UNA BOCHA, UN POEMA, UNA ILUSION

Titilante Topete supo estar casado con Ventevea Vetusta, hija del viejo Golondrinio Vetusta, que eran cuatro hermanas, a saber: Chajasita, Colibrina, Hornerana y la susodicha Ventevea, que se conocieron con Titilante, una vuelta que ella pasaba con una canasta de huevos, él estaba jugando a la bocha, se le desvió una lisa, y la fue a embocar justito adentro de la canasta. Que ella lo miró de forma extraña, con una mirada clara, y la otra mirada yema. Sin decir agua va, porque no iba agua, ella agarró la bocha, tomó distancia y puntería, y se la colocó en el pecho a la altura de la cuarta costilla como quien baja de la clavícula.
Pero Titilante no se amilanó. Agarró la bocha, la lavó bien, le dibujó una carita de payaso, y fue y se la dio de regalo envuelta en un versito que decía así:
"Le pido perdón morocha, le pido perdón preciosa, pero a falta de una rosa, aquí le entrego una bocha".

Ella leyó el versito, y quedó tan impresionada, que después lo volvió a medir a la distancia, y le arrojó la bocha rumbo a un tobillo con intención de fractura. Menos mal que el hombre la vio venir, levantó la pata, y la bocha siguió de largo, agarró una bajadita, cruzó unos montes, agarró por un sendero, se metió en el rancho de una viejita que la espantó con la escoba, salió por la puerta trasera, remontó una lomita, y cuando se estaba por frenar agarró otra bajada hasta que fue a parar, mansamente, adentro del boliche "El Resorte".
Cuando la vieron entrar, la gente del boliche se la quedó mirando. Nadie la quiso tocar, por las dudas fuera una bomba. El tape Olmedo le dio unas vueltas alrededor, pidió silencio pa ver si se le escuchaba algún tic tac, y después la salpicó con un buche de vino.
Un buche del vino del Resorte, era prueba de fuego. Si no saltaba ni explotaba con eso, no había peligro. Después, el tape comentó:
- Balero no es porque no tiene aujero, y balero sin aujero no existe porque sería una pavada ponerse a jugar al balero sin aujero.

Ahí se le acercó el pardo Santiago, mamau por unanimidá, y al verle el dibujito opinó:
- Como tiene ojos, y no tiene cola, puede ser sapo de los redondos. Si le ponemos un pucho prendido, y fuma, clavau que es sapo.
Estaban en eso, cuando va la Duvija y le ve el papelito escrito, levanta aquello y lee: "Le pido perdón morocha, le pido perdón preciosa, pero a falta de una rosa, aquí le entrego una bocha". Creyó que era un mensaje que le mandaban a ella, y le dentró una emoción, santita, que le parpadeaba el labio inferior, como quien esta por hacer un pucherito. Después se tomó una copita de licor de menta, para entonarse, se arregló los cabellos, se puso un poquito de sombra en los ojos con la tizne del farol, se pintó los labios con rojo apasionado, y se salpicó con perfume "Olor fatal", de fabricación casera pero una tremendidá de perfume para las narices.

Algunos de los encantos del amor, son el misterio y la ilusión, y la Duvija se quedó leyendo y releyendo el versito, sin pensar en nada más. Pero por allá apareció Titilante, pa reclamar su bocha, porque le venía siguiendo el rastro por los pastizales. Salieron varios a pararlo. No le explicaron nada, porque el caso no era de explicar, pero le dieron una bocha que había abajo de un ombú y lo mandaron de vuelta.
La Duvija mantuvo aquella ilusión, hasta que la pudo cambiar por una nueva, que es la mejor manera de pasar los inviernos, y de mantener las ilusiones.