Los napoleones en nuestra guerra.
  Todos los días se veía pasar a aquel caballero enfundado en su jaquet negro, de galera encasquetada y empuniando un pausado bastón. Con su aire áustero avanzaba invariablemente hasta el Mercado Grande, que funcionaba dentro de nuestra Ciudadela. Allí, discretamente, entraba en un negocio y cumplía todas las tardes el mismo ritual: se compraba unos cuantos "napoleones"; aquellos bizcochos achocolatados con vaga forma humana que pretendería evocar tal vez, muy toscamente, la figura del famoso Corso.

Costaban un cobre, y eran la golosina predilecta de aquel hombre de vestir severo. Con su paquetito en mano volvía a salir a la calle, y sin esperar mas, se iba comiendo sus napoleones por el camino. Mas de una vez - segun cuentan testigos - se encontró con algun chiquilín que se lo quedaba mirando con envidia. El caballero entonces se detenía: "Te gustan los napoleones?" Y sin esperar respuesta, lo convidaba con uno y seguía viaje.

Aquel paseante de los "napoleones", que marchaba por nuestras calles diariamente para cumplir con su ritual, solo y sin escolta alguna, era el Presidente de la Republica, don Joaquin Suarez. Ni siquiera la Guerra Grande, y los peligros de aquel momento de tanta turbulencia política, alteraban el disfrute del primer magistrado del Gobierno de la Defensa, en busca cada día de sus bizcochos predilectos.

"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(Cosas de la Guerra Grande 1842-1851)
Anecdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.

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