Fondas Montevideanas
Fonda Pontevedra (Montevideo 1930)
  La fonda Pontevedra de Perez Castellanos y Cerrito debe haber sido sin discusión, la mas barata de Montevideo y la mas original en cuanto a la riqueza linguística. Pontevedra no cerró nunca sus puertas, nada mas que los 1o. de Mayo y un ratito las dos tardes de Navidad y Año Nuevo. Un almuerzo o una cena por 20 centésimos, ni en los "Intereses Creados" de Benavente ...

Hacía tres clases de puchero: a la criolla, a la española y de cerdo. Cualquiera de estos tres pucheros - ahora suculentos platos -, costaban con dos pedazos grandes de pan y medio litro de vino (con yapa) 30 centésimos. Pero la especialidad de la casa eran las "Almóndigas al gujo" como decían los peninsulares que la dirigían. Los demas platos valían un medio. Y cuando uno pedía tallarines los mozos gritaban:
"Tillirines al gujo pra uno" o "pra dos" ... Los lectores deben saber que antes en ningun restoran o fonda se cobraba el caldo, que invariablemente se servía en tazas. Si se pedía una yema en el caldo, se cobraba dos vintenes, porque la docena de huevos, oh, inmortales tiempos, valían siempre a lo largo del año 15 centésimos. Al cliente que repetía el pan tampoco se lo cobraba. Lo que en buen romance significaba, que hasta tres platos con mas de medio litro de tinto y el pan, no pasaba todo el pantagruelico festín, de dos "reales y medio", como diría academicamente, doña Petrona, el fino comentarista de la lista 4.

Cuando uno pedía queso y dulce (8 guitas) el mozo gritaba: "martini fierra", pra uno. Una vez por semana hacían pollo a la portuguesa y gallina para el puchero a la española, pero como toda la semana habíóa caldo de gallina, uno piensa hoy día a treinta años, que debian de embotellar el caldo para que durara tanto tiempo - siempre pensando bien de la humanidad -, porque no había heladeras eléctricas, ya que las unicas enfriadoras, eran los aljibes de las casas.

En Montevideo, así como se vendían gallinas y pollos por las calles, - hasta no hace mucho tiempo -, se vendían pajaritos que invariablemente se hacían con polenta en las cantinas. La fonda Pontevedra, incorporó ese plato a su menú de especialidades y manjares, con el agregado de que, el que lograra comerse tres platos de polenta con pajaritos, no se le cobraba la comida. Con este reclame, le sacaron a la cantina de la Plaza Zabala, muchos clientes, pero no hay mentas de que lo haya logrado alguno, porque cuando llegaban al tercer plato, no aguantaban mas, y tenían que pagar los dos que habían comido.

Entonces los mozos gritaban: "marche un pagarito" o "pagaritos" pra dos o pra tres ... Ahí sentí cantar a Juan Pedro Lopez, el gran payador oriental, que andaba con la guitarra obsequiada del comandante Franco, el celebre aviador español del Plus Ultra. Los dueños de la fonda decían siempre en sus innovaciones linguísticas "que jitarra barbara esta", y tocaban la madera del instrumento como quien toca el mondongo o cuadril, tasándolo antes de cortarlo ...

Recuerdo que a veces nos llamaban los gallegos y nos regalaban trozos de budín de pan por hacerles algunos mandados. Y que sabroso era aquel exquisito budín hecho con el sobrante de pan de las mesas. Ahora debe ser imposible encontrar en la mesa de un restoran, un pedazo de pan, por lo que uno deduce y agrega a los elogios del pasado, el gusto sabroso del budín de pan de antaño. Habían dos enormes gatos de angola (sic) en la Pontevedra, alimentados a lo fino, porque ademas de la comida de los clientes, le daban matambre arrollado, que ahora lo venden a 16 pesos el kilo o algo así, como un viaje a Rivera ida y vuelta en coche comedor-dormitorio, o en la primera clase del ciudad, o un traje de aquel tiempo, o un borsalino ...

Pero lo pintoresco del Pontevedra, a una cuadra de la Lotería, era también su gran letrero colocado sobre la vereda de Cerrito: "Aquí Pontevedra, pensión completa de dos comidas y desayuno, sin dormir, doce pesos por mes" ...

Estampas Montevideanas de Luis Alberto Varela.

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