an, como las del molino, altos resguardos laterales de firmes maderas, formando cuadriculado.
Pero, llevaban un mulo de gran alzada en entrevaras, que aquellas no tenían.
Y eran de andar mas rápido.
"Volaban" con una velocidad que a los abuelos debía parecer diabólica, por el tránsito, aún sin flechas, de nuestra querida Montevideo.
El cambio era tremendo.
Después de haber vivido siempre en la ciudad, en el viejo Cordón, la familia pequeño burguesa se instalaba en una casa antigua en plena playa, sobre la misma arena, que cuando había viento entraba por las ventanas bajas y enrejadas.
Y el cambio era "para vivir todo el año", lo que según el criterio burgués de la época, significaba una aventura.
- "Y se van a quedar también en el invierno?" preguntaban con cierto azoramiento personas amigas.
Porque, al margen de los pobladores habituales, permanentes en "el Pueblo de los Pocitos", (veinte o veinticinco manzanas), era tan solo un lugar de veraneo para un corto número de familias de la burguesía, que al terminar marzo y a lo mas en abril, regresaban apresuradamente a sus residencias de la ciudad.
Habíamos alquilado, por muy poco dinero, la vieja casona de la esquina, de ocho grandes piezas, gran patio-jardín en el medio, amplia puerta-cochera por la otra calle, y mucho ruido del mar.
Sabíamos, no sin zozobra, que en los días de temporal las olas golpeaban en los muros exteriores, y casi nos cerraban la entrada por el lado de la playa siendo necesario en tales días la entrada de la puerta-cochera.
Era de las viejas casas del pueblito, un poco enterrada en los médanos, a pesar del letrero "Calle Francisco A. Vidal", que lucía en chapa azul, en lo alto de la pared, sobre la esquina.
Pero, lo que nos enloquecía, gustándonos por supuesto, era aquel ruido "del mar", de día y de noche.
Un ruido para nosotros nuevo.
Se nos metía también en la nariz, el olor a mar, a marisco, como decía la gente del lugar.
Mis siete años veían en todo aquello, tan nuevo y distinto, una especie de aventura oceánica ...

Crónicas Montevideanas de Sansón Carrasco

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