HOMBRE SOLO

- Hombre que supo vivir solo, aura que dice, el Agosto Perplejo.
Qudó así de andar acompañado.
Tuvo mujer, cómo no !, Anacrónica Sotera.
Hablando de la mujer, Agosto solía decir:
- Anacrónica es mujer incapaz de engaņarme con otro endeviduo, pero en las casas es una tremendidá pa' tenerla.
Lo engañaba con el mate, por un ejemplo. Se lo cebaba bien caliente y le decía:
- Tómelo de apuro mi gaucho, mire que está medio frío.
Agosto le pegaba una chupada como pa' arrancarle el fondo y se pasaba tres dias con la lengua pelada. Con la sopa similar.

Tuvo caballo, cómo no!
Pero no hacían liga.
Caballo que tenía, o lo mordía al pasarle por delante o le pateaba al pasarle por atrás. El últimop que tuvo, cuando lo diba a montar, en medio del salto se le agachaba y allá volaba Agosto pa'l otro lau.
A veces calculaba el salto como pa' caballo agachado, el caballo se le quedaba quietito y allá se reventaba Agosto contra el costillar.
Se hizo hombre de a pie.

Perros tuvo una ponchada, cómo no!
Podía arrimarse cualquiera al rancho, que al único que iban y mordían era al dueño.
Con el último que tuvo, Agosto dormía en el suelo.
Animalito e' Dios, no le gustaba dormir con gente en el catre.
- Un perro - solían decirle - siempre es una compañía, don Agosto.
- Será, si señor, pero lo que es pa' mi, si le digo la verdá, le miento.
Se fue quedando sin gallinas.
Cuando de mañanita se sentaba a matiar, banquito bajo, junto al brasero, de repente e dentraban todas las gallinas a la cocina y meta picarle los tobillos a toda velocidá.
Las terminó pucheriando en pocos meses.

Pero la cuestión era Anacrónica, la mujer.
Era una imposibilidá pa' vivir con ella.
Cuando Agosto se descuidaba, ella le sacaba las tachuelas a la lona del catre, o le daba vuelta el pucho pa' que lo pitara del lau de la brasa.
De madrugada tiraba cosas contra la puerta, pa'que Agosto creyera que los estaban robando.
No lo hacía de mala, pero tenía eso.
Agosto Perplejo no hallaba la forma de que la mujer se le fuera.
Y eso que se lo decía:
- usté - le decía - lo que tiene que hacer dirse.
Usté verá si es pa' lo de su madre, pa' lo de algún vecino que nunca falta, pero que se tiene que ir se tiene que dir, porque en este rancho con usté no se gana pa' sustos.
Ella como si nada.
Como quien no oye llover, porque como decía Agosto, quien oye llover al menos presta su atención y hasta comenta, no ?

Y una noche el hombre no aguantó más.
Cuando la mujer estaba bien dormida, fue dispacito, le desarmó el rancho y la dejó afuera.
Cargó todo en un carro y después lo paró cinco leguas más pa' allá.
- Así que a gatas si vive con las arañas.
- Ni eso!
Al mudar el rancho fue el desbande del bicherío menudo.
Y ahí esta el hombre, solito mate y chiflido nomás, pero eso sí, tranquilo que es un lujo.
- Y la mujer ?
- Dicen que la estraña.
- No es pa' menos.