Aclareme lo del siglo, plis

-Pa mí –dijo el tape Olmedo- pa mí, tanto da estar en el siglo veinte como en el veintiuno, porque si ya dentró el veintiuno, tá bien, y si dentra pal año que viene, tá bien, y si no dentra, también tá bien, y si quiere dentrar dos veces seguidas, que viva su cara, porque yo, pa mí, como le digo una cosa le digo la otra, porque usté, un suponer, puede agarrar un almanaque, y si lo quiere mirar todos los días, lo mira, y si lo quiere mirar cada tanto, lo mira cada tanto, y si por áhi no lo quiere mirar nunca, tanto da porque los días son los mismos los mire o no los mire, o sea que son como los árboles, que si usté los mira ahí están, y si no los mira, ahí están, porque la mirada no le influye, cosa que no pasa con el perro.

-El perro es distinto.
-Y como le digo perro, le digo mujer, porque tienen una necesidá de que los miren y de que les digan chicho.
-Chicho, al perro.
-A la mujer por el nombre, o negrita, pero la prueba está que los siglos, así de un día pal otro, son iguales, y si usté un suponer hizo puchero el último día de un siglo, y al primer día del siglo siguiente pica todo y hace una ropa vieja, le queda del rechupete, porque el primer día de un siglo, viene al otro día del último del anterior. Vienen a ser como un miércoles y un jueves.

-Algo así como un martes después del lunes.
-A mí me parece –dijo la Duvija mientras le sacaba del cogote, al barcino, una cinta de colores que le había puesto pa que coqueteara en las fiestas y que al gato ya lo venía fastidiando, porque el gato es de naturaleza sin agregados, igual que la persona de origen, pero la persona ya viene con el gene acomodado pa resistir los ropajes y anillos, y si usté al gato lo viste o le pone reloj se atrofia, porque tiene un instinto libertario que fue lo que hizo famolso al payador Carlos Molina y a Cristo, que si viviera estaría cumpliendo como dos mil años, y capaz que le hacían apagar las velitas ahora, y resulta que después las tenía que apagar otra vez el año que viene, y se le harían cuatro mil velitas, cosa que puede pudrir a cualquiera por mejor que esté de los pulmones y demás vías respiratorias del aparato, -A mí me parece- repitió la Duvija-, que este gato está fastidiado por esta cintita de colores, porque no está en su naturaleza –dijo, y se la sacó.

Con las horas, se fue cerrando la noche. Allá arriba se notaban desde abajo todas las estrellas. Rosadito Verdoso y el tape Olmedo, las miraron un rato.
-¿Usté qué opina de esta custión del siglo?
-¿Yo? Yo opino lo mismo.