UN ROBO DE SABANAS

- Hombre habilidoso pa'l tratamiento de la fantasma, aura que dice, Susodicho Pocote, el casau con Antenora Santana que le decían El Martillo porque había clavado a varios.
Un crestiano, Susodicho que le salía e' las casas nada más que de noche.
De día tenía miedo.
Y no era de maula, no, pero como él solía decir:
- yo - solia decir -, de noche le ando hecho un rey, pero en lo claro del día me dentra como un naco porque se ve todito.
Pa' mí que es el misterio de las cosas: usté vé, pero nunca sabe.

Una guelta, en el boliche El Resorte, estaban Biblioteco Sorna, la Duvija, Clorofilo Relles, Nimediga Carlingo, Susodicho Pocote y los demás.
El tape Olmedo, con una mamúa, que al gato lo veía doble y se pasaba acariciando al que no era.
La Duvija picaba queso con un hacha, muerta de risa.
Los otros, similar.
Se hablaba de una cuestión de zapallos, cuando Nimediga salió conque la mujer, si de noche dejaba sábana tendida, al otro día le faltaban.

- Eso - dijo Susodicho Pocote mientras prendía el pucho en el farol - eso es la fantasma.
Hay que resignarse y dejarle sábana, porque cuando por las casas anda la fantasma, si no le deja sábana colgada igual se la pela del catre que ni la nota.
En verano no tanto, pero si refresca, la fantasma tiene eso.
Nimediga Carlingo quedó con el vaso e' vino en el aire, que con el susto no sabía si lo iba a tomar o lo había tomado.
Los ojos como baúles.
El pardo Santiago largó la risa, y dijo que historias de ésas tenía dos galpones, que eran puro cuento y que lo perdonara a Don Susodicho, pero que él no era hombre de andar con Gre-Gre para decir Rolando.

Estaban para dirse a las manos, cuando un ridepente se abre de golpe la puerta, se siente un frío como un velo, miran todos así pa' ese lado, y allí mismito, parada, bruta fantasma.
Fue el disparramo e' genterío e' gente !
La Duvija clavó el hacha en la mesa, el tape Olmedo gritó:
Salven la damajuana !, el gato bufó de pelo parau y dispararon todos pa' atrás de unas bolsas, porque pa' afuera se topaban con la fantasma.
El único que se corrió pa' una punta del mostrador, fue Susodicho Pocote.

De atras de una bolsa, la Duvija lo miraba emocionada.
A lo que la fantasma acomodaba los ojos a la luz, se acerca dispacito y se manda a la bodega cuanto vaso de vino ve servido.
Susodicho le arrima una botella e' caña y la fantasma se le prende por el pico.
Una mamúa se agarró esa fantasma, que le volaba el copete !
Fue cuando de atras de una barrica pegó el grito Nimediga Carlingo:
- Esa sábana es mía, canejo !
- La conozco por ese trabón donde yo enganchaba el dedo !

La fantasma se miró así, y a lo que se vió el rimiendo quedó como avergonzada.
Susodicho que la estaba bombiando de cerca, se dió cuenta y se le atrevió:
- No se preocupe, doña fantasma, - le dijo - que aquí, remiendo, el que más el que menos tiene.
Estamo entre gente humilde, pero de respeto. Estese a gusto.
No hubo caso. Cualquier abombau sabe que fantasma con remiendo se haya hecha una disgracia. Y en copas, pior.
Se le acercó a Nomedigas, se peló la sábana, se la devolvió y se ve que le agarró un aire porque le estornudó en la cara.

Se supo que había salido, cuando el barcino enderezó el lomo.
Después, con la sábana en la mano, Nimedigas Carlingo se sentía culpable de algo.
No sabía porqué, pero tenía ganas de salir a buscarla, santita.