VINO

Soporífero Corchea era un hombre tomador de todas las bebidas y famoso por el aguante. Un hombre que dentraba a chupar, y dejaba el tendal contra los mostradores. En el asunto de mantener la vertical sin hamacarse, humillaba.

Una vuelta cayó por el boliche El Resorte. Alardeando llegó, y criticando.
En este boliche la bebida es floja como el agua de los fideos.
Nadie le dijo nada pa' evitar cuestiones, pero el tape Olmedo le puso una damajuana de vino arriba del mostrador y lo invitó.
Era un tinto que la gente del boliche tanto lo usaba pa' una fiesta como pa' pintar exteriores.
Especial pa' curar bicheras, pa' matar hormigas, pa' olvidar las penas o pa' sacarle la herrumbre a los fierros comidos por la humedá. Como quien dice, un vinito multi-uso.

Soporífero Corchea miró la damajuana como sobrándola.
Despreció el vaso que le ofrecieron y pidió un jarro. Lo llenó de vino hasta los topes, le hizo una guiñada a la Duvija de puro canchero, y se lo tomó. Lo primero que sintió, fue haberlo tomado. Fue una sensación como si por el garguero le fuera bajando una tropa de cascarudos con zapatos de trepar a las montañas. Pensó que además del vino, se estaba tragando pedazos del jarro de aluminio Mariposa.

Era un vino que antes de llegar a destino le hacía sonar la campanilla como alertando sobre el peligro, pero ya era tarde.
El estómago de Soporífero Corchea estaba hecho a todos los rigores, era sufrido y aguantador, y como el hígado, sabía soportar todo tipo de ataque de a traición.
Pero aquello era otra cosa. Era algo desconocido. Algo que ninguna barriguita era capaz de imaginar que un día le pasara.

Uno sabe lo que es el pánico, uno ha escuchado historias de terror, uno es capaz de imaginarse la calcinante fogata del infierno, uno alguna vez se reventó una uña con el martillo y tiene una idea del espanto, uno sabe muchas cosas, pero mientras no sepa lo que es recibir aquel vino en los interiores, no sabe nada de nada.
Y a Soporífero Corchea, así como le caía el líquido le subían los vapores, con efectos varios. Primero se le reviraron los ojos. Con el derecho miraba el techo y con el izquierdo veía entrar una tropa de elefantes rosados a lunares. Después le rechinaron los tobillos, empezó a escuchar redobles de tambores australianos, se le marchitó una oreja, y por primera vez en su vida habló en alemán. Pa' la madrugada salió, chiflando en búlgaro y jugando al rango solo.
żY cómo es que a la gente de El Resorte no le produce semejantes efectos?
Lo toman pensando en otra cosa.