Andresito: el caciquillo.

  Esta nota se propone mostrar sendas cartas de Artigas, dirigidas a indios amigos; eran jefes que ayudaban en la guerra y a quienes Artigas trata con confianza y afecto.
Bien leídos, esos textos muestran parecidos, pero también diferencias: y cuando se presta atención al estilo, esas diferencias resultan notablemente expresivas.
En setiembre de 1816, cuando la invasión portuguesa por la frontera norte es inminente, Artigas decide atacar las Misiones orientales, en vez de defenderse; y el encargado de llevar esa guerra a territorio brasileño, es un hombre nacido en Portugal (Brasil) en San Borja; un indiecito misionero llamado Andrés Guacurarí, que por pura admiración, decidió ser Andresito Artigas.
Tiene en ese momento 38 años y es un tape de baja estatura, muy inteligente, convertido a la religión católica; un revolucionario amigo de aludir a la Biblia, en sus comunicados. La relación con el Jefe de los orientales es muy estrecha, Andresito es su ahijado y su hombre de confianza; lo eligió para la misión más audaz: hacer lo que los españoles nunca se atrevieron, caer de sorpresa sobre Portugal.

LA DESOBEDIENCIA. Andresito invade y pone en fuga al enemigo y cuando tiene San Borja sitiada y a su disposición (cuando ya envió el correspondiente ultimátum con un plazo de tres horas) el ánimo le flaquea el asalto no se produce y así pasa una semana (del 23 de setiembre al 3 de octubre).

San Borja, es una población abierta, apenas defendida con parapetos de cuero y los sitiadores ya demostraron que son más y que están mejor armados, disponen de artillería y tienen caballos, pero nada pasa. No pasa nada, hasta que Ilegan refuerzos que vienen a auxiliar a los sitiados; y Andresito, puesto entre dos fuegos, debe retirarse con grandes pérdidas.
Dejó por el camino las piezas de artillería. La invasión termina en una corrida.
Entonces Artigas, le escribe una carta y lo que escribe Artigas ante el desastre, no se arece a ningún documento de los producidos durante revolución. Es una carta india, que prueba una vez más la doble condición cultural de Artigas.
Es difícil imaginar un texto menos napoleónico.

ANDRESITO. Siendo usted alto objeto de mi estimación —le escribe Artigas—con alto dolor mio digole que usted no ha observado celosamente, las repetidas y terminantes ordenes que le dirigí a Santo Tomé. Debió usted atacar y tomar San Borja, sin lástima y sin pérdidas de tiempo. Pero aún cuando no se me alcanzan cabalmente los motivos que lo indujeron a no asegurar el primer golpe, tal como yo se lo había mandado ejecutar, quiero que se penetre de una vez por todas, del valor de las reflexiones que paso a exponer.
Mire que si bien los buenos militares deben hacer la guerra sin ofender los derechos de la humanidad, la clemencia que empleen para quienes se oponen con las armas a nuestros anhelos de libertad, debe empezar recién después del momento en que esas armas fueron rendidas, y no antes.
Vencer fulminantemente, debió ser su cifra.
Confié a usted la recuperación de los siete pueblos misioneros para que así se allanasén mis pasos hacia el corazón de la Capitanía de Rio Grande. Pero usted no lo hizo y me ha puesto con ello en grandes dificultades para dar feliz andamiento y término a mi plan.
No le será difícil calcular los sentimientos que arrancan de mi corazón estas expresiones y espero que en lo sucesivo sea usted más inexorable en el cumplimiento de su deber. Aunque la suerte no se canse de desairarme, yo no me cansaré, pues me sobran bríos para reiterar la protesta de no dejar las armas de la mano, hasta no contemplar a nuestra patria, libre de los tiranos que la oprimen. Hay que prepararse de nuevo para exterminarlos Quieren enterrar mi programa de reorganización de las Provincias del Río de la Plata, incorporando esta Banda Oriental al reino de Portugal.
Pero no podrán consumar la afrenta. Aún en medio de los mayores apuros y miserias, no cederemos...
Al Jefe de los Orientales podrán arrancarle la vida, pero no llegarán nunca a envilecerlo al extremo de que venda el rico patrimonio de su patria, al bajo precio de la necesidad.
Siga usted sin desmayo el camino a La Tranquera y eleve el ánimo de los indios desparramados por los contornos de la laguna de lberá,...
No protesto de que usted sea particularmente el responsable de los irremediables contrastes sufridos; antes bien, hago un llamado a su corazón y espero que sabrá recuperar con valentía la espada que perdió frente a su pueblo de San Borja, su amada cuna y la de sus padres. JOSE ARTIGAS. (1)

EL CACIQUILLO. Ahora, vamos ver el otro documento artiguista; está dirigido a un charrúa, es la famosa misiva quc usa el Caciquillo como título de honor.
Escribe Artigas:
—“Cuando tengo el gusto de hablar al noble cacique don Manuel Artigas, lo hago con toda la satisfacción que me inspiran sus dignos pensamientos. Yo estoy seguro de estar siempre con vos, así como vos debés contar conmigo.
Nada habrá capaz de dividir nuestra unión y cuando los enemigos se presenten al ataque, nos verá el mundo ostentar nuestra amistad y la confianza que mantenemos.
Yo estoy convencido de tus buenos sentimientos; por ellos y por las demás condiciones que te adornan, seré siempre un amigo tuyo y de los que te siguen, tu padre, Artigas,”(2)
La manera en la cual este documento llega hasta nosotros aclara su sentido, El original no terminó en ningún archivo, puesto que lo usaba el Caciquillo como parte de su indumentaria, para exhibirlo en cualquier momento. También solían usar los caciques charrúas un certificado de cacique, extendido por las autoridades españolas (el gobernador de Montevideo, por ejemplo). El papel, que se llevaba encima bajo sol o lluvia, iba guardado en una bolsita de piel de tigre, colgada al cuello.
Un oficial de Manuel de Sarratea, llamado Baltar Bargas (cuando Artigas y el general porteño están enfrentados gravemente a punto de iniciar las hostilidades, hacia setiembre de 1812 le da cuenta a su superior de un episodio nada común:
—“Encontré al Caciquillo en mi campamento. ha llegado de paseo, con una escolta de ocho indios, vienen decentes. Traen dos chapeados muy hermosos que mi gente ha reconocido, uno es de Bartolomé Pérez y el otro de don Felipe Hernández. También traen estribos de plata y un hermoso pellón.
Preguntándoles como les había ido por adentro(Chamizo, Carreta Quemada, Pintado) me mostró el adjunto (documento) el Caciquillo. El cual copié para satisfacción de Vª.Eª" (3).
Esa copia que hace sacar Bargas, es la que nos permite conocer las palabras que Artigas le dedicó a su hijo, porque Sarratea la elevó a su vez, al superior gobierno en Buenos Aires y por consiguiente, el texto termina en el Archivo General de la Nación Argentina, donde se puede leer, en perfecto estado de conservación. El original se perdió junto con la vida del Caciquillo.

DOS ESTILOS. Hemos mostrado fragmentos de la carta al comandante Andresito Artigas y dijimos que su planteamiento era indio.
Ahora vamos a comparar ese modo de hablar con la carta al Caciquillo, segundo documento indio.
Ningún jefe guaraní estuvo tan cerca del afecto y de la confianza de Artigas como Andresito, sin embargo, sigue dIciéndole de usted. Este distanciamiento en la cortesía, no existe con el Caciquillo. El trato con Andresito es emotivo, pero no íntimo; se mantiene dentro de ciertas formalidades, conjuga los verbos a la española y por momentos llega a la grandilocuencia de la tercera persona : "Al Jefe de los Orientales podrán arrancarle la vida, pero .... "
La carta termina empleando a fondo el recurso conmovedor: Espero que sabrá recuperar con valentía la espada que perdió frente al pueblo de San Borja, su amada cuna y la de sus padres.”
Pero al Caciquillo, Artigas le habla de modo coloquial, como a su muchacho, teniéndolo mucho más cerca: “Yo estoy seguro de estar siempre con vos, así como vos, debés siempre contar conmigo”.
Es la diferencia que media entre el lenguaje paternal de un caudillo para un jefe indio; y el modo de hablarle a un hijo, familiarmente.

(1) Cabral, Salvador, “Andresito Artigas” (fragmentos), Ed. Castañeda, Buenos Aires, 1980, pág 118 quien a su vez lo copiara de Miguel Victor Martinez, “Andresito, caudillo guaraní”, Ed. Barreiro y Ramos, Montevideo, 1949, págs 77-79
(2) “Artigas y su hijo el Caciquilo. Ed. Fin de siglo, Montevideo, 7ª edición, 1999, pág 27
(3) "Artigas y su hijo el CaciquiIlo”, op cit, pág 25

Carlos Maggi - El País - 2 de enero del 2000
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