Villa de Purificación

Los comerciantes ingleses hermanos Robertson, que visitaron al Protector en su cuartel general, han descripto en esta forma la Villa de Purificación:

"El exelentísimo señor Protector de la mitad del nuevo mundo estaba sentado en una cabeza de buey, junto a fogón encendido en el suelo fangoso de su rancho, comiendo carne del asador y bebiendo ginebra en cuerno de vaca.Lo rodeaban una docena de oficiales andrajosos en posición parecida y ocupados en la misma tarea que su jefe.

Todos fumaban y charlaban ruidosamente. está el protector dictando a dos secretarios que ocupaban en torno de una mesa de pino la dos únicas sillas que había en toda la choza, y esas mismas con el asiento de esterilla roto. Para completar la singular incongruencia de la escena, el piso del departamento de la choza en que estaban reunidos el General, su estado mayor y secretarios, se encontraba sembrado de ostentosos sobres de todas las provincias , distantes algunas de ellas hasta mil quinientas millas de ese centro de operaciones, dirigidos a su Excelencia el Protector.

En la puerta estaban los caballos jadeantes de los correos que llegaban cada media hora y los caballos de refresco de los correos que salían con igual frecuencia. De los distintos campamentos llegaban a galope soldados, edecanes,exploradores. Todos se dirigían a su Excelencia el Protector y su excelencia el Protector, sentado en su cabeza de buey, fumaba, comía, bebía, dictaba, conversaba, y despachaba sucesivamente todos los asuntos que le llevaban a su conocimiento con una calma distinta de la nonchalance, que demostraba de una manera práctica la verdad del axioma "vamos despacio que tengo prisa".

Pienso que si los negocios del mundo entero hubieran pesado sobre sus hombros, habría procedido de igual manera. Al leer mi carta de introducción su Excelencia se levantó de su asiento y me recibió no sólo con cordialidad, sino también, lo que me sorprendió más, con modales de caballero y de hombre bien educado. Iniciada mi conversación, la interrumpió la llegada de un gaucho y antes de que transcurrieran cinco minutos , ya el General Artigas estaba de nuevo dictando a sus secretarios, engolfado en un mundo de negocios.

El trabajo del Protector se prolongaba desde la mañana hasta la noche, lo mismo que su comida, porque así que un correo llegaba, era despachado otro, y así que un oficial se alejaba del fuego donde estaba el asador, con la carne, otro tomaba su sitio."

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