Pascualito Luna
  Para cuando se haga la historia de la ciudad de Montevideo, (calles, plazas, hechos pintorescos y personajes) el Parque Urbano, ahora Parque Rodó, tendrá desde luego un lugar destacado, como crónica jugosa y viva de una de las etapas mas lindas en el recuerdo popular. Desde el "Circo Sarrasani" hasta la famosa "Vaquería"; desde el inolvidable "Cotorrita Ramos", hasta los números de varietes en la arena de Ramirez; desde la "Flor Azteca", hasta los celebres "Po' Parlamo". Pero en esa tumultuosidad de personajes que escapan a la memoria por la brevedad de su pasaje en esa feria grande del pueblo, uno entre tantos se ubica en las estampas, para quedar engarzado en la historia de nuestra querida ciudad de Montevideo.

Pascualito iba temprano a su negocio, que estuvo instalado dos temporadas donde ahora esta la Montaña Rusa, con un quiosquito diminuto, donde vendía su famoso plato de chivito. En el frente de su negocio un letrero rezaba: "Al Chivito Bonaerense, al pan y al plato, la mejor fatura del Río de la Plata". El plato lo preparaba en un horno con ají, morrón y papas. En la primer temporada, no recuerdo si fue en el 28 o en el 29, hizo tabla rasa con los demas quioscos. Pero lo que llamaba la atención, era que Pascualito no tenía ayudante. Hacía las tres tareas: vendía, preparaba y limpiaba. Los mas conspicuos habitues de Morini del Mercado, del Novedades y del Tortoni, se hacían mentas del chivito de Pascual, y en la segunda y última sensacional temporada del quiosquito, aquello fue una romería.

Pascualito iba tempranito a su negocio y, herméticamente cerrado a todo ojo curioso, preparaba los chivitos. Tenía una provenzal bien picadita a la manteca (perejíl y ajo) que hacía la delicia de los buenos gourmets.

Cuando uno tiene que comerse la mula mentirosa del chivito actual, un vulgar churrasquito que mas se parece a una hojilla de fumar que a una parte del vacuno chicotacista de la era nardoniana, adentro de una tortuga de viena, y saber que se esta estafando a si mismo, porque lo que come, no es no liebre ni mula, ni chivito; la figura de Pascualito Luna aparece recortada en el tiempo, como la de un "adelantado industrial caballero" que diría Barrett, propagando por el mundo su imaginación culinaria, las retortas de su ingenio cocineril; creando desde el dinosaurio al plesosaurio, para fundamentar en la realidad de su ingenio, los versos definitivos del Martin Fierro: "Todo bicho que camina, va a parar al asador". O aquello de: "No pinta quien tiene ganas, sino el que sabe pintar".

Porque un día apareció el quiosquito cerrado, en plena temporada de verano, sin decir agua va. Los golosos del famoso chivito con morrón y a la provenzal, los gourmet de la buena mesa, todos esos catadores que se dan aire de importancia cuando dicen: "Anoche comimos una mulita que ni los dioses" o "Mañana tenemos unas ranas en el rancho del Buceo que van a ser un espectaculo" o aquello de "Para el domingo tenemos un arroz con aperiaces, que va a ser la caída", se quedaron tristes, algo así como huérfanos de un plato pintoresco que a ellos los hacía importantes en el Montevideo de entonces.

... Unos pibes curiosos encontraron un día entre las rocas donde ahora esta el Teatro de Verano, unas treinta cabezas de gato. Algo así como si "las noches de San Bartolomé" de la raza gatuna, descubrieran en toda su plenitud, el rostro sonriente de Pascualito Luna. Y mas tarde empezaron a descubrirse en otros sitios del pintoresco Parque Urbano cientos de quijadas gatunas, como herencia y testimonio de un hábil cocinero, que tuvo la virtud de transformar al gato en sabroso y jugoso chivito al horno, para deleite de los mas exigentes paladares, y para regocijo de los mas encumbrados catadores de los versos famosos: "Todo bicho que camina va a parar al asador".

Estampas Montevideanas de Luis Alberto Varela - Montevideo . 1961

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