OTRO PROLOGO

Juceca es un cazador solitario
El humor, que tiene un importante lugar en el proceso histórico de la literatura, es sin embargo disfrutado por los uruguayos como género "menor". Pero a su vez, en la literatura uruguaya, el humor de cuentistas y cronistas, disperso en revistas, ha sido recogido desde los años sesenta en libros que lo han dejado fijado para los memoriosos y para las generaciones futuras.

En Serafín J. García, El Hachero, Peloduro, Mónica, la Editorial Arca --de forma pionera-- supo visualizar el fenómeno más perdurable y menos contingente de la mirada humorística sobre la realidad. Fue Arca, también, la primera en publicar Los cuentos de Don Verídico, de Julio César Castro (Juceca). Ahí ya se trataba de literatura y de poesía, aunque los relatos de ese viejo mentiroso fueron consumidos en lo instantáneo de la risa desenfrenada y siguieran quedando fuera del sistema literario "mayor".

El Centro de Difusión del Libro del Archivo General de la Nación acaba de publicar, en su colección Brazo Corto, la primera antología de Don Verídico no hecha por su autor sino por un observador y disfrutador experto. Con selección y prólogo de Héctor Manuel Vidal --quien hace unos años dirigiera a Juceca, en escena, en un unipersonal de Verídico-- Los cuentos de Don Verídico de este libro de importante formato, 249 pp., letra grande para combatir la presbicia y tapa con pintura de Denry Torres, pueden poner en circulación impresa, nuevamente, las pruebas al canto de esta poesía que no osa decir su nombre, según paráfrasis de Vidal en el prólogo.

La tradición popular no se inventa sino que se construye colectivamente. Sin embargo, Juceca ha inventado un folclore que se parece a la tradición del cuento oral de fogón, con aparecidos, disparates y exageraciones, pero sin héroes ni grandes leyendas. Un folclore de la picaresca de los pequeños y extraños seres que viven en un paraje innominado, cuyo único punto de referencia es el boliche El Resorte. En medio de la nada, con un paródico lenguaje "gauchesco", los personajes en torno al boliche El Resorte están por cumplir treinta años de existencia literaria, después de haber nacido como Atenea de la cabeza de Zeus. La paradoja de un folclore inventado es apenas la primera no ya de una serie de juegos de la imaginación delirante, sino del sello de esta literatura: la hilaridad unida a la introspección.

Como si Verídico fuera el muñeco del ventrílocuo Juceca, por su boca salen verdades en las que la característica es la coexistencia ilógica de cosas, ideas extrañas opuestas a lo que la opinión general considera verdadero, expresiones de incompatibilidad aparente. (Las anteriores son las definiciones que el Larousse da del concepto paradoja). Este emisor de verdades disparatadas está manejado por un poeta, un fabricante de sentidos.
Cesare Pavese decía que la poesía nace de la conciencia que alguien tiene de las oscuras relaciones que hay entre las cosas. De oscuridades de conductas, analogías aparentemente imposibles y un clima surreal, está hecha esta literatura donde la hilaridad y la risa frenética (es muy peligroso leer a Juceca en un ómnibus, por ejemplo) están bordadas o fileteadas por momentos de introspección que a veces pueden ocupar sólo media frase.

De la extroversión de la risa a su suspensión por efecto de la poesía viajan por el lenguaje los relatos de Don Verídico, de manera tal que la alegría súbita que proporciona la formulación absurda (un típico ejemplo es el de los nombres de sus personajes) es interceptada por un estado de repliegue o un refilón de conciencia sobre uno mismo, sobre el lenguaje, sobre una imagen o una asociación inesperada. Por ejemplo, "lo que tiene de bueno la jirafa es que de arriba ve lejos y pa ella todo demora más en irse". O "como a Bolerín nunca se le había venido un ferrocarril de frente, se quedó pensando en la cantidad de cosas que nunca le habían pasado". Y también "había un forastero que andaba buscando a un hermano mellizo que bien podía ser él por lo igualito". Y otra, maravillosa como todo el cuento que la contiene (El pichón): "Mollejón Confite supo ser asunto serio pa' la fantasía. A la mujer dos por tres la desconocía para poder conocerla de nuevo y conquistarla".

La selección de Vidal incluye una yapa de lo que se podría llamar "literatura no verídica", brevísimos cuentos melancólicos y absurdos, sostenidos por una obsesión, tranquilos en su ritmo como la prosa de Verídico, atravesados por el inconsciente literario del diálogo con la propia literatura "Siempre soñé con ser guardián del zoológico. No por guardián, sino para entrar una noche a la jaula del león y pedirle que me cuente, sin apuro", dice el autor en Diario. Las ganas de filiar la insensata poesía de este Diario revelador de sentidos puede llevarnos a Cortázar, a Felisberto Hernández, al propio Onetti, a Humberto Megget: "Me levanté con un pie dormido y el otro despierto. Están allá abajo, tan lejos, tan extraños, tan impares, tan de paso. Salí a dar una vuelta pero nadie la quiso. No es bueno entrar en detalles. No siempre se puede salir". Antes de esta yapa, y anunciándola, está El cuento perdido, diálogo de encuentros y desencuentros del lenguaje.

El sostenido éxito popular de Los cuentos de Don Verídico en semanarios, libros, radio, televisión, teatro, no parece emparejarse con una valoración crítica que lo incluya dentro del sistema literario, que establezca su peculiaridad poética y su excepción dentro del canon. Como si el humor absurdo fuera un puente de dirección única, para el consumo rápido y no para la sedimentación de una forma de ver el mundo, los cuentos de Juceca no parecen competir nunca, en la cabeza del crítico, con la "otra" literatura.
Tal vez porque Juceca es como el carro del Chaná, está fuera de concurso por excelencia probada de modo empírico.

Alicia Migdal
(El País, edicion digital, 970924)


ALGUNOS DATOS SOBRE UN CIUDADANO LIBRE DE ALGUNAS SOSPECHAS.
Julio César Castro (Juceca)

Nació y vive en Montevideo. Mide un metro ochenta y siete con bigote.
Se hizo humorista en 1959 libretando programas radiales para actores de la Comedia Nacional: Alberto Candeau, Enrique Guarnerio, Nubel Espino, Juan Manuel Tenuta, etc..
En 1962 crea su personaje “Don Verídico”. En los inicios de la década del setenta, escribe para el semanario “Marcha”, la revista “Misia Dura”, y varios diarios montevideanos. Su cuentos han sido publicados por las editoriales Arca, Calicanto e Instituto Nacional del Libro de Uruguay, y Ediciones de la flor e Imaginador de Buenos Aires.

Fue colaborador permanente de la revista literaria “Crisis”, de Buenos Aires, dirigida entonces por Eduardo Galeano, así como en las revistas “El Porteño”, “Siete Días”, “Folklore”, etc. En la revista “Guambia” de Montevideo publico distintas secciones durante 20 años.

Como autor de teatro se destaca con “La última velada” (Teatro Circular de Montevideo), “El contrabajo rosado” (Teatros Larrañaga de Buenos Aires y Arteatro de Montevideo), “Están deliberando” (Teatro Abierto, Buenos Aires ), y varias adaptaciones de sus cuentos para elencos de Uruguay y Argentina. En el vecino país, libretó para la televisión a Tato Bores, Cipe Licosky, Rudy Chernicof, Moria Casán, entre otros, y durante 25 años a Luis Landrisicina. En la sala Payro 2 de Buenos Aires, Juceca estrenó “Socorro Don Verídico”, con actuación de Nidia Telles y Juan Manuel Tenuta, con la dirección de Villanueva Cose. Por su parte la actríz Dahd Sfeir, desde hace más de 20 años incluye textos de Julio César Castro en su más exitoso unipersonal.

En calidad de actor y autor, Juceca protagonizó “El cuento perdido” en Teatro Circular de Montevideo, con dirección de Héctor Manuel Vidal, y “Cien pájaros volando” en Teatro El Galpón, con la dirección de Horacio Buscaglia. Aplaudido por la crítica y el público, continúa realizando sus espectáculos unipersonales en diversas salas de capital e interior del país.

Como dato curioso, es de señalar que vive de lo que escribe.