Las librerías "de viejo"

Entre las diversas opciones que Montevideo ofrece, una que seguramente no aparece nunca en las guías y páginas turísticas es la de los circuitos de librerías "de viejo".
Lo decimos en plural, ya que estrictamente son dos: el correspondiente a la Ciudad Vieja y el que tiene su epicentro geográfico en la calle Tristán Narvaja.

Si damos la espalda a la puerta de la Ciudadela y caminamos por Sarandí hacia adentro, nos toparemos con ese callejón único en la ciudad, que se llama Policía Vieja.
Sitio donde se ubicaba en el 900 el viejo café Moka - que era frecuentado por Roberto de las Carreras - y hasta hace unos años el clásico "sport" de los burreros.
Allí nomás encontramos diariamente, con sol o con lluvia, en invierno o verano, una mesa alargada conteniendo libros.

El material que podemos apreciar en ese émulo montevideano de los famosos cajones de bouquiniste parisienses no es sólo antiguo, aunque los persistentes buscadores han visto premiada su asiduidad con alguna joyita incunable.
En el momento, y en mezcla estimulante, descubrimos desde "La hora veinticinco" de Virgil Gherghiu hasta los poemas de César Tiempo, desde la colección de una revista científica de fin de siglo hasta el novelón de Erich María Remarque titulado "Arco de Triunfo", pasando por libros recientes que los autores o las editoriales colocan allí sabedores de su venta segura.

Podemos seguir nuestro paseo, luego de estar un rato en el callejón, y al doblar por Bartolomé Mitre nos encontraremos casi enseguida con el pequeño local de El Aleph.
La referencia borgiana del nombre es adecuada a ese recinto bajo y laberíntico.
Los libros ocupan la totalidad del espacio, e incluso desbordan por el suelo en proliferantes montones.

Pinacotecas, grandes ediciones de "El Quijote" que tías hace muchas décadas regalaron a sobrinos precozmente "ilustrados", las "Vidas Paralelas" de Plutarco, la "Historia de Turquía" debida a Lamartine, un rico sector de novelística y otro de historia nacional, material de esoterismo y ciencias ocultas, todo eso y mucho mas podemos revisar morosamente mientras por la amplia ventana miramos enfrente, las variadas fachadas del primer piso de algunos hoteles afrancesados de la zona.

En Juan Carlos Gómez abre sus puertas Linardi y Risso, librería de muy largo prestigio entre los "ratones de biblioteca" vernáculos.
Su especialidad es la historia nacional y americana, pero ofrece - a precios de bibliófilo, hay que aclararlo - algunos incunables como por ejemplo "La guitarra de los negros" de Ildefonso Pereda Valdés (de 1926) o "Santuario de la extravagancia"del iconoclasta de los treinta Arturo Despouey.

Pero lo más interesante para el viandante es, en este caso, la propia librería: habiéndose mudado de su local de orígen, casi enfrente, aprovechó el local de un antiguo cabaret, logrando una reconstrucción que supo privilegiar los techos de bovedilla y los patios interiores de la colonial casona del Vicario, y complementó eficazmente su propio mobiliario - el que corría peligro de "boyar" en un espacio tan grande - con las estanterías pertenecientes a una prestigiosa ferretería de las de antes, con las viejas escaleras corredizas y todo.

El último de los santuarios del libro raro en la Ciudad Vieja es Oriente-Occidente, de la calle Cerrito, a pocos pasos del corazón de la "city" bancaria local.
Allí, en los bajos del añejo Club Católico, cohabitan sin violencia la recientemente editada en español "Bella del señor" de Albert Cohen, junto al olvidado "El Parnaso oriental" de Raúl Montero Bustamante.

Frente a la Facultad de Humanidades se encuentra desde hace algunos años la librería "De la ciudad", que exhibe en vidriera algunos libros "objeto" de Joaquín Torres García y Carlos Páez Vilaró.
En ella, como en otras de la zona, es posible pesquisar a buen precio gran parte de la literatura de los años treinta, cuarenta y cincuenta, nacional y mundial.
De esta última, en rápida evaluación, pudimos detectar nombres clave como los de Thomas Mann, Hemingway, Kafka y Joyce.

Doblando por Paysand˙ hacia Sierra (hoy Fernández Crespo), la librería de Luis A. Retta es otro de esos recintos atractivos, donde la certera refacción de una casa vieja posibilitó el toque añejo.
Su fuerte es lo rioplatense, antiguo y moderno, en todos los temas.

Lejos de los circuitos, dejada de lado incluso por los más persistentes maníacos del libro, en Hocquart casi llegando a Batoví, está "El Palacio" (en alusión talvez al cercano Legislativo).
Aparte del material de medicina y pedagogía, así como los apuntes de secundaria - los que impone la vecindad de la Facultad de Medicina, dos liceos y el instituto de Profesores - en sus destartaladas estanterías conviven partituras musicales con aquellos coloreados ejemplares de la revista Luz, los best-sellers de hace quince años y "Pepita Jiménez" de Juan Valera.

En ese verdadero cambalache, talvez surja esa joya bibliográfica anhelada, aunque para ello debamos subirnos a la movediza escalera y aspirar mucho polvo

"Rincones de Montevideo"
Alejandro Michelena


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