El castigo ejemplarizante para el Negro Juan
  La Justicia, en los primeros tiempos de Montevideo, no era muy clemente que se diga.
Pero podía en ciertas ocasiones excederse aún más de la norma corriente y llegar a extremos inconcebibles de crueldad frente a determinados delitos: pongamos por caso, los que hacían peligrar el precario equilibrio de aquella sociedad tempranamente esclavista.

Así, cierta vez un esclavo de nombre Juan dió muerte en 1745 a su amo Sebastián Rivero, yerno de uno de los fundadores de nuestra ciudad.
Lo ultimó con un hacha en su estancia a siete leguas de Montevideo.
Lo que el amo habría hecho con el moreno antes del crimen no lo nombra la crónica de la época, pero lo podemos imaginar ...

El hecho provocó tremenda conmoción en el flamante poblado, y el castigo dispuesto - que mas se parece a una venganza sanguinaria y encarnizada - se excedió en su saña ejemplarizante.
El Negro Juan fue primero arrastrado por las calles de Montevideo, atado a la cola de un caballo.
Luego, con la misma hacha que el utilizó, se le cortaron las manos, que fueron clavadas en la horca para que todos las vieran.
Después, el hacha homicida fue arrojada al mar.
El culpable fue ahorcado publicamente, pero no conformes con esto, se le decapitó, y su cabeza quedó expuesta ensartada sobre un palo en el Camino Real de las Estancias, para terrífico aleccionamiento de todos.
Lease de los demas esclavos.
No fuera cosa que aparecieran imitadores ...

"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(Los días de la fundación y la colonia - 1726-1805)
Anécdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano.

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