Por el vino

Asunto serio pal vino, Mamotreto Latira.
Si un día llegaba fresco a su rancho la mujer no lo conocía y los perros le ladraban.
No acostumbraba llegar.

Tomador de botella, por el pico, de tragos largos y de tanto en tanto un buche como de enjuague.
Cuando se acodaba a un mostrador, venía gente de lejos pa verlo tomar.
Si lo querían seguir, quedaba el tendal contra el mostrador y los que se aguantaban sin caer salían hablando bobadas.
Vaciaba las botellas y las tiraba pa un costado, que había que ponerle cojinillos y frazadas pa salvar los envases.
Pal lau de la puerta no tiraba nunca, porque una vez tiró y después pa dirse tuvo que salir por la ventana.

Una noche que Mamotreto le estaba dando parejito al vino, cayó un forastero grandote, de facón a la cintura y sin saludar.
El hombre se acercó al mostrador, y dispués de bajar media botella de un trago lo encaró al otro y le dijo:
- Vengo de lejos buscando a un tal Mamotreto Latira que tiene fama de tomador, pa ver si son ciertas las mentas, cosa que no creo.
Mamotreto lo miró a las vistas, le pegó un beso a la botella que le hizo temblar la etiqueta , y fue y le contestó:
- El hombre que anda buscando es un servidor, pero ha galopeado al ñudo por que Mamotreto Latira no es un hombre de andar tomando por campionatos.
Ahí afuera está el camino y me parece que lo llama. Atienda.

El forastero largó una risa que tenía encerrada desde mucho tiempo, y comentó:
- ¡Mire usté que picardía! Salir a buscar un tomador de agallas, y toparse con un cobardón.
Mamotreto se aflojó el pañuelo del cogote, armó un tabaco, y fue y le dijo:
- ¿Y usté cómo es gustoso de tomar?¿Sentado, o al pie de la vaca?
Arreglaron pa tomar contra el mostrador, sin nada pa picar, con derecho a cambiar el apoyo del codo cada cinco minutos, y de pierna a discresión.
Tres días con sus noches bajando botellas.
Se dormían los mirones y los hombres no aflojaban un tranco de pulga.
Hasta que en una se miraron y los dos se vieron dobles.
Los dos echaron mano al facón, y los otros dos también.

- El trato fue con uno solo, y usté se me vino en yunta!
- ¡ Tampoco yo le acepto pareja, y aqui está sobrando gente!
Se cruzaron los fierros, punta y hacha, tome y lleve, ataje y guarde, hasta que se hicieron una tirada a fondo y los dos que no eran cayeron envueltos en un charco de vino.
Se paró el duelo y los dos se quedaron mirando a los caídos que iban aligerando la mueca del dolor pa entrar al otro mundo serenitos, como quien dice presentables.
Se lamentaron los hombre de aquellas muertes, y montaron a caballo con intenciones de evitar la policía.
Antes de que salieran al galope rumbo al norte, alguien les alcanzó una damajuanita e vino, pal viaje.