Montevideo, se habrá llamado Montevideo?

  No es imposible que estemos todos equivocados cuando afirmamos que la capital de nuestro país es “Montevideo”. Acaso sea, mas bien, “Móntem Vídeo”, las dos palabras separadas y con acentos en la ‘o’ y en la ‘i’:
móntem vídeo, por chocante que nos resulte hoy esta grafia, despues de 270 años de pronunciar el nombre de nuestra ciudad de la manera que nos es familiar.

Todos sabemos cuanto se ha discutido el origen del curioso término “Montevideo”, y como se han propuesto diferentes hipótesis, ninguna concluyente a esta altura, ninguna demasiado convincente a decir verdad.

La que postula el nombre “Montem Video” apareció en un libro de Carlos Travieso, publicado en 1923, y es sin duda de las mas peregrinas, pues se sustenta en una argumentación que parece harto rebuscada, como enseguida se verá; pero no estará de mas repasarla, entre otras razones porque su autor revisa e intenta refutar algunas propuestas anteriores, con lo cual nos acercamos a una visión de conjunto de lo que ha sido esta antigua y bastante infructuosa polémica acerca de como hemos sido bautizados y por qué.

Es sabido que la tradición mas arraigada acerca del origen de la palabra “Montevideo” la hace provenir de una exclamación que habría lanzado el vigía que venía trepado en el palo mayor de la nave de Magallanes, al divisar nuestro Cerro. Pero que habría gritado, exactamente? Aquí mismo, en el grito, se centran las primeras observaciones que formula Carlos Travieso.

Para los mas, el grito del vigía debe de haber sido: “Monte vide eu!”, queriendo decir, claro está, “veo un monte”: y de “Monte vide eu” habría derivado, en traslación casi literal, “Montevideo”. Sin embargo, Travieso hace notar algunos aspectos idiomaticos de la frase lanzada por el vigía.

La expedición de Magallanes – alega – traía en su tripulación a numerosos portugueses y gallegos; y las palabras “monte” y “eu” son indistintamente gallegas o portuguesas. Pero no ocurre lo mismo con el verbo “vide” en la forma en que está inserto en la frase. En efecto, la traduccion literal de “monte vide eu” tendría que ser “monte ve yo” o “monte mira yo”, o aun “monte vease yo”, expresiones estas que es imposible suponer que las dijera un marinero portugués o gallego.

Y si el vigía, en cambio, fuese de origen castellano, ya que en una expedición tan nutrida venía gente de diferentes procedencias hispánicas?

Imposible, vuelve a señalar Travieso: ningun vigía de habla castellana gritaría “monte veo” o “monte ví”, o “monte vide” (en antiguo castellano). Lo natural es que hubiera exclamado “veo un monte”, o “ví un monte”, o en todo caso “he visto un monte”; pero de ninguna de esas expresiones surgiría con naturalidad la palabra “Montevideo”, por mas que la forcemos.

Deshechadas esas hipótesis, Travieso se lanza a exponer la suya propia, que nos depara unas cuantas sorpresas: la primera, que la palabra “Montevideo” no provendría, según él, de ninguna de las lenguas ibéricas, sino del latín; y la pretensión no parece demasiado descabellada, si pensamos que “veo un monte” se diría en latín exactamente “móntem vídeo”; y de ahí a nuestro nombre, no hay mas que una “m” sobrante.

En algun momento – reconoce Travieso – se manejó una variante muy próxima, y la expuso nada menos que un testigo presencial, lo que parece darle una fuerza irrefutable. Fue sostenida por Francisco Albo, integrante de la expedición de Magallanes, en su “Diario de Viaje”.
Según él, lo que exclamó el vigía, fue “Montem vidi” (y no habla para nada de “montem video”).

Pero – retruca Travieso – para aceptar “Montem vidi” habría que suponer que el vigía lo dijo en tiempo pasado: “Yo ví un monte”, o “yo he visto un monte”, lo que no parece lógico si lo estaba viendo en ese momento.
De modo que lo recto, lo natural, es que haya exclamado “yo veo un monte”, es decir “móntem vídeo”.

De todos modos, en esta argumentacion de Travieso queda el rabo por desollar: como podemos suponer que un simple vigía de la expedición de Magallanes, casi seguramente un marinero sin mayor ilustración, iba a lanzar aquella expresión en latín, y no en su lengua habitual, ya fuera el castellano, el portugués o el gallego? Es entretenido ver como se las arregla Travieso para sortear este escollo nada menor.

Comienza aduciendo que no debía ser un marinero vulgar el que venía oficiando de vigía en ese momento. En efecto, era disposición obligatoria en las navegaciones de la época la de que, cuando se llegaba a zonas costeras peligrosas, o habiendo tormenta, la vigilancia debía ejercerla alguien con conocimientos especiales de náutica, no un marinero común. Y en la expedición de Magallanes venian por lo menos siete hombres de aceptable nivel de instrucción, lo que en la época implicaba un buen dominio del latín, idioma obligatorio en la educación corriente de aquellos dias.

Convenido, pero por que, aunque aquellos pocos hombres supieran latín, iba a lanzar en este idioma su exclamación en un momento como aquel? La respuesta que intenta darle Travieso a esta pregunta por demas procedente, parece demasiado retorcida y por lo mismo se nos hace endeble: segun él, ello se explicaría como una forma algo bromista, juguetona, de anunciar la novedad. Por qué bromista?

Para explicarlo, Travieso apela a una observación psicológica que puede no ser disparatada del todo: si el vígia hubiese lanzado una expresión corriente en idioma corriente, dificilmente la misma habría quedado grabada en los demas compañeros, ni servido como denominación definitiva del lugar que habían avistado. A quién le iba a llamar la atención?. En cambio, por ese mismo rasgo insólito de haberse gritado en latín y no en español ni en portugués, a los tripulantes les sorprendió la ocurrencia, les hizo gracia, y por eso mismo no se les borró y adoptaron el terminó como nombre definitivo del espacio geográfico que acababan de encontrar.

Mas allá de lo peregrino o dudoso de esta explicación, es justo reconocer que Carlos Travieso agrega, en cambio, otros argumentos mas sólidos en abono de su aventurada hipótesis. Aduce, por ejemplo, que la expresión “Móntem Vídeo” aparece mas de una vez en documentación relativa al Cerro, y aún – despues – a nuestra ciudad (que es llamada en un momento “Ciudad de San Felipe de Móntem Vídeo”). El término lo utiliza en alguna ocasión el propio Zabala, nuestro fundador; y aparece tambien en documentos del Consejo de Indias; en algunos decretos del mismo Rey; en crónicas de viajeros; en escritos de ingenieros militares; en planos de fortificaciones, etc.

En un principio, la palabra se escribía separada en sus dos términos, “Móntem” y “Vídeo”; mas adelante se las unió con un guión; hasta que mucho mas tarde los dos términos se fusionaron y desaparció el acento de “video”.

En suma, mas allá de que pueda seducirnos o hacernos sonreir la hipótesis de Carlos Travieso, quede constancia de que su libro abunda en citas y documentos, que era imposible, claramente, resumir aquí; sin contar con que sus argumentos han tenido que ser esquematizados por demás.

En cualquier caso, tampoco ese libro resuelve el enigma del extraño nombre de nuestra ciudad, y con el tendremos que cargar hasta el fin de los tiempos: Montevideo o Móntem Vídeo, o ...

Milton Schinca - Boulevard Sarandí
Memoria anecdótica de Montevideo de la Colonia a nuestros dias.

envíenos sus
críticas por