan buenos como los de Lugo, apios, cardos, alcauciles, pimientos dulces valencianos de hocico de buey y otros cumplidos; esparragos, espinacas, chirivias, zanahorias, betarragas, rabanos dulces, berenjenas, papas criollas y de Canarias, tomates, ajos, cebollas ... ; de todo en tanta abundancia, que muchas personas de distinción, nada apasionadas a este país, confiesan sencillamente no haber visto, en España, plaza tan abundante y surtida como la de Montevideo".

En seguida parece asomar, indiscreto, un vislumbre de la tan temprana rivalidad que dividía ya a Montevideo y Buenos Aires, y que en otros campos empezoniaba el vínculo de cercanía entre las dos ciudades. En efecto, comenta el sacerdote, con cierto énfasis que se diría montevideanisimo: "Los de Buenos Aires le envidian ya a Montevideo en algunos renglones, y en ella se proveen de muchas cosas que, o no se dan alla, o no se dan tanto y de tan buena calidad: frutas reptiles como zapallos, bugangos, calabazas, melones criollos y de Valencia, sandías comunes del Río Grande y de Málaga, que se cogen aquí abundantemente y se venden a precios moderados. Para Buenos Aires van de regalo y de venta muchas frutas de este género, porque esta ciudad no es capaz de consumir las que se recogen en su jurisdicción ... "

También nos informa nuestro sacerdote que el montevideano de aquellos días había llegado a perfeccionar bastante su dominio de la técnica del cultivo; y que la agricultura en fin, se había vuelto afición de damas y gente de pro: "Las arboledas se cultivan con orden, con primor y buen gusto. Cualquiera sabe en su chacra o huerta lo que es injertar de pua y escudete, a yema dormida o despierta. Hasta las señoras que tienen alguna posesión en el campo hacen de eso su vanidad, por lo que se ha ennoblecido este ramo de la agricultura, ejercitándose en el las primeras personas del pueblo, que procuran a porfía excederse unas a otras en tener muchas y buenas frutas ... "

Agregaremos que tanta maravilla vegetal entraba diariamente a Montevideo y se ofertaba en cuanto rincón apto brindaba el poblado; en el portón, en el muelle, en cuartos particulares, en la plaza misma. Por la mañana llegaban cada día los hortelanos y chacareros con sus tesoros, y los descargaban en dos filas, "formando un paseo divertidísimo, que ofrece a la vista, de un golpe todo, lo mejor del campo", vuelve a celebrar Perez Castellano. Vendían hasta las nueve o diez de la mañana, ya que nuestros vecinos eran madrugadores, sin pagar impuesto o patente de clase alguna, salvo un real y medio por semana para la limpieza de los lugares ocupados.

Hasta que un día apareció una iniciativa que dió mucho que hablar y discutir: la construcción a espaldas de la Plaza Matríz de las llamadas recovas; esto es, "dos hileras de cuartos" que delineo el Maestro Mayor de las Obras Reales, y que sería el único lugar donde se autorizaría la venta de frutas y verduras al público. Muchos protestaron, y entre otros el propio Perez Castellano, alegando con amargura que "puesta la recova con caracter permanente, desaparecería ese teatro movible" que a él tanto le encantaba, y que se formaba en cualquier parte donde los vendedores se instalaran. "El chacarero estara obligado a alquilar cuarto; si lo alquila, paga lo que no pagaba, y si no lo alquila, no le queda mas recurso que abandonar su agricultura, o entregarle a algún recovero todo el fruto de su trabajo por precio muy inferior al que vale. Cualquiera de estos partidos es diametralmente opuesto a la abundancia ... "

Pero a pesar de las quejas y los alegatos, las recovas se construyeron lo mismo en nuestra querida ciudad de San Felipe y Santiago ...

"Boulevard Sarandi" de Milton Schinca.
(Los dias de la fundacion y la colonia - 1726-1805)
Anecdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.

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