EL LEGADO HISTORICO DE ARTIGAS
LA ESTATURA HUMANA
La vida íntima de Artigas fue irregular y accidentada, como lo era en general la de los hombres de a caballo de la campaña rioplatense. En aquel medio era casi inexistente la unión monogámica consolidada. Los hábitos del nomadismo, la movilidad que le otorgaban el caballo y la pradera abierta, hacían del hombre un eterno vagabundo, que solo conocía uniones sexuales efímeras y esporádicas. Los hijos se criaban "guachos", (del quechua, huasu: huerfano) de padre, bajo la autoridad matriarcal de una mujer cuya prole procedía de padres diferentes, alguno de los cuales o todos solo habían pasado fugazmente por su vida. Sin embargo, queda constancia de algunos amores de Artigas que tuvieron mayor hondura y permanencia.

Entre ellos, el de Isabel Sanchez, de quien nació Manuel, su primer hijo, durante el período errabundo anterior a su ingreso en el Cuerpo de Blandengues. Su matrimonio legal fue destruido por la enfermedad mental de su esposa. Esta, que era su prima carnal, llamada Rosalía Villagrán, le dió a Jose María, su único hijo legítimo, mas contrajo una fiebre puerperal que alteró su razón, cosa frecuente en la época por la carencia de medios antisépticos. Luego, ya durante su actuación como caudillo, hallamos a su lado a la paraguaya Melchora Cuenca, quien le dió dos hijos. Esta unión parece haber tenido un caracter bastante sólido y perdurable.

Toda la campaña conocía a Melchora como "la mujer de Artigas". Sin embargo, este se negó a permitir que lo acompañara en su exilio. Quedó, pues en la Banda Oriental esta mujer aguerrida. En ausencia de Artigas, solía recorrer los campos a caballo, como una sombra, enarbolando su lanza. Si las mujeres pasaron a través de su vida sin ejercer demasiada influencia ni dejar excesiva huella, es en cambio notable el sentimiento paternal de Artigas. A lo largo de toda su vida, y aún en el exilio, mantiene su vinculación y su preocupación por sus hijos, uno de los cuales, Jose María, lo visita en la quinta de Ibiray. Este sentimiento paternal, Artigas lo hace extensivo a sus servidores y a sus subordinados, y es la clave que nos dá la explicación del ascendiente que ejerció sobre la población rural y de la fidelidad que suscito en sus seguidores.

La falta de consolidación de la familia en el medio rural, y particularmente el alejamiento o la despreocupación de los progenitores masculinos, determinaba, como ya hemos indicado, que el niño de la campaña se criara en una semiorfandad, carente de la guía y de la protección que naturalmente el padre debe proporcionar. La ausencia del progenitor masculino deja en el alma del gaucho un vacío perdurable.

Subconscientemente perseguirá a traves de toda su vida la sombra de ese progenitor ausente, de ese padre desconocido, y proyectara su ansia de guía y de amparo en el caudillo, que viene a ocupar en su psique el lugar del padre ausente. La paternidad de Artigas se extendió así a todos los desheredados, marginados y perseguidos de la campaña oriental, y abarcará finalmente a la población entera de cinco provincias que lo reconocen como su guía y Protector.

Mucho se ha insistido con respecto a la clemencia que fue una de las cualidades de la personalidad de Artigas. "Clemencia para los vencidos" es la frase que se le atribuye despues de la batalla de Las Piedras. Haya sido pronunciada o no esta frase en sus terminos textuales, no hay duda que la generosidad y el respeto al ser humano fueron en el rasgos acentuados; lo patentizan multiples gestos y actitudes. Pero también debe señalarse que con respecto a la clemencia y al humanitarismo de Artigas se ha incurrido en exageraciones deformantes. De la imagen del sanguinario jefe de forajidos inventada por la "leyenda negra" se paso a erigir una "leyenda blanca", según la cual aparece Artigas transformado en una Florence Nithingale de la política, incapáz de verter una gota de sangre. Se olvida que fue un jefe guerrero, comandante de hombres rudos y belicosos, a los cuales era necesario imponer disciplina, y que durante diez años la lucha armada fue su preocupación cotidiana. Si bien es cierto que fue clemente, también es verdad que supo ser duro cuando era necesario y no vaciló en firmar sentencias de muerte cuando la situación lo exigía. Su imagen desvirtuada solo ha servido a ciertos intereses para desprestigiar la violencia revolucionaria. Convertir a Artigas en un santón exangue, despojarlo de su cálida realidad de combatiente y de hombre de carne y hueso, solo sirve para privarlo de toda ejemplaridad.

Nunca como en la derrota, en la soledad y en el exilio se reveló la grandeza del alma de Artigas. La historia no se hace solo con los grandes triunfadores sino también con los grandes derrotados. Y quizás los grandes derrotados, en definitiva, han influido mas en la historia que los triunfadores. Porque estos últimos logran el éxito inmediato, plegándose a las circunstancias. Pero los grandes derrotados suelen ser los portadores de simientes destinadas a una larga y perdurable floración futura. Artigas en el exilio, solo con su dignidad, con su renunciamiento, es, para decirlo con palabras de Valle Inclan, una figura que se recorta sobre el fondo sombrío de la historia humana con una luz que nos devuelve la esperanza en el porvenir del hombre y la fé en su dignidad esencial.

Pero de Artigas no queda solamente su figura humana, sino también su transfigura histórica, es decir, lo que representaron su ideario y su actuación. De ellos se desprende un mandato que se proyecta hacia el porvenir. Pues las metas fundamentales del ideario artiguista solo se lograron de un modo precario e incompleto. América Latina no ha conquistado aún su emancipación económica, y por ende, tampoco ha consolidado su independencia política, social y cultural. Estamos muy lejos, en este martirizado continente, del reinado de la justicia social. Y el ideal de la patria grande, por la que lucharon Miranda, Bolivar, San Martín, Artigas, todavía es un proyecto irrealizado, aunque encierra la clave de nuestro futuro. Por eso tiene vigencia de mandato postumo el legado de Artigas, que quiso una Hispanoamérica dueña de su destino, donde los mas infelices fueran los mas privilegiados.

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