las quintas, para lavar patios, para apagar incendios, para jugar el carnaval" (sic) ...

La ilustración que acompaña al aviso nos muestra una señora muy apollerada, con miriñaque o similar, manejando dichosamente el mentado lavarropas. Por cierto, era manual. Habría que pasarse las horas haciendo girar una manivela; pero a cambio el artefacto representaba "una economía para las familias", según argumentaba el aviso (lo que permite deducir, de paso, que las lavanderas, en aquel Montevideo, se habían puesto muy careras). El mismo anuncio no hace saber que los modelos ofrecidos en "El Emporio" eran "sin disputa mas sencillos y mas fáciles de manejar que cualquiera otra clase hasta ahora introducida en el país"; lo que nos demuestra que en ese 1864 ya llevábamos bastante tiempo importando lavarropas, para nosotros rudimentarios, para ellos portentoso adelanto.

"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
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