El "fanatismo" de Perez Castellano.
  Cuando los británicos asediaban Montevideo en el año 1806 y nuestra ciudad ya estaba a punto de caer, los montevideanos intentaron algunas incursiones a extramuros para ver de desbatar a las fuerzas sitiadoras.
Pero estaban tan mal comandados militarmente, que cada salida se convertia en desastre. El presbitero Perez Castellano ve un día trasponer el porton a una tropa de vecinos armados, y se lamenta: "No pude contener las lágrimas compadeciéndome de la desgraciada suerte de aquellos hombres valientes y honrados, tan mal dirigidos. En esta acción disparatada, sin pies ni cabeza, perdimos 600 hombres. Todo el pueblo quedó sepultado en una profunda tristeza, de la que solo lo hacían volver algunos cañonazos y las balas enemigas que nos zumbaban por los oídos."

Encontrándose Perez Castellano en el Cabildo, entra un Regidor con gran desplante y exclama para que todo el mundo lo escuche: "Y esto no es nada! Ahora va a empezar la fiesta! Lo que tenemos que hacer es capitular". Perez Castellano, al oir estas palabras, no pudo contenerse y contestó con voz mas alta aún: "Si yo hablara delante de los que nos defienden exponiendo sus vidas sobre los cañones, tendría verguenza de hablar. Pero cuando hablo delante de unos sujetos que estan menos expuestos que yo, porque viven y duermen en una casa que esta segura de las bombas por los muchos blindajes con que esta defendida, mientras que yo vivo en la mía, a la que puede desplomar una bomba y matarme, entonces puedo hablar sin temor. Y asi digo que es necesario que tengamos un poco de firmeza, pues el fruto de la firmeza será la victoria. Pero aunque no consiguiéramos la victoria, si somos firmes, el enemigo nos tratará después con mas consideración que si le entregamos la plaza a los primeros ataques."

No debe haberles causado mucha gracia esta arenga a los partidarios de la rendición, que calificaron después al presbitero de "fanático". Esa misma noche se reunió el Cabildo y parece que se deliberó en secreto sobre la posibilidad de rendirse. Volvió a fustigarlos Perez Castellano:
"En el pueblo se corrió la voz de que anoche se habló de capitular. Yo no puedo creerlo, porque no hay motivo ninguno para semejante desatino, que cubriría a Montevideo de infamia tanto como hasta aquí se ha cubierto de honor."

Pero Perez Castellano no estaba solo en su empeño de resistir. Al día siguiente apareció pegado en los muros de la ciudad un pasquín que enrostraba su actitud claudicante a los partidarios de la entrega. "No hay interés mas sagrado que la defensa de La Patria. No hay delito mayor que desentenderse de ella. Ello procede o de traición o de cobardía. Los cobardes han abandonado la plaza; los traidores pretenden entregarla. A los cobardes debe castigárselos dejándolos vivir y hacer pública su cobardía, aparte de imponerles algunas sanciones temporales, para que su existencia sea mas penosa que la propia muerte. Pero a los traidores forzosamente hay que castigarlos con esta última."

Esta postura combatiente fue la que predominó en definitiva, por sobre la flojedad de los timoratos y traidores. Montevideo resistió hasta el final el asedio, hasta que no se pudo humanamente mas. La ciudad cayó, pero con todos los honores. La prédica valiente y levantada del "fanático" presbítero Perez Castellano había marcado el camino.

"Boulevard Sarandí" de Milton Schinca.
(Llegan los Ingleses 1806-1807) Anécdotas, gentes, sucesos del pasado montevideano

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