ENAMORAMIENTO

Otro que tuvo problemas con los animales fue Triquiñuelo Fondán, si señor, estaba loco con una paloma mensajera, y como no tenía a quien mandarle mensajes la usaba para que le hiciera los mandados.

Una belleza de paloma, coqueta para caminar, pechuga redonda y de plumaje suave, con un no se qué al mover el cuello y haciendo arrullos era un embeleso escucharla; paloma de vuelo corto, porque mas bien le gustaba lucirse en el caminar, y si le decían algo al pasar escondía la cabeza abajo de un ala avergonzada.

Triquiñuelo Fondán le puso de nombre Lulú, Lulú para aquí, Lulú para allá, un día Triquiñuelo Fondán la mandó al boliche "El Resorte" con una cartita para que le trajera una caja de fóforo abajo 'el ala... y allá salió Lulú de lo más coqueta, a paso corto pero rendidor, de pechuga levantada y ojitos vivarachos, de repente en el recodo de un camino, siente que alguien le dice:
Me permite una palabra, paloma?

No quizo ni mirar quien le hablaba, responsable para los mandados lo primero que hizo fue levantar vuelo, porque además la voz que escuchó no le había gustado nada, acostumbrada a los vuelos cortos, a los pocos metros se posó otra vez para seguir caminando y otra vez la voz que le dice de atrás:
Permitmé una palabra y no sea arisca paloma.

Lulú en un solo vuelo bajito llegó hasta el café "El Resorte" y se posó en el mostrador, nerviosa, allado del Paedu Pichi, la Dubija se le arrimó, le acarició el plumaje que lo traía medio despeinado, leyó la carta con el pedido que traía en la patita y como no había caja e' fóforo para la venta la invitaron con un vinito rosado y alguna cosita pa' picar, la pechuga todavía le subía y le bajaba agitada por el susto, cuando se escuchó en la puerta la misma voz que se había escichado en el camino pero ahora más segura de si misma y prepotente: Abran cancha señores que acá está Perico Plumas Verdes dispuesto a copar el amor de esa paloma !

Perico Plumas Verdes se subió a la otra punta del mostrador se tomó un vino que estaba servido, se recostó en un queso duro, cruzó la la pata y mientras le fumaba el pucho al Tapia Olmedo comentó:
Hace tiempo que le vengoarrastrando el ala a esa paloma y que nadie se interponga en mi camino porque Perico Plumas Verdes no respeta ni pelo ni marca y no quiciera perderla.

La blanca paloma hembra al fin, que me vuelo, que no me vuelo, le hizo una caída de ojos y se quedó picando unas migas de galleta, ahí el loro se agrandó, sacó pecho, le picó un trago de vino al pardo Pichi, hizo un amague y siguió diciendo:
Donde Perico Plumas Verdes tahurea, se acabaron los tahura y que nadie se me atreva porque hoy ando de pico fácil y le puedo dejar la marca.

Ahí fue cuando el Varsino que estaba durmiendo una borrachera sobre unas bolsas de afrechiyoabrió un ojo.
Se estaba por armar lío, entonces el Tapia Olmedo se le arrimó al loro vaso de vino en una mano, pucho en el rincón izquierdo de la boca, lo miró primero y le dijo:
Vea don Perico, vamo' a ver si se sosiega y se deja de tanta compadrada, porque en cualquier momento puede volar de un sopapo.

El loro oyó y reaccionó mal, porque habiá picado unos tragos de vino y era de mala bebida y se quería lucir delante de la paloma, como todo borracho que hay delante mujeres, medio cayéndose contestó:
A Perico Plumas Verdes no hay quien le baje la cresta y menos en este boliche de femeninos cobardones, se había puesto muy provocador, pero no había terminado de hablar cuando de reojo vió una cosa como que le pasaba volando cerca de la cabeza, pensó que era algún pajarito amigo que andaba por saludarlo, pero era un higo seco con cáscara que le había tirado Rosadito Verdoso, que si lo agarra lo estampa contra la pared, fue cuando intervino la Dubija, le paró el brazo al Rosadito Verdoso que estaba tomando puntería con el higo número dos y dijo:
Un momentito señores! - Dijo la Dubija - El animalito de Dios est enamorado y nadie tiene derecho a meterse en los interiores de sus sentimientos y menos si la paloma anda coqueteando y se muestra gustosa.

Y tenía razón, así que se puso a chiflar un vals antiguo la Dubija y le hizo seña a Perico Plumas Verdes para que sacara a bailar a la paloma Lulú, Perico Plumas Verdes se le arrimó cruzando las patas de puro compadre y salieron pechuga contra pechuga bailando en la pista del mostrador que daba gusto verlos y antes de que terminara la Dubija de chiflar el vals, el loro se plantó y dijo:
Perico Plumas Verdes quiere bailar un tango y abran cancha que la llevo dormida.

La Dubija arrancó a chiflar un tangoresongón y el loro empezó con los firuletes, los cortes, las quebradas y las sentaditas, mientras Lulú se tironeaba para abajo las plumitas de las patas que se le subían cada vez que hacía un ocho, estaban en lo mejor delk tango cuando en la puerta del café se plantó Triquiñuelo Fondán el dueño de la paloma y mandó parar el tango.

Golpeó arriba del mostrador y dijo que pare la música, que aquello era una verguenza, que hacía horas que había mandado a la paloma por un mandado y que mire usté' en el libertinaje que andaba la Lulú, Perico Plumas Verdes lo quiso atropellar pero cuando vió el rebenque de triquiñuelo Fondán se aguantó, el hombre agarró la paloma, la metió dentro de una caja y se marchó con ella bajo el brazo.

A Perico Plumas Verdes se le puso pálido el plumaje, despuésw bajó la guardia, volcó el resto de un vaso de vino y se puso a tomar del charco, nadie le dijo nada por respeto, para cuando ya era de madrugada, recostado contra un queso y a esa altura mamado por unanimid', de lengua reseca y ojos vidriosos se le oyó comentar:
Ya no quedan mas guapos en el campo, que le vamos a hacer, todo se acabó