Juego que tiene revancha, no es mal juego

"Pa la madrugada, la Duvija salió a mirar el amanecer.
Serenamente, casi sin asombro, pudo ver que el horizonte se estaba acercando."

La frase estaba escrita en arrugada hoja de revista reciente, de las usadas en boliche pobre pa envolver tres pobres huevos.
Pa muchos, media docena es lujo.
El viento jugó con ella, con la hoja, y la entreveró con las de árboles caídas.
Al verlas, en el boliche salió el tema de los juegos, de tabas cargadas, naipes marcados y caballos de comisarios.
Pa mí –dijo Azulejo Verdoso– juego es juego, y si uno no es ligero no gana ni al tatetí.
Yo he visto perder hasta el apetito.

Taban en eso, cuando cayó Patitieso Patí, y va y se mete a contar el caso de un tal Vituperio Moroso, jugador de billar, especialidá carambola con firulete.
Un hombre –decía Patitieso–, que no le daba una pifia ni que le salivaran el taco.
Que ahí alguien le esplicó a la Duvija (que no tenía por qué saber), que si el taco de billar tiene la punta mojada la bola sale pa cualquier lau.
Y siguió diciendo Patitieso:
Una vuelta, va y se pone a tirar carambolas, y cuando iba por el centenar, como aburrido, miró a los mirones, le puso tiza al taco (le esplicaron a la Duvija), lo hizo correr entre los dedos pa practicar el deslizamiento, se inclinó sobre la mesa de tapete verde, posó las vistas en las tres bolas de marfil de plástico, cerró un ojo como quien se duerme la mitá, apuntó pa darle con efecto a la bola, le dio, y allá salió la esfera como chijete, le pegó de refilón a la segunda bola, se trepó a la baranda de la mesa, y cuando todos creían que iba a morir en el suelo, un mamau medio dormido fue a cruzar la pata y la elevó, y allá salió la bola por la ventana, le pegó a una cotorra que iba atrás de la bandada, siguió de largo, la bola, y cuando iba a caer en un arroyo, se asomó un bagre y con un golpe de cola, de revés, la devolvió a la mesa, rebotó en las cuatro bandas elásticas, se frenó, y mansita fue a besar a la tercera. Fueron los aplausos y los vivas de los mirones.

Pero dispués se supo –contó Patitieso–, que tanto el mamau como el bagre, estaban amaestrados pa que el otro hiciera la carambola.
Capaz que la cotorra también.
El tape Olmedo, había escuchado en silencio.
Bajó un traguito de su vaso, y comentó:
Juego que tiene revancha, no es mal juego.
Y se largó a contar.