La sordera de Ligustro Campana

Hombre que supo ser sordo, aura que dice, fue el Ligustro Campana, el casau con Clérica Plaza.
Quedó sordo desde una vez que en el boliche El Resorte se durmió parau contra el mostrador, y les clavaron las chancletas contra el suelo, del lau del talón. A lo que cuando se despertó, fue a caminar y no pudo, y del susto se ensordeció.

Como una tapia, aquel crestiano. La mujer no hallaba forma de despertarlo de mañana. Le ponía al lau del catre cuatro gallos (buenos cantores y puntuales), media docena e' teros y tres despertadores. Cuando dentraba a clariar, sonaban todos juntos a la vez de golpe. La mujer pegaba cada salto que se reventaba contra el techo.
Ligustro Campana ni parpadiaba. Pa' la siesta, similiar. Ella traía unos gurises medios diablos pa' que golpiaran latas, le pisaba la cola al gato al lau del catre, le chumbabalos perros, y el hombre comio si nada. Ricién a la segunda o tercera vez que lo zambullían en la cachimba, se recordaba.

Cuando Ligustro Campana andaba entre gente, pa' disimular la sordera de tanto en tanto chistaba.
Una guelta en el boliche El Resorte estaban la Duvija, Lamentable Jejé, el tape Olmedo, el pardo Santiago y Ligustro Campana, cuando va y cae un guitarrero y cantor. Saludó, pidió una copa y permiso, acomodó un cajón de cerveza como pa' estribar, y después del segundo trago dentró a templar.

Ligustro Campana, pa' ganarle el tirón y que el otro no se diera cuenta que era sordo, fue y le dijo:
- disculpe paisano, pero me gustaría escuchar una milonguita, si es conocedor.
Todos se miraron, el guitarrero dijo que cómo no, encantau, y arrancó con una milonga campera que eraun lujo. Ligustro Campana lo miraba sonriendo, y chistó dos veces, por las dudas. Cuando el hombre terminó, le dijo:
- muchas gracias, paisano, linda la milonga. Lástima la bordona, está baja de tono.
- Pudiera, si señor, - consintió el guitarrero -. Con la humedá miente un poco. - Y repasó el clavijero.

Fue por ahí cuando el tape Olmedo agarró al pardo Santiago, lo llevó pa' un rincón y le dijo:
- mire, don Santiago, - le dijo - a mí, que quiere que le diga, me parte el alma verlo al hombre, sordo, y haciendopapelones pa' disimular. Que en una, fíjese, es capaz que el guitarrero se da cuenta, y le pega sin decirle palabra.
- Y si le pega hablando es lo mesmo - señaló el pardo.
- Yo creo que si nosotros fuimos los que le clavamo las chancletas, nosotro le tenemo que destupir las orejas.
En un acuerdo, los dos agarraronuna escopeta, se le arrimaron de atrs, despacito al Nudo porque era sordo, y apuntando pa'l techo le dispararon los dos cartuchos contra la oreja. El guitarrero, que estaba metido en unestilo, pegó el salto y echó mano. Ligustro Campana se sacudió, oyó un chillido en las orejas y después todo clarito.

Una alegría, aquel crestiano, que saltaba en una pata.
Cuando le contaron al guitarrero, eran las risas.
Dentraron a tommar vino pa' festejar, y all pa' la madrugada Ligustro Campana se fue pa' las casas. Medio mamau, no quiso despertar a la mujer.

Cuando venía clariando, los gallos, los teros y los despertadores entraron a sonar todos juntos a la vez de golpe.
Se ha llevado tal impresión el Ligustro, que ahí anda otra vez el pobre, ensordecido como una tapia y chistando pa' disimular.