Estevita el changador
  Hubo una pequeña vacilacion en la vida de "Estevita el changador", que durante años en la primera decada de este siglo paro en la esquina de Sarandi y Bartolome Mitre con una cuerda gruesa en el hombro, simbolo de su profesion de "mozo de cordel", tanto levantaba un piano en una casa de remates como hacia una mudanza de a pie, que para eso tenia un físico envidiable.

Pero resulta que al buen Estevia haciendo un esfuerzo se le sintio el brazo izquierdo, y como en aquel tiempo no se usaba el yeso, le metieron unas tablas adosadas al codo, y el lo mas campante se las dejo unos años como acapite de su desgracia.

Estuvo unos quince dias como desorientado, pero al fin se decidio: vender mani en invierno y helados chupete en verano. Entonces se hizo hacer el nejor carrito que haya hecho historia en la vida de los vendedores ambulantes montevideanos. Un carpintero de "ribera" (construccion naval) le dio solidez eterna, y otro aficionado del serrucho le hizo los chiches de adorno, que cuanto turista llegaba al pais, le sacaba una foto manisero- heladero, con la cual su fama se extendio fuera de fronteras.

El carrito ademas del brasero permanentemente encendido, tenia un pequeño deposito de carbon del cual emergia un hueco donde guardaba un primus y la caldera para tomar mate en el lugar donde se hallara. Porque Estevita no volvia a su casa en invierno hasta que no vendiera el ultimo mani, y en verano el ultimo helado.

Adelante de la chimenea llevaba un arco con mas de treinta banderitas de seda de distintos paises, Ademas, en los cuatro costados lucia el carrito aquellos globos que con una velita encendida coloreaban los salones de baile de carnaval, lo que le daba el aspecto a su vehiculo de una original presentacion, unica en aquel tiempo, y ahora tambien.

No se sabe quien le habia pintado unos versos en letras rojas, que Estevita tenia en una chapa, y que el la colocaba al frente del carrito solamente los domingos y los dias festivos, como asociandose a los grandes fastos de la historia.. Los versos de un lado de la chapa para la venta de mani, rezaban del siguiente tenor:

Estevita el changador,
le vende el fino mani,
con unos clavos de olor,
como una flor de alheli.

Y en el verano le daba vuelta a la chapa que lucia los siguientes versos:

El helado que yo vendo,
es mas frio que la nieve,
como si de sed muriendo,
es la bendicion que llueve.

Y cuando Estevita paraba su original carrito con los globos encendidos y las banderitas desplegadas al viento, los domingos de noche a la salida del vapor de la carrera, era un espectaculo aquella chimenea finita como vara de mimbre, despidiendo humo y Estevita recitando los versos del mani, mientras con aquellos tarritos de antes, al grito de ... "a vinten los manises mejores del mundo" iba buscando los bolsillos para meterlos con la clasica yapa de diez o doce manies.

Todos, hombres, mujeres y niños sentian como un placer en pasar las manos por aquella pintura primorosa y reluciente del carrito, y cuando el vapor partia para la vecina orilla, y los clientes escaseaban, Estevita empezaba a tomar mate con la misma naturalidad que si estuviera a la puerta de un rancho, avizorando en el cielo, escudriñando el horizonte.

En verano, se habia ganado la parada de 18 y Andes , a ley de juego, ya que los vendedores de helados-chupetines se iban al Parque Urbano (hoy Parque Rodo), gran plaza popular para la venta de confituras. Entonces el carrito de Estevita provocaba en los botijas que iban a pasear por 18 la admiracion, y junto a sus padres circunspectos que se negaban a que comieran por la calle, el lujo del carrito y los versos de la chapa heladera, los convencian, y finalmente terminaban por comprarles el dichoso chupetin-helado de seis cobres (seis centesimos), que Estevita acompañaba con una servilleta de papel de astrasa, para que no se ensuciaran el traje a la marinera que usaban los pibes de antes cuando salian a pasear.

Un dia "El Imparcial", diario de la tarde que estaba en la Plaza Independencia, le saco una fotografia a Estevita, con una leyenda del mejor vendedor de la ciudad.

Estevita se presento al director don Eduardo Ferreira, para darle las gracias y preguntarle cuanto costaba todo eso. Como el director, desde luego, se negara a aceptarle ninguna retribucion, Estevita paro el carrito en la puerta del diario, y llevando el tarro de los helados hasta la sala de la Redaccion, los volco en una mesa, con la chapa de los versos al mismo tiempo que le decia a un redactor: "Una mano ayuda a la otra, pongan en el diario tambien los versos, que son de mi cosecha".

"Estampas Montevideanas"
Luis Alberto Varela
Serie Aqui Testimonio

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