LA ESTATUA DE LA PLAZA CAGANCHA
  estatua de la libertad Podrá discutirse si la columna de la plaza Cagancha que corona la matrona en bronce modelada por Livi fue erigida en honra de la Libertad,de la Ley, de la Paz y hasta de la Revolución triunfante en 1865.
Hay argumentos para sostener cualquiera de las tesis.
Lo que nunca podrá discutirse, en cambio, es que la estatua de la plaza Cagancha constituye una lección permanente y formal, de modestia y sencillez ciudadanas.
Analizando las circunstancias que concurrieron a su elevación y la época y el temperamento político de la hora, que aquella opinión individual ha de ser compartida por muchos de mis consecuentes lectores.
Erigida bajo el gobierno discrecional del general Venancio Flores, en los días en que la carrera política del caudillo estaba en su ápice, la iniciativa surgió de uno de los militares que lo había acompañado en la revolución triunfante y en esos momentos jefe político de Montevideo.
La estatua de Livi contituía entonces el único monumento público de esa índole existente en la capital y desde luego en toda la república, atreviéndome a pensar que en Buenos Aires tampoco había otro que no fuera la Pirámide de Mayo tan modesta de fábrica como gloriosa.
Los materiales nobles, las líneas esbeltas y la elevación del fuste realzaban todavía el mérito del monumento que, en medio del descampado de la plaza, cruzada por la desolación de la calle 18 de Julio, entre casas paupérrimas y barracones, destacaba la silueta de una columna romana.
Pues bien, en semejantes circunstancias de exepción, ni el gobernador Flores se sintió tocado de vanidad, ni el jefe político cayó en el pecado de adulación, y el monumento se inauguró sin ninguna inscripción conmemorativa, sin un nombre, sin el simple, obligatorio, al parecer milésimo de 1867, siquiera, la lección de la estatua no se discute.
Y mas notable esta modestia del vencedor y este pudor de un funcionario subalterno impermeable a la adulación, aquí donde el afán de notoriedad desasosiega a los de arriba y donde, abajo, hay quienes viven atisbando el instante de la reverencia y de la bajeza grata al amo...
La primitiva idea de los que pensaron en levantar un monumento público a raíz del cambio efectuado en el país el 20 de febrero de 1865, fue erigirlo en el centro de la plaza Constitución, ocupado nada mas que por una vereda circular enlozada.
Dentro de ese marco el jefe político, Coronel Manuel M. Aguiar, solicitó algunos proyectos en forma privada a los pocos artistas existentes entre nosotros.
Dos escultores respondieron al llamado, Jose Livi, italiano y Andrés Bramante, que supongo también italiano y del cual no tengo mayores noticias.
Livi no era la primera vez que encaraba un proyecto semejante.
En los ultimos días de la presidencia de Pereira, tenía confeccionada la propuesta para construir en la misma plaza una estatua de marmol de la Constitución, de tres varas de alto, sobre una columna redonda de cuatro varas por una y media de diámetro, destacada sobre una gradería de tres peldaños, cuyo costo se calculaba en cuatro mil patacones.
Al diferir el pedido del Coronel Aguiar, Livi presentó dos proyectos distintos y Bramante uno, que exhibió al público en su taller, calle 25 de Mayo número 55.
De los proyectos de Livi uno era el mas estudiado que el otro y en mayor tamaño. Representaba la Libertad teniendo en la mano un libro abierto de la Constitución. Mediría 16 varas y en el pedestal iba esculpido el escudo nacional.
Jose Livi, después de vivir algun tiempo en Buenos Aires y Entre Ríos, había llegado a la república el año 59, anunciándose como alumno de las academias de Florencia y Carrara.
Estableció el primer taller en la calle Andes número 62 donde tenía expuesta su escultura "La Caridad", grupo de tres figuras existente ahora en el Hospital Maciel.
Según los términos de una carta de representación del Arquitecto Bernando Poncini al presidente Gabriel Pereira, fechada en enero de 1860, Livi era en su consepto "el primer artista de escultura que ha venido al Río de la Plata" añadiendo" que si quería confiarle la formación de su busto estaba seguro que sabría desempeñarse como verdadero profesor que es".
Aceptados los servicios de Livi, este modificó su proyecto de acuerdo con las ideas y sugestiones de los señores de la Comisión Popular que secundaba celosamente la iniciativa y trabajos del coronel Aguiar.
La obra definitiva traducida a las dimenciones correspondientes quedó ajustada en 7.200 pesos.
La jefatura puso en manos del fundidor Ignacio Garragori dos cañones de bronce para la estatua.
Poco después principiaron los trabajos de cimentación en el cruce de las calles 18 e Ibicuy. En Enero de 1866 la figura fue fundida en bronce.
Actualmente esta modificada pues la espada romana que ostentaba en la mano deecha se le quitó, colocándole en la muñeca una anilla con fragmentos de cadena rota.
Con estas variantes se entendió, durante un gobierno posterior que el simbolismo de la estatua acentuábase en sentido de personificar la Libertad.
El gladie esgrimido en la diestra y la planta del pie hollando la cabeza de un monstruo abatido, inducían a pensar que la esbelta matrona fuese no ya la Libertad clásica, impersonas, sino la Libertad de la Cruzada del 63-65, y como entonces los vientos que soplaban eran del sector de la fraternidad nacional, las modificaciones tuvieron andamiento.
El 20 de Febrero de 1867, aniversario segundo de la revolución florista, el mismo general pudo inaugurar la estatua de la plaza Cagancha.
Dede el 25 de Diciembre de 1865, esta plaza había recobrado su primitivo nombre, cambiado durante el gobierno de Aguirre por el de plaza 25 de Mayo.
El batallón Libertad, al mando del coronel Fortunato Flores formaba en alas por la calle 18 y en una de las rinconadas de la plaza estaba una sección del regimiento de artillería.
Inició los discursos el jefe político Aguiar siguiendole el señor A. Labandera en nombre de la Comisión Popular.
Respondió el Gobernador con la sencillés cordial que lo caracterizaba, en términos de inspirado patriotismo, y prosedió a descorrer la cortina.
Los veintiun cañonazos de ordenanza conmovieron las viejas paredes circunvecinas y un momento después la comitiva oficial encaminábase a la ciudad vieja donde, en la calle Sarandí, debía ser inaugurado el nuevo edificio de Correos: la misma casa que todavía presta servicio pero con un piso alto unicamente.
Aislada en el medio de la plaza, sin ninguna defensa contra un posible accidente de tránsito permaneció la estatua por varios meses.
Los cuatro pilares de marmol que figuran en el proyecto y que debían sustentar una cadena no se aceptaron o no se pusieron nunca.
Recién siendo jefe político de Montevideo José Candido Bustamante, en 1868, la estatua fue rodeada por una verja de poca altura que la resguardaba sin perjudicar la perspectiva.
Con igual fecha se prohibió el transito de vehículos a traves de la plaza, restablecido ahora, no hace mucho.

J. Fernandez - HISTORIAS DEL VIEJO MONTEVIDEO

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