Uno con chancho

Todo empezó cuando Telúrico Mojón se casó con Fermina Perilla, que se conocieron un día que a ella se le quemó un guiso, lo tiró por la ventana y justo pasaba él chiflando.
Pal casamiento les regalaron un lechón. Una precisosidad de animalito porcino, de lo mas mimoso.

Pa que no se le perdiera, el hombre lo llevaba siempre atado a un tobillo y el animalito se entretenía escuchando las espuelas.
Como estaban apurados por casarse, el hombre hizo primero el rancho y dispués el chiquero.
Cuando levantó paré lo dejó adentro pa que no fuera castigau por los vientos, porque lechón que lo agarra el viento de frente se pone mañero y no engorda.
Fue lavantando paré con chancho adentro, engordando.
Colgó las repisas, lustró el piso e ladrillos, le pintó las patas al brasero, y cuando tuvo el rancho pronto se fue a preparar el chiquero pal chancho. Le quedó tan bonito que venía gente de lejos pa verlo.

Hasta espejo le puso, por si el chancho quería coquetear.
Cuando lo fue a sacar del rancho pa mudarlo, no le pasaba por la puerta. ¡Gordazo el chancho!
Como no salía, primero lo engrasaron todito pa que patinara, dispués le pusieron talco, lo empujaron con el ropero, le pusieron una faja, pero no hubo caso.
No pasaba.
Por eso hizo venir a la gente del boliche El Resorte, pa que le dieran una mano en el problema.

Rosadito Verdoso le aconsejó que se fuera con la mujer al chiquero, que tenía espejo y dejara al chancho tranquilo en las casas, pero la mujer se negó porque la que se casa casa quiere.
Azulejo Verdoso dijo que lo mejor era hacer un boquete en la paré y que el chancho saliera, pero la mujer se negó porque romper casa nueva trae disgracia.
Un forastero que acertó pasar por el lugar opinó que lo mejor era ponerle una gorra al chancho, porque no hay nada mas salidor que chancho con gorra.
Dispués de semejante consejo le pidieron que no volviera mas por el pago.
El que dió justo en el clavo fue el tape Olmedo.
Se hizo cebar unos mates, armó un tabaquito, se sentó en la raíz de un ombú, lo llamó a Telúrico Mojón y fue y le dijo:
- Vea don Telúrico - le dijo -; cualquier abombau sabe que si el chancho no sale porque está muy gordo, lo mejor es adelgazarlo.
Hágalo adelgazar y dispués me dice.

Dicho y hecho.
Pa que adelgazara, Telúrico lo hizo correr pa todos lados al chancho.
Al principio pechaba las cosas, se tropezaba con el brasero, tiraba al suelo a las visitas, atropellaba a los pollos que dentraban a la cocina, pero a los quince días saltaba las mesas limpitas, sin tocarlas.
Daba gusto verle la silueta al porcino.
Pero al hombre se le fue la mano, y aquel chancho se puso tan flaco que en lugar de salir por la puerta se le escapó por una rendija.
Dicen que al mes lo vieron corriendo carreras con las liebres.
Y aseguran que les ganaba.