El Mercado del Puerto
  Como pocos, el Mercado del Puerto constituye uno de esos rasgos fisonómicos de la ciudad sin los cuales dificilmente la reconoceríamos.
La abigarrada estructura de metal, casi bicentenaria, ha sido escenario de los mas diversos encuentros. Carlos Gardel y Enrico Caruso se pasearon juntos por las calles internas del Mercado; José Enrique Rodó acostumbraba a beber allí sus "caflitas" en un disimulado pocillo de café; Pedro Figari tomó de allí varias de las escenas que inspiraron sus pinturas. Además de una cantera inagotable de personajes entrañables, este lugar continúa hoy siendo uno de los mas típicos, visitado por turistas y aún por los propios montevideanos. No obstante, pocos conocen su historia, indisoluble ya de nuestro acervo cultural.

Allá por el 1800, pasaba en tránsito por el puerto de Montevideo la estructura de hierro de lo que iba a ser una estación de ferrocarril en Bolivia. Al no pagar el país de destino las despensas necesarias para culminar la transacción, la compania inglesa que la poseía, decidió rematarla aquí mismo, en Montevideo. Esta es la versión mas reconocida de la historia del Mercado del Puerto. Pero también existen otras. Una muy conocida en la época fue que el conflicto era, en su primitivo y original destino, una estación de ferrocarril que debía levantarse sobre una ciudad del Pacífico. El buque que conducía la carga había naufragado en las costas de Maldonado o Rocha, y en esas circunstancias un grupo de capitalistas montevideanos decidieron adquirir por poco dinero el material abandonado y utilizarlo para la construcción de un mercado.

Por su parte los historiadores Fernando Assuncao e Iris Bomset Franco, en Los Cuadernos de Boston, relataban así el hecho: "Corría el año 1865 cuando, en la pequeña ciudad de Montevideo se construía una sociedad por acciones a iniciativa del comerciante Don Pedro Saenz de Zumaran, con el fin de construir un mercado. Con este destino se compraron los terrenos a la costa norte de la bahía, en el paraje concede bajo el nombre de El Baño de los Padres, y se encargaron los planos a Inglaterra."

Pero a la vez, a este respecto el Dr. José Ma. Fernandez Saldaña, en sus "Historias del Viejo Montevideo" señala que "Terminada en Liverpool la fabricación, allí mismo fue embarcada y, el 10 de Octubre de 1868, la ciudad recibía este edificio de esqueleto metálico".

Se trata, en cualquier caso, de una hermosa estructura de hierro en cuyo centro se previó un amplio espacio libre de columnas, que esta cubierta con una majestuosa seudobóveda en rincón de claustro, también de armadura de hierro. Toda estructura envolvente de mampostería, destinada a pequeños comercios.

Cuando se inauguró, su destino era el de mercado proveedor de frutas, verduras y carnes a los buques que arribaban a la bahía montevideana y a las familias adineradas que por entonces levantaban sus mansiones en los alrededores. Las fruterías, verdulerías y carnicerías pasaron a ser, al cabo de los años los hoy famosos y mentados lugares de comidas y tragos.

Con sabor a cada uno de los ingredientes nacionales, nuestro Mercado del Puerto muestra de un soplo unas cuantas de las costumbres uruguayas. Los sábados el lugar se pone especialmente sabroso. Picar algo, o comerse un suculento plato de asado, regado con algun buen vino uruguayo, junto a una charla con los amigos y el infaltable medio y medio, es ya un clásico. Todo muy lindo hasta que llega el toque de campana, a las 16 horas, anunciando el cierre del lugar. Sin duda, la ocasión se hará repetir.

He aquí algunos de los personajes de nuestro querido Mercado del Puerto de hoy. Darwin "Zurdo" Brusoni y Mario Berrondo. Representantes de todo el folklore uruguayo, hacen sonar la "Canción del Mercado del Puerto", compuesta por el Zurdo. Carlos Covián es cantor de tango y está en el mercado desde hace ocho años, y su mesonero habitual dice que "canta mejor cuando tiene algunas copas en su haber". Antonio, "el italiano", toca su acordeón desde hace 13 años todos los sábados en El Mercado.
Dice que los uruguayos y los argentinos dejan muy buena propina. Gonzalito, "el payador", es el que lleva mas tiempo en el mercado, 32 años tocando todos los días. Incluso, cuando se le rompió la guitarra en un accidente, el mercado le regalo una nueva, para que no dejara de tocar. No podía faltar un tenor para entonar un "O sole mio" o "Granada". Se llama Carlos Garay y hace un año que ronda el Mercado, dice que es su medio de vida, y le surgen invitaciones al extranjero.

De Posdata
Viernes 1 de setiembre de 1995

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