El esclavo que se tragó un fajo de cartas.

  Días de conspiración se vivían en el Río de la Plata en aquel 1809.
El "partido americano" formado en Buenos Aires trabajaba secretamente
por la emancipación política de estas provincias. Sus enviados iban y
venían; los mensajes se cruzaban con mil precauciones; los documentos
comprometedores quemaban las manos de los activistas. Y los españoles,
alertados, vigilaban y reprimían.

En Montevideo, numerosos prohombres estaban en inteligencia con los
conspiradores de Buenos Aires y participaban en los preparativos
secretos. Entre ellos el doctor Lucas Obes, personaje influyente de
nuestra ciudad, distinguido jurisconsulto nacido en la ciudad hermana de
Buenos Aires pero afincado en Montevideo desde mucho tiempo atrás.

El Gobernador español Elío, sospechaba de él, y cuando tuvo noticias de
que los trabajos conspirativos avanzaban entre nosotros, resolvió
aprehender a varios que a su juicio estaban comprometidos. Entre ellos
Lucas Obes. Una noche un piquete fue a buscarlo a su casa. Obes apenas
si tuvo tiempo de entregarle la llave de su escritorio a un criado suyo.

"un negro bolazón de toda confianza", llamado Fernando. En el momento
en que los soldados lo llevan, Obes se despide de su criado, y al
estrecharle la mano le hace una seña rápida con la mirada, tratando
de indicarle que en aquel escritorio guardaba los papeles "quemantes" y
comprometedores.

No bien sale el piquete con el detenido, el negro Fernando se precipita
hacia el escritorio, lo abre febrilmente y encuentra allí algunas cartas.
No vacila un instante, las rompe y en un santiamén se las traga todas.
Llegan otros familiares a buscar, inquietos, los papeles. El negro
Fernando se señala contento la barriga, refregándosela, y en su
media lengua les cuenta lo que acaba de hacer. Casi enseguida regresan
los esbirros de Elío a requisar los papeles. El esclavo, con su mejor
expresión de inocencia, los mira llevarse cuanto quieren...

Su gesto salvó a Lucas Obes de la tortura feróz y salvaje, legendaria de
las prisiones de Elío y de la asimismo segura posterior muerte, pero no
de la prisión. Fue conducido a la Ciudadela, y cuatro días después salió
desterrado hacia La Habana. Allí, aparte de padecer el destierro, como
tantos otros exiliados políticos de esa época en Cuba y en los Estados
Unidos, contrajo el vómito negro, del que se salvo providencialmente.

"Boulevard Sarandi" de Milton Schinca.
(Por los tiempos de Artigas - 1808-1816)
Anecdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.

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