El rastreador

Hombre que supo ser buen rastriador, aura que dice, Nicanuto Lereno.
Pa descubrir una güeya, era una tremendidá !
¡Muy facultáu!.
Él veía una pisada, y sabía si era de caballo o yegua con solo echarle una miradita, sin desmontar.
Hasta el pelaje le decía. Tenía sus conocimientos el hombre.
Y tanto le rastriaba bicho como crestiano.
Cualquier cosa le servía pa' marcar rumbo; un pastito marchito, un fósforo apagáu, la forma e gritar el tero, la cara e susto de una araña, una hormiga con la patita quebrada, pa' Nicanuto Lereno todas eran señales.
Una vez le encargaron si hacía el favor de ver de agarrar un canarito flauta, que se había voláu de la jaula.
Volvió a los cuatro días con el canarito en la jaula.
_¿Cómo lo halló, don Nicanuto, siendo que el pájaro es de poco caminar, y de tranco más bien liviano?.
_Le va dejando marca en el aire.
Con las alitas le deja.
Si no vuela muy alto, lo halla facilongo no más.

Conocía todos los secretos aquel crestiano.
Los aprendió con el viejo Carita Lunes, que lo mató el oficio por trabajar mamáu.
Un día, con mucho vino, le dentró a seguir la güeya a un león, y cuando quiso acordar, de puro descuidau, le pisó la cola.
Una güelta, en el boliche El Resorte, taban la Duvija, el tape Olmedo, Clemento Saliva, Costoso Calibre y Sosegate Quinteto, cuando va y cae Nicanuto Lereno.
Pidió un vino, limpió la orilla del vaso con un pañuelo porque le había visto güeya e microbio, y lo fue tomando de trago corto.

En una punta del mostrador, la del gato, Clemento Saliva tomaba caña y de tanto en tanto se pegaba en la palma e la mano con el mango del rebenque, como enojau.
La Duvija, tristona, dijo que el hombre andaba así dende que se le había ido la mujer y que era lástima verlo, dijo.
Por ahí, Clemento Saliva se le aprosimó a Nicanuto Lereno con el vaso e caña en la mano, y fue y le dijo:
_Usté desculpe, don Nicanuto, pero los hombres se han hecho pal servicio e los hombres, y ando ganoso de ocuparlo.
_Toy pa lo que mande.
_No sé si usté sabe-siguió Clemento-que soy hombre de trabajo, incapaz de andar molestando gente por vicio, pero tengo escucháu de que usté tiene fama e buen rastriador, capacitau pa encontrar bichos y crestianos, y como a mí se me fue la mujer, de ripente usté me la hallaba, digo yo.

_Mujeres, es lo que tienen, sí señor.
Clemento se mandó un buche de caña y siguió:
_Por la mujer no es tanto, pero risulta que se me llevó el poncho.
Un poncho viejote, pero el crestiano pobretón suele encariñarse con sus pilchas.
Nicanuto Lereno dijo que diba a tratar, que cómo no.
Salió tranquiando, de a pie, con el caballo e tiro, hasta perderse atrás de una loma.
La fama e rastriador le pesaba.
Fama e rastriador, es asunto.
Pasó la noche tomando mate en la cocina.
Cuando venía clariando, habló pal láu del cuarto:

_¡Che Florinda!
_¿Qué?
_Agarrá tus cosas y te vas pa tu rancho.
No te olvides del ponchito.