Un cuento redondo

Un hombre enamorado de las cosas románticas fue Paliducho Pastoso.
Como era romántico tenía la manía de las cosas redondas, porque la luna era redonda y era romántica.
Las cosas cuadradas no las podía ni ver, ni que fueran ravioles caseros.

Las noches de luna llena se la pasaba mirando al cielo, y cuando no había luna llena esperaba a la mañana siguiente para ver salir el sol redondo en el horizonte.
A veces había que ir a sacarlo porque se quedaba encandilado.
Se enamoró de una muchacha porque tenía unos ojazos redondos, pero la dejó porque era Cuadrado de apellido. Se casó con una tal Redondilla.
Cuando Paliducho se enteró que la tierra era redonda, se subió a la punta de un ucalito para verla de arriba y de lejos. Y la mujer a los gritos desde la puerta de la cocina:
- Bajate de ahí atontado, que si querés ver cosas redondas yo te hago unas tortas fritas, así te dejás de hacer papelones que nunca falta un vecino que te esté mirando, y mejor te bajás inmediatamente si no querés que te corte el ucalito, ¿oíste?.

Ahí Paliducho se bajó, se llenó los bolsillos de piedras y enderezó pa el boliche El Resorte.
Iba con intención de tirar piedras dentro de los vasos de vino, cosa de ver los redondeles del vino cuando le cae una piedra, que vienen a ser círculos concéntricos, cosa bonita de ver en las aguas quietas.
Paliducho entró, saludó, y se acodó al mostrador, pidió una caña y se quedó embobado mirando la boca redonda del vasito.
Al rato sacó una piedra del bolsillo, le tomó puntería al vaso de vino del tape Olmedo, y se la embocó justito.
Vaso casi lleno de vino, la piedra hizo "plup" y salpicó vino pa los cuatro costados.
El tape Olmedo quiso fumar pero el vino le había apagado el pucho en la boca.
Eso fue lo que más lo enojó y fue y lo enfrentó a Paliducho y fue y le dijo; lo miró primero, y va y le dice:
- Vea don Paliducho - le dijo -, usté lo que tiene que hacer en lugar de tirar la piedra y esconder la mano, es tirar la mano y esconder la piedra.
Porque usté - le dijo -, no está libre de culpas pa tirar la primera piedra, ni la segunda, y menos en el vino, porque el vino es sagrado. ¿Me escuchó bien?

Paliducho de apellido se quedo paliducho de cara, y después se disculpó y le dijo que era una debilidá que tenía por las cosas redondas, porque para él lo redondo se parece a la luna, la luna se parece al amor, el amor se parece a la felicidá y el quería ser feliz.
Fue cuando intervino la Duvija y salió diciendo que si el hombre quería ser feliz había que facilitarle las cosas, pero el tape Olmedo le retrucó que si quería tirar piedras que allí cerca tenía una laguna y que fuera y tirara, pero que no lo molestara.
Paliducho volvió a disculparse, y dijo que de noche no se animaba a ir hasta la laguna por miedo a caerse, y que si la noche estaba oscura los círculos concéntricos no se veían y se iba a gastar las piedras sin darse el gusto, así que pidió otra caña y allí se quedó quietito.
Pero, al rato, el hombre no pudo evitarlo.
Metió la mano en un bolsillo para buscar los fósforos, y tocó una de las piedras que tenía guardadas.
Fue tocar la piedra y sentir la tentación de tirarla dentro de un vaso.
Se la embocó justito en el vaso de Rosadito Verdoso que estaba comiendo higos.
Paliducho se fue a disculpar, le quiso explicar que se había tentado, pero Rosadito Verdoso no le dio tiempo a nada.
Sacó dos higos de la bolsa y se los estrelló en la frente.
El pobre Paliducho quedó con dos chichones tremendos, y Rosadito Verdoso le pidió disculpas porque no había sido su intención golpearlo tan fuerte.
Paliducho en lugar de enojarse quedó de lo mas contento.
Se fue a la casa y se pasó las horas mirándose los chichones, porque eran dos chichones redondos.