UNO CON RUEDAS

Pero más enamorau de las ruedas que Anilino Adulto, difícilmente.
Hombre muy capacitau pa los inventos, a todo le encajaba ruedas.
Al brasero, al banquito pa tomar mate, cosa de cebarle a las visitas sin tener que levantarse, al de ordeñar, a la mesa, a los pollos y al catre.
Cuidadoso pa dormir la siesta, si alguien le golpeaba la puerta él afirmaba una pata contra la paré y sin bajarse del catre iba a ver quién era.
Si no era gente de hacer pasar, atendía, cerraba, afirmaba la pata en la puerta y se volvía rodando pa su rincón.

Una noche en un baile, conoció a Bobelina Mocheta. Un lujo e baile. Piso de porlan lustrau, pa poder reventar las pulgas contra el suelo con el talón.
Acordeona, guitarra, peine con hojilla, cucharas soperas y tamboril.
Vino tinto y clericó, pa tirar pa arriba.
El indiaje estaba sacudiendo el aspeto de la persona con una polca, cuando llegó Anilino Adulto.
Lo primero que hizo fue tirar dos puñados de bolitas en la pista, cosa que la gente bailara como si tuviera rueditas.
¡Fue el desparramo del genterío!
Se desarmaron las parejas y todo el mundo manotiaba en el aire y se abrazaban a cualquiera, y allá iban a rebotar contra las paredes y volvían pal medio, y arrancaban con una bolita pa allá y otra bolita los traía pa acá y se pechaban como cascarudo contra el farol ¡y era el griterío de las viejas nomás!

Ahí conoció a Bobelina.
La china había calzau una bolita con el talón, y pa que no se reventara contra la paré Anilino la desvió pal lau de los musiqueros.
El del peine con hojilla se tragó el peine pero salvó la hojilla.
Manotón va, bolita viene, Anilino quedó enamorau hasta las muelas y la china similar.
Pa casarse el hombre puso una condición:
-¡Rancho con ruedas!¿Agarra?
- Lo que usté mande, mi gaucho- dijo ella sin un criterio pa nada.

Se hizo un rancho con ruedas que era una preciosidá de bonito. Venía gente de lejos pa verlo.
Cuando apretaba el sol, lo corría pal lau de los ucalitos.
Cuando quería pescar, lo llevaba pal lau del arroyo.
Cuando no quería recibir visitas lo escondía atrás del galpón de los zapallos.
Pero un día se levantó bruto temporal, y Anilino se olvidó de calzar el rancho con unas piedras.
El hombre taba fumando en el catre y la mujer haciendo tortas fritas, cuando el rancho sacudido por el viento salió rodando en una bajadita.
Sin bajarse, Anilino miró pa fuera por una rendija y después le dijo a su mujer:
- Parece que vamo a conocer mundo, si Dios quiere y no chocamos.

El rancho a una velocidá infinita, el hombre fumando en el catre y la mujer haciendo tortas fritas.
En una vuelta el rancho agarró un pozo, se le abrió la puerta, se inclinó, y Anilino salió rodando en el catre pa fuera. Los dos a toda velocidá.
El rancho adelante, con la mujer haciendo tortas fritas, y el catre atrás, con el marido fumando.
Cuando pasaron frente al boliche El Resorte, el tape Olmedo muy mamau taba mirando por la ventana y comentó:
- Parece mentira señor; no hay un criterio pa nada.
Que una mujer se vaya del rancho, vaya y pase... pero que se le vaya con el rancho, no tenía visto.
Bajó medio vaso de vino, miró otra vez pa fuera y agregó:
- Y menos tenía visto que el marido la persiguiera en catre.