Neoliberal Brutón

El sopapo retumbó como trueno en la lejana tormenta

Hombre que supo ser manolarga, un tal Neoliberal Brutón, hijo del viejo Brutón, que pa' desmentir el apellido salió refinado que hasta asco daba.
Y el hijo, Neoliberal, era incapaz de irse de ninguna parte con las manos vacías.
Si por un casual le caía por las casas a tomar mate, saludaba dando la mano larga, preguntaba por la familia, cómo andan me alegro más vale así, se sentaba en un banquito bajo, y al primer descuido manoteaba un pollo de los que entraban a picotear en la cocina y se lo metía abajo del poncho sin el menor miramiento.

Lo colocaba con la cabeza abajo del sobaco, al pollo, pa' refrenarle todo intento de cacareo.
La que cacarea es la gallina.
Y la cigüeña crotoa.
Como los pollos se crían sin un control, cuando son más de cuatro, los dueños no se fijan, porque pa' pior los pollos se parecen todos de cara y pico, y no es cosa de pasar lista a cada rato pa' ver cuál falta.
Si se mueven son bravos de contar y uno se marea.
Menos mal que en invierno se duermen temprano, se aquieta, y uno tiene tiempo de fijarse antes del informativo.

Un hombre, Neoliberal, que jamás pudo jugar al fóbal porque de tan manolarga vivía cometiendo penales, y pa' pior era ambidiestro y tanto los hacía con una diestra como con la otra.
El penal que habría que tirar es el de Libertad.
Si un penal no da pena, no es penal.
Manolarga, Neoliberal, que en los velorios lo contrataban pa' cebar mate.
Sin pararse repartía el amargo y desde su banquito le llegaba hasta los más recónditos rincones de la casa mortuoria donde se sucuchaban tanto los dolientes como los invitados.

Velorio con invitados no conocía.
En cualquier momento el finadito llama a conferencia de prensa.
Lo que es moda no incomoda.
Y una vuelta va Neoliberal y cae por el boliche El Resorte, y al dar la mano se le fue (porque al manolarga se le va), y la Duvija la sintió que la rozaba con algo de atrevimiento y falta de respeto pa' la persona femenina sin previo consentimiento de parte.
Le ha pegado un sopapo, a Neoliberal, que resonó en el boliche, salió el ruido por la ventana, fue a rebotar contra los cerros, retumbó como trueno lejano, bajó por las cuchillas y los montes y fue a morir ahogado en las aguas serenas del arroyo manso.

Antes de que se despertara, Rosadito Verdoso le ató a la espalda la mano larga y lo flechó.
Después, de frente no había manera de entrarle.
Quedó de una sola mano.
Como impregnado en ella.
Azulejo Verdoso tuvo un ataque artístico y fue y le puso su firma abajo.
Se lo vendieron a un forastero, con revoque y todo, y dicen que ahora está colgado en un salón en Europa y que vale un platal.
Figura con el título de "Hombre con guitarra y bicicleta en estampado sobre revoque blanqueado a la cal".

La muchacha nueva y bonita lo esperó aquella noche y muchas más, y dejó de esperarlo cuando ya viejita lo vio en la televisión, en un programa sobre murales latinoamericanos en París. Lo que son los destinos, ¿no?