Propaganda con la corneta desenchufada

Hombre que supo ser asunto serio pa la cuestión de hacer reclames de propaganda, un tal Remilgado Remilgo, que a la mujer la conoció en la kermese que organizó pa su beneficio el Secretario del Clú de Bochas "Las rayadas", que según se comentaba el nombre del Clú se lo pusieron en recordatorio de las mujeres del Tesorero, que tenía la propia y además salía con la del Pró, que también tenía dos, la particular de su casa y la del Cantinero, que el Cantinero solía salir con la hermana del Secretario, y ahí se cortaba la cadena porque al Secretario no le gustaban. Hombre muy escuchador de radioteatros, el Secretario, que un día la mamá se hizo un tajo en un dedo, y cuando a la semana le sacaron el vendaje, lloraba emocionado porque la madre veía.

-Usté hablaba de Remilgado Remilgo.

-A eso iba. Remilgado Remilgo supo tener monopatín pa salir de propaganda de los candidatos de lo que fueran. Un lujo de monopatín, con espejito pa mirar pa atrás, timbre a dos voces, capota pa la lluvia, y felpudo en la puerta.
-Del monopatín.
-Satamente.
Y chofer.
No, mentira, chofer nunca tuvo.
Pero en el manillar tenía dos ganchos pa colgar la lata del engrudo y la corneta, que la corneta era a electricidá, y por eso no podía dir a trabajar muy lejos porque la enchufaba en el Clú de Bochas, y apenas si tenía setecientos cuarenta y tres metros de cable, que era cable especial, resistente a la lluvia, las escarchas y la picadura de la yarará.
Que una vuelta le encargaron que fuera a gritar en la puerta del boliche El Resorte, pa convencerlos, y como el cable no le daba fue a gritar a corneta limpia, a puro pulmón y garganta pelada, y como del boliche no se asomaba nadie pa ver, dejó el monopatín tapado con una lona pa que no se lo picaran los tábanos, y fue y dentró con la corneta y se puso a gritar.

-¿Pa convencerlos de qué?
-De que salieran a escucharlo gritar. Fue cuando el tape Olmedo se le acercó y fue y le dijo, le dice:
-Vea don –le dijo-, cada cual es dueño de su cada qué, y si a usté hoy o mañana se le antoja gritar en su casa, y su mujer lo deja, usté es dueño, pero aquí somos más bien de tono bajo.Y le digo más –le dijo-: aquel que llora a los gritos, no escucha su propio llanto.
El otro quedó tan impresionado, que se fue en su monopatín, hablando con el chofer. No, mentira, chofer nunca tuvo, pero lo merecía.