TRANQUERA

Cotolengo Fortín, casado con Hermosura Cualquiera, una mujer tan bonita, pero tan bonita, que la gente la veía y comentaba... qué bonita!, con decirle que le decían la bonita le digo todo, pero la verdad, muy bonita.

Lo que no le gustaba al Cotolengo Fortín era que la gente se le viniera a la casa sin llamar, era una de esas casas de campo, que la puerta quedaba por allá adelante, él decía que para que la gente se le metiera en la intimidad de la persona, por lo menos había que avisar de lejos.

En la tranquera puso timbre de bicicleta, inteligente el hombre, pero...
Al otro día el timbre andaba sonando en algún monopatín por ahí.
Entoces puso un cartel que decía: "Golpear antes de entrar".
La gente se le empezó a meter en la casa para preguntar... golpear que cosa?, porque la gente del campo es muy atenta y servicial.
Puso otro cartelito que decía: "Por favor golpear las manos".
La gente que pasaba al ver que el cartelito pedía que golpearan las manos, golpeaban y seguían de largo, porque no era gente que le quisiera visitar, golpeaban las manos para hacerle un favor.
Entonces puso otro cartelito, prohibido golpear las manos si no es en caso de necesida', y otra vez la gente se le metía en la casa para preguntar, si había que golpear en caso de necesida' del que golpeaba o en caso de necesida' de él. Ahi nomá' puso otro cartel... "El que llegue de visita que golpee tres veces", y otra vez la casa llena de gente para preguntar cuantas veces tenían que golpear si no llegaban de visita?
Así que puso una campana en la casa con una cuerda que iba hasta la tranquera y le puso un cartel que decía: "Por favor, tirar de aquí", como pedía por favor, todo el que pasaba tiraba porque era gente muy servicial.

Era una cosa que no se podía vivir adentro de aquella casa, tanta campana era como vivir en el campanario de la iglesia y con el monaguillo borracho, por eso se le fue la mujer, tanto golpear, tanto salir a ver quien es, tanto ver gente que un día se le fue y le dejó un cartelito que decía: "Golpe que te van a abrir"

Ahí fue que el Cotolengo Fortín apareció en el café "El Resorte" a pedir consejo, la Dubija estaba picando un queso duro con un hacha, el Tapia Olmedo le hacía punta a un palito, el Pardo Pichi hacía marcas en el mostrador con el vaso mojado y en aquella mesa del rincón, Rosadito Verdoso comiendo higos secos. Al entrar Cotolengo Fortín tan preocupado se le arrimaron para preguntarle que le pasaba, a los tres o cuatro vasos de vino el hombre contó todo, todo el mundo le dió consejos de todas clases, pero el que le dió el consejo justo fue el Negro Blanco, entonces salió del café loco de contento y Ud. se preguntar que hizo...

Colgó 25 carteles en la tranquera y como la gente no tenía tiempo en leer bobadas seguía de largo y sin molestar.