Los ingleses y las pulperias.
  El ocupante británico tuvo que vérselas en nuestra querida San Felipe y Santiago con un enemigo que no había previsto, y que llegó a crearle comprensible preocupación: las pulperías. Parece que ya entonces proliferaban en nuestra ciudad los lugares de bebidas; y ello resultó una tentación demasiado poderosa para los soldados ocupantes que transitaban por nuestras calles y se veían solicitados a cada cuadra por algun mostrador acogedor, donde podían probar aguardiente, "rhum do Brasil", cachaza ... Y como Montevideo se encontraba atestado, además, de activos mercaderes británicos, para quien no regía el freno de la disciplina castrense, puede suponerse hasta que punto los soldados se verían tentados por el sentimiento de emulación, al ver a sus desprejuciados compatriotas libando sin pudor, reticencia o control alguno.

La autoridad militar inglesa se vió enfrentada a repetidos casos de indisciplina, y hasta se dice que se produjeron deserciones entre los mas afectos al alcohol. Y sabido es, de acuerdo a lo que cuenta la crónica de la época, que entre los compatriotas del Comandante británico había no pocos para los cuales el brebaje etilíco constituía un flanco vulnerable. No habrá sido pequeña la preocupación de los jefes, porque a poco decidieron tomar cartas en el asunto; y lo mas expeditivo que se les ocurrió fue castigar a las pulperías con un fuerte impuesto: 120 pesos anuales, con los cuales pensaban reducir drásticamente su número.

La reacción de los afligidos pulperos y bolicheros no se hizo esperar, recurriendo contra aquella medida draconiana a la que calificaron de "carga insoportable", en una reclamación elevada al Cabildo. Y este, por su lado, tomó partido en favor de los pulperos abrumados, dirigiéndose por oficio al Comandante británico, donde formulaba una serie de sesudas reflexiones. Hacían notar los cabildantes, que el monto del impuesto recaería sobre el precio de los artículos mas necesarios para la población, como pan, grasas, aceites, "minestras", jabón, velas, gofio, leña, carbón; con lo cual el perjudicado sería el consumidor.

Pero también agregaban este otro astuto razonamiento de dos mas dos:
"Los consumidores siempre serán los mismos; el número de pulperos será mas corto y por esto mismo ni serán tan buenos los alimentos ni tan baratos, porque la mayor concurrencia de vendedores aumenta la abundancia y la equidad de precios, junto con la buena calidad de los abastos. La embriaguéz, ni los excesos que resultan de ella, no serán aminorados (sic). Solo se conseguirá que habiendo menor número de pulperías, en adelante haya mayor número de viciosos en cada una de ellas; de modo que si ahora habiendo cien pulperías, concurren a cada una cuatro compradores, mañana concurrirá ocho no habiendo mas que cincuenta, y así la proporción; pero todos compraran mas caro que antes". Sería casualidad, que el firmante de esta nota defensora de los pulperos fuera un ex pulpero de Campaña, don Antonio Pereira, Alcalde de Primer Voto.

A pesar de las sensatas razones expuestas, el pedido del Cabildo no prosperó. El Comandante británico dijo "No", evidentemente irritado con la indisciplina de sus bebedores subalternos, y ordenó dejar el impuesto en pie. Por fortuna esto solo duraría algunos meses mas, que no mas que eso le restaba de vida a la dominación británica en nuestra joven San Felipe y Santiago, pero en ese momento, esto era desconocido tanto para los pulperos como para los montevideanos en general y mas aún para los ocupantes ingleses.

"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(Llegan los Ingleses 1806-1807)
Anécdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.


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