"El barrio del Cordon"

  Para muchas personas resulta difícil imaginar por qué el dilatado e histórico barrio del Cordón, que se extiende hacia el Este de la Ciudad Nueva, lleva ese nombre. La primera idea que esa denominación sugiere es la de "cuerda", lo cual, etimológicamente, es correctísimo. Cordón procede del latín "chorda": cuerda.

Pero el sentido común y la investigación etimológica no nos explican del todo por qué causa esa denominación es aplicada a uno de los barrios más típicos y arraigados de la ciudad de Montevideo. Para desentrañar la interpretación correcta, que no es ningún misterio insondable, será necesario recurrir a ciertos datos históricos que rápidamente nos arrojarán luz sobre el orígen de este topónimo.

En el tiempo de los españoles, cuando la ciudad estaba cercada por una muralla reciamente fortificada, lo que estaba más allá de ella era el territorio de "extramuros". A partir de esa muralla comenzaba el paraje del "ejido", que los antiguos vecinos llamaban Campo de Marte, expresión de orígen romano con que aquí se designaba la extensión comprendida fuera de los portones, pero dentro del "tiro de cañón", extensión que se calculaba en unas 600 toesas - medida antigua - lo que equivalía a unos 1.200 metros, vale decir, aproximadamente unas doce cuadras de hoy.

Lo de "tiro de cañón" calculado en 600 toesas era sólo una medida longitudinal teórica, y se usaba para marcar la distancia entre los muros y el "ejido". Probablemente nunca nadie disparó un tiro de cañón desde el Portón de San Pedro, o desde el de San Juan, para comprobar hasta donde llegaba la bala. Pero lo cierto es que en el área del mentado "Campo de Marte", que se calculaba en base a esa medida teórica, estaba prohibido edificar desde la época de la vigencia de las leyes de Indias. Esos terrenos se guardaban para desarrollar en ellos una futura extensión o ampliación de la ciudad, ampliación que no se verificó nunca en tiempos del rey, per sí en cuanto se inició la era republicana, cuando se diagramó allí la "ciudad nueva" de Montevideo.

La prohibición de edificar se justificaba, además, por el peligro que entrañaba la posición de esas tierras, tan próximas a los muros, en caso de un ataque. Pero el impedimento de levantar construcciones en esa zona, que legal y teóricamente habría sido imperioso durante la colonia, en los hechos no lo fué tanto. La disposición resultó constantemente transgredida y fueron muchos los vecinos que levantaron allí casas, tahonas, depósitos y otros edificios, aunque de fajina y no de materiales, para poder despejar rápidamente el lugar en cualquier emergencia.

De modo que el "tiro de cañón", las 600 toesas, marcaba el límite del "Campo de Marte" en los "ejidos" de la ciudad, y se situaba, más o menos, por donde hoy corre la calle que lleva el nombre testimonial de Ejido. Después del ejido, hacia el Este y hacia el Norte, empezaban los "propios" del Cabildo, que eran las dehesas para pastura del ganado común, según preveían las leyes de Indias. Estos terrenos que, como los del "Campo de Marte", también eran de propiedad fiscal, finalizaban donde comenzaban las chacras repartidas por la corona a los pobladores de Montevideo.

El límite entre los "propios", o dehesas del Cabildo, y las chacras de los pobladores, estaba marcado, desde el siglo XVIII, por la línea que se llamó "de Propios" (y ahora es el bulevar Batlle y Ordóñez, ex camino Propios). Esta línea se extendía, y se sigue extendiendo, entre el "Cerro de Montevideo Chico" (ahora llamado Cerrito de la Victoria) y el Río de la Plata (a la altura del actual barrio del Buceo).

Pero nos habíamos propuesto desentrañar el orígen del nombre del Cordón. Ahora sabemos que después de las murallas de Montevideo se extendían los "ejidos", cuyo límite estaba marcado por el tiro de cañón a una distancia de 600 toesas de la fortificación. Y más allá se extendían los "propios" o dehesas del Cabildo, que eran campos para pastura del ganado. En un mapa se puede observar que las actuales calle Ejido y bulevar Batlle y Ordóñez corren aproximadamente paralelas.

Pues bien, en 1750 se dispuso, según relató don Isidoro de María, el disfrutable cronista del Montevideo antiguo, que se practicara una demarcación, con mojones, en la línea del "ejido" que separaba el "Campo de Marte" de los "propios" del Cabildo.

Este "cordón de mojones", trazado en 1750 para delimitar ambos parajes, dió orígen al nombre de Cordón con que se conoció entonces la zona por donde se extendían estas señales, nombre que después, desde el siglo XIX, se comunicó al barrio que da inicio a la "ciudad novísima", al Este de la "ciudad nueva".

El primer mojón se colocó en la llamada "piedra nativa", contigua al arenal de la fuente de las Canarias, en la Aguada (lugar que situamos aproximadamente en la hoy intersección de las calles La Paz y Yaguarón, donde estuvo la archifamosa Quinta de las Albahacas). La línea demarcatoria continuaba hacia el sur, cruzaba la Cuchilla Grande por donde hoy están la plazoleta del Gaucho y el Palacio Municipal, y culminaba en el Río de la Plata, en la playa que se llamó de Santa Ana, aproximadamente donde se cruzan ahora Gonzalo Ramírez y Barrios Amorin.

Este primer trazado del "cordón de mojones" debió ser rectificado en 1786. Para entonces, la pérdida o destrucción de muchas de las marcas y la presencia de vecinos asentados ilegalmente en el paraje - con su secuela de complicados pleitos -, obligaron al Cabildo a practicar una nueva diligencia de mensura, que esta vez fué encomendada al perito agrimensor don Matías Sánchez de la Rozuela.

Pero en esta diligencia de 1786, el Cabildo varió la medida primitiva de las 600 toesas y la sustituyó por una distancia de 1.600 varas contadas a partir del extremo de la Ciudadela, lo cual llevó la línea del "cordón de mojones" unos 400 metros mas al Este del lugar donde había estado emplazada la primera.

El sitio donde presuntamente, en 1786, se colocó la "ahuja" (léase hoy "aguja") para trazar la línea habría sido ubicado en un predio de la hoy calle Hermano Damasceno, entre Galicia y Cerro Largo. En la finca No. 1728 de esa calle, existe una placa conmemorativa de esta segunda medición, colocada allí, en 1950, en ocasión de los festejos del bicentenario del Cordón.

Queda claro, entonces, que, como lo indica la palabra, el Cordón no es otra cosa que un "cordón de mojones". Su objeto fue, simplemente, el de separar los terrenos del ejido de las tierras de propios.

"Los barrios de Montevideo"
Ricardo Goldaracena
Ediciones Arca - Montevideo

EL CORDON - Visto por un Cordonense
Por J. C. SABAT PEBET

Quien observa hoy las propiedades horizontales de 18 de Julio entre Ejido y el Bulevar, como una auténtica realidad montevideana; quien advierte toda la movilización existente entre la referida arteria y la de Constituyente; quien, en una palabra, halla al Cordón como una cosa vieja que se va renovando, tendrá sus problemas para relacionar todo ello con aquella seudo teoría según la cual, para resolver los problemas urbanísticos, habría que construir las ciudades en el campo...
Y, sin embargo, el Cordón es buena prueba de que no andaba tan errado el proyectista de marras. Porque toda esa zona, no fue otra cosa que un pedazo grandote de campo en el que se construyó, no sólo para regalárselo a la Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, sino para suplirla y hasta para convertirse en el centro mismo de la urbe. Hoy – y hasta que se haga su reconstrucción magnífica proyectada- aquel Montevideo peninsular, aquel Montevideo post-Isidoro de María, va que dando como cosa arcaica tan lejana, no obstante sus pergaminos y su prestancia mientras el antes despreciado Cordón representa una inyección biológica que asombra a los mismos cordonenses que lo conocieron hace poco más dé medio siglo.

UNA LEYENDA BALÍSTICA MENOS

Aquello de que el Cordón, o línea imaginaria trazada en los límites del Ejido de la ciudad, tuviera su origen en un tiro de cañón lanzado desde la misma Ciudadela, para convertir todo el espacio intermedio en un terreno despoblado, defensivo de la villa militarizada, terreno que llevó el muy mitológico nombre de Campo de Marte, sonaba a origen ilustre, a ritmo bélico de 1812 de Tchaikowsky, o por lo menos, a charanga de un apuesto regimiento de artillería. Ese tiro quedaba muy bien. Grande habrá sido la decepción de algunos, cuando en 1950, el 26 de abril para ser más exacto, quedó deshecha la hipótesis, al convertirse lo balístico en un simple problema de agrimensura militar. Fue el arquitecto D. Carlos Pérez Montero, quien en conferencia dictada en el Instituto Histórico y Geográfico, con motivo de los festejos motivados por el Bicentenario del Cordón, dijo "que el tiro de cañón era una unidad de medida que se empleaba para señalar una distancia determinada-, y que ahora la tradición modificó la realidad de los hechos convirtiéndolo en un acto simbólico que la imaginación popular lo ha tomado... como un precioso documento".

UN AUTENTICO HEROE EN LA BARRIADA: ARTIGAS

Si la verdad histórica pudo deshacer una hermosa leyenda, en cambio riquísima documentación prueba que el héroe máximo de la Patria, tuvo larga presencia y mando dentro de la zona. Ahí están los espléndidos tomos Publicados por el Archivo Artigas, para demostrarlo. Un documento de 1804, demuestra las dificultades en medio de las cuales vivían los vecinos. "La extensión de los nuevos muros de fortificación hasta el punto que designa el terreno dominante a esta ciudad y se conoce con el nombre del Cordón es una instancia que al paso que se dirige a constituir al Pueblo en un estado excelente de defensa se consulta con ella al subsistencia de un crecido número de buenos edificios, y se enjuga el llanto de tantos vezinos (sic) que especifica el empadronamiento que acompaña este expediente que sin otro delito que hallarse situados en la distancia del tiro de cañón de la Plaza miran con dolor la demolición de sus avitaciones (sic) con que a cada paso se les “amenaza” (Op. cit, III, LVIII). Y se transcriben muchas listas de Revista. Siempre en las mismas está presente, con cargos de jerarquía, D. José Artigas. Por momentos, se le da como ausente por cumplir importantes comisiones en campaña. Mientras la Guardia del Cordón, recibe a muchos presos, envidos precisamente por el futuro Precursor. Todo ello demuestra que el Cordón fue centro, y buen centro, de actividades del blandengue inmortal.

MAS DE HERÁLDICA CORDONENSE

Esto de heráldica, no puede pasar de frase generosa, porque según el testimonio de D. Isidoro, "los cardos y las lagartijas campeaban por sus respetos”, en el Cordón del 1795, aunque abonaran en favor del futuro barrio “la ausencia de arenales estériles y el recuerdo, sobre todo, de que veinte y tantos años antes (1767) se habían delineado en el Cordón unas sesenta cuadras con calles de quince varas de anchura, para población, por Bartolomé Mitre, poblador del paraje y comisionado al efecto”. De donde se deduce que el Cordón fue bienquisto por el fundador de una rama ilustre en la nación argentina. Y se dan más apelativos: Ximénes, del Valle, Medina, Melilla, Sandobal, sin faltar la Paraguaya. Además, el más importante: José Antonio Artigas.
Es de saberse que, hacia el año cita do, el párroco de la Matriz, solicitó para el Cordón la calidad de viceparroquia, lo que obtuvo poco después, y la capilla se construyó a los fondos de lo que todos conocemos por iglesia del barrio. Mientras tanto, allá donde ahora se halla la Universidad, los Hnos.
Fernández, ubicaron su Cristo, actualmente mudado junto al muro eclesiástico, mientras ellos descansan en el Cementerio Central, bajo la cruz de piedra del 2º cuerpo.
Mientras las lagartijas habrán fugado el año 1807, los cardos pasaron a la historia, pues a la batalla donde pereció Maciel, "EI Padre de los Pobres”, se le conoce precisamente por el Cardal. Como vecino meritísimo de la zona en la época, De María cita al cirujano fernandino D. Francisco Dionisio Martínez. Y después del 10, a los Morales, Lezama, Arismendi, Fernández, Pisani, Portugal, Beltrán, Meléndez, Gracia, Cienfuegos, Abalos, Buxareo, de los cuales tenían hornos de ladrillos Arismendi y Portugal, además de Macuzo, Meneses, Casal, Acosta y Barreiro.

ANTIGÜEDAD Y TOROS EN EL BARRIO

Aunque la piqueta se está llevando muchos rastros, la prueba de que Montevideo cumplió con la orden de "no edificandi" entre la Ciudadela y la línea del Cordón, la proporciona ese conjunto de construcciones viejísimas allá por las calles Paysandú y Cerro Largo, bien enclavadas en zona cordonense, y que aceptan cualquier comparación de vejez con las de la llamada Ciudad Nueva. Otra prueba la dan las desigualdades con respecto a la línea de la calzada. Pero quien quiera observarlo, apresúrese porque la propiedad horizontal no tiene mucho respeto que digamos por la tradición y por la historia.
De lo que nada queda, y esto ya hace muchísimos años, es de la plaza de Toros, ubicada sobre la línea misma del ejido, a la altura, aproximadamente, de la calle San José. Fue el espectáculo de mediados del siglo pasado, y el ruedo resultó el intermedio entre el de la hoy calle Sarandí -bien cercano a la Escollera-.y de la Unión, que llegamos bastantes a conocer. De esa plaza, permanece sólo un hecho literario, Las TORAIDAS, de D. Francisco Acuña de Figueroa, el ilustre autor del Himno.

UN CRIMEN Y UN MOTIN

Ya el Cordón poblado, con sus típicas casonas de un piso, de patios grandotes, adornados con macetones de barro, fue sacudido por dos hechos trágicos en la última década del siglo. El primero de ellos, tuvo una repercusión que llega hasta nosotros por circunstancias especialísimas.
Fue el crimen de la calle Chaná. Todavía se conserva la casa que dio motivo al hecho. Se le ve desde la callo Juan A. Rodríguez -antes Sierra- en dirección hacia Chaná. Salía una noche de ella el Sr. Butler, que había actuado en las patriadas, y fue muerto misteriosamente de un balazo. Había un motivo romántico: la visita fue motivada por razones de amor. Dentro del misterio, no faltó quien acusara a un militar, el mayor Almeida, qué tenía relaciones amorosas con la hermana de la novia del Sr. Butler. ¿Causas? Desavenencias entre ambos, motivadas por la tirantez política de aquellos años. ¿Pruebas? El mayor había estampado dos veces su firma en el album mortuorio de Butler. Y Almeida fue a la cárcel, porque aquello, que seguramente no pasó de una distracción tan posible, hizo ver a algunos un estado emocional especialísimo, como de quien tiene parte en un delito. Hacia, la época, el mundo había sido convulsionado por el famoso “affaire” Dreyfuss, por supuesta venta de documentos secretos a potencia extranjera; la conmoción producida en Francia; la reclusión del desdichado militar en la Isla del Diablo, luego de su degradación; el formidable "J'acusse" del escritor Emilio Zola, y, por fin, la rehabilitación de Dreyfuss. El crimen de la calle Chaná fue nuestro caso Dreyfuss en miniatura. E hizo de Zola, un abogado que se inmortalizaría luego como extraordinario pintor de nuestros candornbes y de nuestros gauchos: el Dr. Pedro Figari. Fue tan convincente la defensa, que también se llegó a la declaración de inocencia del desdichado mayor Almeida, cosa ratificada bastantes años después por las declaraciones de un moribundo, verdadero asesino de Butler. Pero el dolor producido por un gran yerro judicial, no hay fuerza humana capaz de hacerlo desaparecer del todo. El segundo hecho convulsionó al Cordón de extremo a extremo. Aquí sí hubo metralla, pero no con fines de imposible medición, sino con los de toda la artillería del mundo. Se trata del motín del 4 de julio del 98, contra el presidente Cuestas, que, a pedido de una formidable manifestación popular, había dado un golpe de estado el 10 de febrero anterior.
Las fuerzas amotinadas llegaron desde la Unión, tomaron el cuartel de la calle Carmen (hoy Víctor E. Haedo ex Dante) y República, la comisaría de 18 de Julio y Salsipuedes (hoy J.,Paullier) y se dirigían hacia el edificio de 18 de julio y Yaguarón, terreno que en la actualidad ocupa el diario "El Día” ( ocupaba, hoy hay una galería comercial – N.E.). Pero el ministro D. Rufino Domínguez y el después General D. Sebastián Buquet, entonces jefe del plantel de artillería ubicado donde se halla la Municipalidad, con las tropas en la calle y las granadas por el aire, detuvieron la intentona. Son de imaginar los sinsabores de los pacíficos vecinos de las calles Rivera chica (Guayabos) y Lavalleja, donde llovieron las balas. Las buenas señoras utilizaban cuanto hallaban a mano, hasta frazadas, y colchones, para evitar las incómodas visitas balísticas. Conserva el autor, un cuadro del conocido pintor D. Diógenes Héquet, en que queda inmortalizado el episodio, a la altura de Lavalleja y Magallanes.
A nuestra generación le cupo conocer otro golpe de estado cordonense. Pero éste no necesitó de descargas.
Fue el del 31 de marzo de 1933, que tuvo al Cuartel de Bomberos como eje de actividad ...

PELIGROS DEL MICROCOSMOS

He escrito mucho sobre el tema, lo cual hace sumamente difícil no repetir algún recuerdo, algún pensamiento o alguna anécdota. No obstante lo simpático que resulta el desarrollo, permanentemente hay que estar venciendo otros impulsos. Los de la sensiblería propicia al microcosmos infantil y de la primera juventud, con su imán de posibles bandoneones. Pero subsisten dos recuerdos firmes al margen totalmente de esos inconvenientes: la tranquilidad aldeana y el patriarcalismo.
Las anteriores alusiones a sangre, pueden hacer pensar al desprevenido lector que el Cordón de hace medio siglo, fue aventurero y escandaloso.
Todo lo contrario. Una placidez de soneto aldeano de Julio Herrera y Reissig, presidía el panorama. Mucha sangre vascongada, bastante italiana, conocimiento de todos por todos, patriarcalismo suave. Los declives convertían la esquina de Lavalleja y Magallanes en el foco inundable y obligaban a la eterna presencia de los "cuarteadores", que ayudaban en la cuesta a los últimos tranvías de caballitos, con su cuerno imborrable de la primera memoria, como resabio de imposibles cetrerías. Hacia fines de la primera década de este siglo que vivimos surgieron, con la electrificación, los iniciales 32, por Lavalleja, a 18 y Bulevar, y los 19, de “La Transatlántica" por Magallanes, al Parque Urbano (hoy Rodó). Mientras aparecían aquellos armatostes, llamados arcos voltaicos, que obligaban al cambio diario de los carbones, y que un día sí, y otro también, por mala calidad de los mismos, por vientos, o por lo que fuera provocaban “apagones” de cuenta propia. Y permítaseme que repita una mi imagen que ya he gastado, porque la quiero mucho. De todo ese conjunto, como síntesis vegetal, el paralelismo verde de la calle Lavalleja.

LA CIUDAD UNIVERSITARIA

Hubo mucha gente que hizo bien a la infancia y la juventud en la zona.
Tanta, que seguramente se ha de incidir en omisiones, si no se tiene a mano la colección completa de "La Voz del Cordón", un meritísimo periódico dirigido por el Sr. Walter Perna, organizador también y presidente por varios períodos de la Comisión Pro Fomento del barrio, uno de esos Quijotes que tanto se necesitan para crear vínculos y espíritu solidario. Y que, al revés del hidalgo manchego, no debe abandonar su ínsula, aunque sea muy dura la empresa.
Hay un nombre venerable, que puede sintetizar a todo el magisterio: Aurelia Viera, directora por muchos años de la escuela de Guayabos y Gaboto. Fue una verdadera guía, formó hombres, no provocó "traumas' -como ahora gusta decirse con su cierta dureza. Salieron de sus clases muchos que no pasaron a aulas superiores y que, sin embargo, llevaron un bagage magnífico de aptitud y de conocimientos. También fueron afama das la escuela de las Srtas. de Manrupe, la de la Srta. de Aguirre, y tantas otras.
Yo me formé en dos las del escuelas del barrio. Mejor dicho en tres ambientes, uno sin escuela. Me refiero a quien me enseñó a leer, y hoy es mi muy distinguida secretaria particular honoraria, la Srta. Eusebia Pebet, a quien, con motivo del bicentenario cordonense, se le hizo entrega de un diploma que acredita haber vivido más de medio siglo en la barriada. Las escuelas fueron, la de la Srta. Josefina y el Colegio Alemán. La primera de ellas, estaba situada en la entonces calle Rivera chica (Guayabos) entre las de Minas y Piedad (Carlos Roxlo). Subsiste la casona, algo reformada.
Era doña Josefina Marín de María nieta del clásico autor del "Montevideo Antiguo”. Y la escuela se llamaba precisamente “Ysidoro de María”. Aquello era un sacrificio sin lágrimas, la negación de la comodidad, del funcionalismo y de las clases diferenciadas. Todo se desarrollaba en dos modestísimas piezas, con pisos cimbreantes. Y sin embargo, se enseñaba bien y se aprendía mejor. Había un "duende" especial en aquellas maestras, sin huelgas y sin reivindicaciones. Eran nada más que alma. Y un darse continuo a los niños, con un mínimo de retribución La "Deutsche Schule" era cosa muy distinta. Calle Soriano, frente a lo hoy Carlos Roxlo. Ambiente que me resultó muy extraño y donde conocí a dos excelentes preceptores: Herr Schmid, director, y Herr Wille (sanducero, a pesar del "Herr), luego este catedrático de Alemán en Secundaria. Ese magnífico edificio, donde hice “turnen” e intenté “singen” (vale decir: gimnasia y canto), es hoy sede de las escuelas públicas “Venezuela" y "Cervantes”. Deben recordarse, además, escuelas religiosas, como el todavía llamado “Seminario”, así como la itálica y la gala.
Pero, además y por sobre las escuelas, el Cordón fue nuestra Ciudad Universitaria, a partir de 1910 en que los estudiantes entonces portuarios, se vinieron a 18 de julio y a Lavalleja. Con ellos, la animación. Con ellos, los largos desfiles post-clase. Con ellos.. ., las huelgas. ¿Cómo no voy a añorar el edificio de Lavalleja, si en él lo he sido todo, menos portero? Y perdóneseme el "ego" exagerado.
Hacer la historia cordonense de la entonces Sección de Enseñanza Secundaria y Preparatoria, insumiría espacio excesivo. Quede para el año próximo. Hubo allí figuras excepcionales, que mucho han hecho por nuestra cultura. ¿Y el Paraninfo, de la Universidad? Desde sede de la Constituyente del 17, hasta tribuna de Einstein. Y está dicho todo. Todo no. Porque durante muchos años, allí se centró un hecho esencial: la cátedra de conferencias del Dr. Carlos Vaz Ferreira, el magno.

OTRAS INQUIETUDES

Política, religión, actividades sociales, beneficencia, han adquirido importancia suma en el lugar. ¿Política? Recuérdense las primeras asambleas colegialistas del “Stella D´ Italia"; la escisión anticolegialista, que explota en el club de la 7ª, de Constituyente y Magallanes, en edificio existente, hoy vidriería; tantas manifestaciones nacionalistas; es decir toda la realidad y la discusión vernáculas. En materia religiosa, aparte de hermosos templos protestantes, la clásica hermandad de los Capuchinos ha proporcionado nada menos que el primer Cardenal uruguayo. Sobre beneficencia, ahí está la obra admirable de la Liga Uruguaya contra la Tuberculosis, que provocaba el interés de la ciudad plena hace 40 años, con sus colectas callejeras, quizás las primeras de importancia realizadas con nobles propósitos, al margen, se entiende, de las casi prehistóricas de la Hermandad de Caridad en el Montevideo viejo. Otra institución de auténtica solidaridad, que honra al barrio, es la Sociedad "Cristóbal Colón". Y no olvidemos al Hermano Marcelino.

EL TEATRO EN EL CORDON

El subtítulo, también da para mucho, pues el Cordón ha sido y es un amplísimo escenario. A estar a los, papeles que he hallado, el origen es de los de franja verde -seguramente muy ingenua- pues en 1824, cuando comenzaba la decadencia de la Cisplatina, se quejan de dos titiriteros, Pedro Falcón y José Valenzuela, porque "representaron modernamente en el Cordón y en esta Ciudad (la ciudad era Montevideo), la escena de un Frayle y de un Penitente, confesándose con él por el orden numeral del Decálogo hasta incluir el sexto precepto de la Ley divina...”Hay que llegar al 1867, para apreciar en la prensa un TEATRO EN EL CORDON, contiguo a la plaza de Artola, con el prestidigitador Julio.Bosco. Un año después, ya se le designa Teatro de la Esperanza e interviene la Cía. mimoplástica de S. Sanguinetti. Por el 71, cobró bastante importancia otro lugar de espectáculos en el Recreo del Cordón, existente en las inmediaciones de Gaboto, Chaná y Charrúa. Mereció elogios de José Pedro Varela. Contiguos al actual monumento al Gaucho, hubo un Club Dramático Italiano y la Sociedad Stella D' Italia, hasta que ésta, en 1895 da el campanazo, e inaugura su teatro, en Mercedes y Yaro (hoy Tristán Narvaja), que hoy es el que sigue al Solis en esas cosas de la subsistencia. Ha habido en la sala, con altibajos, actividades escénicas de todo tipo. En un principio, las familias del Montevideo viejo se abstuvieron de concurrir, pero luego, con conjuntos aceptables, fue vencida la resistencia. Y por muchos años, hasta que murió a raíz de un accidente ocurrido en dicha sala, Enrique Montefusco hizo de bufo y de héroe. El Pabellón Nacional, (hoy terreno ocupado por la Municipalidad) tuvo su auge a fines del siglo pasado, Zarzuelas, sainetes y circo criollo fueron su condimento. Allí José Enrique Rodó, el grande, se enamoró platónicamente de la actriz Lola Millanes, y le dedicó una de sus contadísimas composiciones en verso.
Allí nació la revista criolla, con el estreno de "A vuelo de pájaro" de D. Enrique De María. Allí trabajó el famoso Frank Brown.
El teatro de aficionados, tuvo también su auge cordonense. Hacia fines del siglo XIX, D. Santiago Fabini y el Dr. Guglielmetti, concitaron el interés musical de muchos elementos jóvenes, en lo que llamaron Conservatorio del Cordón, en la trastienda de la Botica Americana, de 18 de Julio y Vázquez. El Centro Artístico Nacional, fundado el 19 de setiembre de 1894, en la principal Avenida entre Magallanes y Gaboto, sótano del Cnel. Muró, tuvo mucha importancia. Orosmán Moratorio (padre) y Enrique De María, fueron de sus grandes animadores. Por su parte, Ricardo Passano fue el puntal del Centro Artístico de Aficionados, en Magallanes y Canelones. El 4 de octubre de 1904 se fundó el Centro Artístico Uruguayo, Santa Lucía (hoy Santiago de Chile) y Soriano. Tuvo su importancia, especialmente por la presencia de dos figuras que produjeron para el teatro grande: José Pedro Bellán y Alberto Lasplaces. Otras inquietudes: el Centro Larrañaga,,el Círculo Católico de Obreros, el Centro Artístico del Cordón, el Centro Mr. Lasagna, la Sociedad Democrática Italiana, la fundación de la Escuela Nacional de Declamación, de la apostólica profesora doña Concepción Antonelli de Requesens. Hubo también numerosos circos, algunos de interés por iniciación de futuras figuras escénicas, como Luis Vittone. Pero no puede dejarse en blanco, una referencia de interés, ya que no ha pasado a las biografías. Allá por 1904, Florencio Sánchez tuvo sus ratos de bohemia cordonense, junto al entonces llamado “chiquilín” Herrerita.

TIPOS POPULARES

Como último recuerdo de la aldea que fue, cabe mencionar a algunas figuras pintorescas aunque muy al pasar: las damas del "dragoneo" barroco, las del "abre el pino y corre el lino, para que penetre el céfiro matutino"; el coronel, famoso guerrero, pero más famoso por sus analfabetismos que por sus derrotas; la ultra famosa "Cotorrita del Cordón" toda reminiscencia cromática del pasado; él báquico "Negro Pío"; el no menos alcoholizante "Garibaldi con carabanas", frutero y maldiciente; Pablito, el lotero; y el ultra fiel y ultra divertido Vicente Alvarez Galarza

(1) Se cita de memoria el artículo que, el autor dedicara a este último, en el suplemento, Dominical de "El Día", el 10 de agosto de 1952. No se trata, por cierto de un alarde nemotémico, pues no todos los días como ese se sufre, casualmente en el Cordón, una operación gravísima.

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