El Tallarín

Hombre que supo ser demorado pa´ sus cosas hablando de tortugas rengas, un tal Butifarro Plastún, un nombre de lo más común, el casado con Indefensa Patí, que se conocieron en el velorio del finadito difunto Amapolo Corujo, que pa´ no estar gastando lo velaron en el cajón de la cómoda, que un mamado le pechó el cajón y lo cerró, y después no lo pudieron abrir porque se chingaba, y al final abrieron un cajón de abajo y estuvieron velando un juego de sábanas y dos camisetas.

Fue un caso muy comentado.

Butifarro Plastún, el casado con Indefensa Patí, mujer más inútil pa´ la cocina que no se ha visto nada, que si un suponer el marido le pedía que le cebara unos mates, ella le cebaba uno solo. Si le pedía que le hiciera unas tortas fritas, ella le hacía una sola y si le pedía que le hiciera lentejas, le cocinaba una sola.

Un caso de lo más inaudito, cuando se levantaba inaudita era tremenda. Entonces Butifarro Plastún se fue hasta el boliche El Resorte pa´ consultar el caso, allí tomando unos vinitos con mermelada pa´picar se encontraba la Duvija, el tapia Olmedo, Rosadito Verdoso comiendo higos, Azulejo, el hermano de Rosadito, hijos los dos de Gricesito Verdoso, Paquidermo Trasluz, Arrebatado Pilón, y un fotógrafo que andaba de paso queriendo vender la máquina, pero la de picar carne, que se supo que era fotógrafo porque se le veian los negativo.

Taban en eso cuando cayó Butifarro Plastún con el problema de la mujer y contando lo que le pasaba, que la mujer le hacía todas las cosas de a una, como ser ñoqui, un sólo ñoqui, lindo ñoqui, gustoso el ñoqui, pero un sólo ñoqui, menudo problema y menudo ñoqui.

Ahí salió la Duvija diciendo que había que tener una consideración con la mujer, porque no es cuestión de tenerla metida en la cocina como si juera una cacerola y después salir por los boliches a criticarla y que había que terminar con todo eso, dijo. Porque si no hay un rispeto para con el trabajo de la mujer, no hay un rispeto pa´ naides. Fue realmente un buen alegato.
Si Sr. hasta el gato la escuchó.

Pero el que lo aconsejó al hombre fue el tapia Olmedo, vaso de vino en la mano, pucho apagado en la oreja, pastito tierno entre los dientes, mientras se arrascaba la otra pierna con el tobillo, dice que va y que le dice, le dijo: pa´ mi, y descupe que cada uno se meta en el cada cual de su cada qué, pero pa´ mi lo que tiene que hacer es llevarle una bolsa de harina de setenta kilos y que haga tallarines hasta que se le termine la bolsa. Ud. le lleva bolsa de harina y después viene y me dice.

Cualquiera hubiera imaginado que iba a hacer fuentones de tallarines.

Butifarro Plastún cayó a su rancho con la bolsa de harina, se la puso en la mesa y le dijo, che mujer, aquí tenes harina para darle a los tallarines, en forma y sin escrúpulos, así que dale a los tallarines hasta que se termine la bolsa. La mujer ni palabra, amasó los 70 kilos, y cuando tuvo la masa bien preparada, la empezó a estirar por el medio, y aquella masa cada vez más larga, y más fina, y aquel tallaruco saliendo por la puerta, serpenteaba entre los pastos el tallarín, cada vez más largo, y se iba poniendo negro por la tierra, al final le hizo un solo tallarín.

Cuando Rosadito Verdoso lo vió cruzando frente al boliche comentó, pah miralo al Butifarro Plastún, ta´ poniendo cable pa´l teléfono.