EL PINTOR
Para pintar, lo mejor es el pájaro, porque tiene costumbre de posar.

Fofeto Fulero había conocido mucho mundo porque se le habían desbocado varios caballos y una bicicleta, hasta que no quiso montar más en nada y se dedicó a la pintura. Pintura al agua usaba, que en tiempo de seca tenía que parar el arte.

Empezó pintando naturalezas muertas, pero le quedaban tan muertitas que dispués los vecinos le organizaban velorios y al final gastaba en caña y café y las tenía que enterrar.
Pintor de paleta baja, era, y eso que pintaba subido al banquito de ordeñar.
Cuando dejó de pintar naturalezas muertas, quiso pintar desnudos, pero no pudo porque todo el mundo andaba vestido. Una vuelta que oyó decir que el artista debe desnudar su alma, se la agarró una corriente de aire y casi se le queda en un chucho de frío, santita.

Nunca pudo pintar una puesta de sol, porque lo que tiene la puesta es que no se queda quieta y le va cambiando los tonos porque se le mueve la tierra, y al moverse la tierra se le mueve el caballete, y cuando acá le pegó una pincelada de amarillo allá se le hizo naranja, y del naranja se le va al violeta sin un criterio ni un respeto pa'l pobre desgraciado que está tratando de serle fiel al paisaje de la naturaleza inquieta.

Hasta que una vuelta, lo miró al perro, y le gustó pa' pintarlo.
Un perro pintado, se puede enfermar.
Se puso a pintar el perro en una tela. De modelo el perro. Como no se le quedaba quieto, porque era un cuzco juguetón y no tenía costumbre de posar, porque posar es cosa de pájaros, el perro que iba quedando pintado en la tela tampoco tenía una quietud, un sosiego. Si se mueve el modelo se mueve la pintura, así que le quedó igualito hasta en lo movedizo.
Cuando lo terminó, llevó el cuadro pa'l boliche El Resorte.

Vengo pa' ver si me lo dejan colgar dijo.
Al que habría que colgar es al autor murmuró un crítico de los que nunca faltan en cualquier especie de material a la vista.
Pa' mí opinó el tape Olmedo, a ese perro lo que le falta es cadena.
Usté le pinta cadena y le queda de mi flor.
Allí mismito el maestro le pintó collar y cadena con eslabones.
Como la cadena le quedó larga se salía del cuadro, y Rosadito Verdoso la agarró por la punta, dijo "vamos chicho", y lo sacó a pasear al perro. Lo llevó trotando hasta el chiquero de los chanchos, pa' que viera, y justo va y se larga a llover y los agarra un chaparrón.
Perro pintado al agua, en un santiamén se disolvió y no le quedó ni la cadena. Dispués, el tape Olmedo comentó:
Pa' mí, la pintura es como la papa frita. Si no es al aceite, no hay caso.